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Mer, el liberal que rompió sus reglas del juego

Con su decisión de intervenir en la malhadada Alstom, Francis Mer ha vuelto a hacer honor a sus imprevistas decisiones y su habilidad para dejar a su interlocutor boquiabierto. La nacionalización parcial y temporal del fabricante de trenes de alta velocidad supone un punto de inflexión en la política liberal del ministro de Economía y Finanzas galo, que se ha mostrado dispuesto a deshacerse cuanto antes del peso cada vez más reducido de las empresas públicas.

Pragmático para sus colaboradores y oportunista para sus enemigos, a Mer hay que encuadrarle en ese liberalismo francés que rompe las reglas cuando se trata de defender las fuerzas económicas del país. Pero, pese a la fuerte oposición a las privatizaciones, se mostró contundente cuando anunció su línea de conducta a siguir en materia de privatizaciones: 'debemos estar preparados para colocar en el mercado los activos elegidos cuando las circunstancias sean favorables'.

Así, en noviembre de 2002 el ex presidente de Usinor y todavía neófito ministro, sacaba a subasta la parte residual de Crédit Lyonnais que todavía detenía el Estado. Y esta vez también de forma inesperada, dando a los pretendientes sólo 24 horas para acceder a la entidad bancaria.

La sombra de Bruselas

Hace sólo dos semanas, el Gobierno vendía el 8,5% de Renault y la próxima del calendario será Air France, cuando la situación del mercado lo permita.

¿Por qué entonces este giro? 'Somos pragmáticos cuando hay que serlo', ha declarado. Y ésta ha debido ser, sin duda, una de tales ocasiones. De no haber intervenido, hasta el presidente del grupo, Patrick Kron, ha reconocido las 'consecuencias desastrosas', no sólo para Francia, sino para toda Europa, de su más que probable liquidación, donde la compañía emplea a 75.000 personas. Con un 31,5% del capital de Alstom, el Gobierno protagonizará una discreta participación en la gestión del constructor de paquebotes más grande de Europa, con sólo dos personas en su consejo de administración y un máximo de 'tres años' de intervencionismo.

Queda, sin embargo, una pieza clave para completar el puzle de la operación de rescate, aplaudida tanto por la izquierda como por la extrema derecha francesa, el 'sí' de Bruselas. Y es que con la Comisión Europea Francis Mer ya ha mantenido otra dura disputa, en concreto con su negativa de reducir el déficit público en un 0,5% durante 2003, y su rechazo a imponer a los franceses el rigor necesario para remontar el vuelo. Algunos meses más tarde el díscolo Mer volvió al redil para prometer hacer lo necesario a partir de 2004. Muchos sudores le ha costado también al primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, darle una sola voz al Gobierno en las cuestiones económicas.

Si Raffarin hablaba de reducción de impuestos, Mer dudaba de la eficacia de tal medida. Tras la desesperación de algunos miembros el Ejecutivo y rumores de abandono del cargo, Mer se va deshaciendo poco a poco de la reputación de mal alumno. En junio de este año, anunciaba, quizá a su pesar, 'una reducción de impuestos para el próximo año'.

Incluso en Europa ha gozado de un cierto éxito, siendo uno de los artífices de la reflexión en Bruselas sobre los criterios del Pacto de Estabilidad.