EDITORIAL

Árnica para Alstom

En pleno desarrollo de sus planes -creíbles o no- para adelgazar el sector público, el Gobierno francés se ha encontrado de frente con la crisis de Alstom. El grupo está acuciado por la deuda y la caída de pedidos por la ralentización económica general complica la situación. Ante este escenario, la reacción inmediata del Ejecutivo que dirige Chirac ha sido muy francesa: inyectar fondos públicos -unos 300 millones de euros- a cambio del 30% del grupo. El fantasma del intervencionismo parece recorrer de nuevo Europa. Sobran los ejemplos. Sin embargo, ni siquiera Gerhard Schröder se atrevió a tanto para salvar al gigante de la construcción Holzmann, a pesar de que se lo tomó como algo personal. Por eso Bruselas debe mirar a través del microscopio los efectos sobre las competencia de las ayudas decididas por el Gobierno francés.

El elefantiaco sector público galo nunca ha sido ejemplo de buena gestión. Alstom, que entre otras cosas es líder en tecnología de trenes de alta velocidad -fabricó el exitoso AVE Madrid-Sevilla- y tiene importantes intereses en España, andará ahora con muletas públicas. Es deseable que las suelte cuanto antes.