COLUMNA

Optimismo veraniego

El que quiera deprimirse llega al verano con la maleta llena de preocupaciones. Después de una guerra espectacularmente rápida y con menos víctimas de las esperadas, la posguerra de Irak está mostrando las limitaciones del poder de Estados Unidos.

Paz sangrienta era el titular de The New York Times sobre lo que está sucediendo estos meses en Irak. Después de celebrar el éxito militar, el mundo mira con preocupación la impotencia norteamericana para ordenar el futuro del país. Incluso el presente, pues todavía no hay un suministro regular de agua y electricidad.

Ese fracaso tiene consecuencias sobre la confianza, que sigue volátil: el precio del petróleo cae con la muerte de los dos hijos de Sadam, pero vuelve a subir con la muerte de nueve americanos en los días siguientes. Pero también el fracaso es consecuencia de la fragilidad del Presupuesto americano que con un déficit en el entorno del 4% impide dedicar más fondos a la reconstrucción de Irak.

En el caso de España, el que quiera deprimirse no tiene más que mirar cómo el crédito hipotecario ha ido aumentando su ritmo a medida que avanzaba el año. El propio Ministerio de Fomento esta misma semana informaba sobre espectaculares aumentos de precios de la vivienda nueva en nuestro país.

O sea, los desequilibrios no sólo no se reducen, sino que aumentan.

Pero el verano, para disfrutarlo, requiere que nos fijemos en los aspectos más optimistas del futuro y, por eso, me permito sugerir que nos vayamos de vacaciones pensando en lo siguiente:

Esta vez es muy alta la probabilidad de que la recuperación venga efectivamente a finales de este año, porque nunca se habían aplicado a la vez unas dosis tan intensas de política monetaria y fiscal expansiva.

La inflación está en unos niveles muy bajos, por lo que es muy probable que los bancos centrales dejen transcurrir la recuperación durante más tiempo del que ha sido habitual en otras recuperaciones.

Si el panorama de Irak no es muy alentador, el de la solución al conflicto palestino está evolucionando, dentro de enormes dificultades, muy satisfactoriamente y, si continúa en la misma línea, puede ayudar a mejorar la imagen de Estados Unidos en todo el mundo.

Los últimos indicadores de confianza de Alemania permiten pensar que la recuperación no se va a quedar reducida a Estados Unidos, sino que puede llegar a Europa y. en consecuencia , podremos disfrutar de sus efectos en España.

En cuanto a los problemas que atañen a los españoles, aunque es verdad que los desequilibrios siguen aumentando, también es verdad que desequilibrios como el de la balanza de pagos que tradicionalmente era un impedimento para nuestro crecimiento, una vez que estamos dentro del euro han dejado de crearnos problemas.

Igualmente, la forma de recuperación internacional que se avecina, en la medida en que, previsiblemente, no traerá rápidamente aumentos de los tipos de interés, retrasará los problemas que algún día tendremos como consecuencia del endeudamiento acumulado por las familias españolas.

Finalmente, para no perjudicar esta visión optimista aconsejo no mirar más allá de uno o dos años porque tanto los desequilibrios norteamericanos -déficit público, déficit exterior- como los propios españoles -débil productividad, pérdida de competitividad- podrían fastidiarnos esta visión rosa que necesitan los que quieran pasar un feliz verano.