COLUMNA

A vueltas con el Pacto

El viaje de Giscard d'Estaing a Roma para entregar solemnemente a Berlusconi el texto del proyecto de Constitución europea coincide con el 370 aniversario del juicio a Galileo por la Inquisición y su famoso 'Eppur si muove...' que ha quedado en la historia como el símbolo de la lucha de la razón contra el dogma.

La referencia viene a cuento por el debate casi heliocéntrico en torno a los criterios de déficit público del Pacto de Estabilidad y por las circunstancias geopolíticas que incitan a murmurar 'Eppur Europa...'. Pues sí, Europa a pesar de todo. A pesar de las divisiones producidas en torno a la guerra de Irak, de las dificultades de la ampliación y de su difícil coyuntura económica. El pasado verano uno de los fabricantes de paradigmas del Pentágono, R. Kagan, menospreciaba a Europa por su debilidad y la asimilaba a Venus frente al Marte norteamericano. Pero ahora los neoconservadores advierten del peligro que para la nueva Roma podría representar una Europa 'superpotencia' cuya emergencia hay que evitar.

Aunque Europa esté lejos de servir de contrapeso a la potencia americana, o ni siquiera de quererlo, la Administración Bush puede empezar a darse cuenta de que su dominación global tiene un coste insoportable y que sería mejor compartir las responsabilidades de la 'gobernanza' mundial con otros que sólo pueden ser los europeos. A pesar de haber conseguido matar a los hijos del malo, como en un buen western, el Ejército americano se enfrenta a una creciente guerrilla en un país profundamente desestabilizado. La ocupación le cuesta al contribuyente americano 4.000 millones de dólares al mes, el doble de lo que se estimaba en abril. Al ritmo actual, si la ocupación durase los cuatro años que estimaba el general T. Franks, la factura sería de 200.000 millones de dólares. Y habría que añadir el coste que soportan los británicos.

Alemania y Francia deberían cortar gastos y subir impuestos para evitar sanciones por déficit excesivo. Pero es lo contrario que necesitan sus economías

Pero no se trata sólo de ocupar, sino de reconstruir un país, es decir, sus infraestructuras y su actividad económica. El Plan Marshall, que sacó a Europa de las ruinas de su última gran guerra civil, aportó 2.000 dólares por cada ciudadano de los países beneficiados durante cuatro años. Un plan de análogas dimensiones para Irak costaría 50.000 millones de dólares. Demasiado para la desfalleciente capacidad petrolera del país, al menos a corto plazo.

No es sólo Irak lo que cuenta. La presencia militar americana en Afganistán les cuesta 1.000 millones de dólares mensuales para mantener un Gobierno títere que no controla nada más allá de la capital. Les reclaman en Liberia y en una África destruida por el sida y las guerras tribales.

La Pax Americana puede ser demasiado cara. Por eso no es de extrañar que el Rumsfeld que menospreciaba a la vieja Europa diga ante el Senado americano que no estaría mal que alemanes y franceses echaran una mano.

Ello requeriría nuevas resoluciones de la ONU y muchos cambios de actitud. Pero, además, tampoco las finanzas de los países europeos están para muchas alegrías. En los dos primeros trimestres de 2003 la zona euro está en crecimiento cero y el conjunto de la UE en un 0,1%. Lo más preocupante es la situación de Alemania que con un -0,2% es un peso muerto para la economía europea.

No es de extrañar que el Pacto de Estabilidad esté en permanente discusión y todos traten de aplicar a la chita callando políticas fiscales expansionistas mientras aseguran querer cumplir 'en lo posible' el 'espíritu' de un pacto que nadie se atreve a modificar abiertamente. No hay fecha para el objetivo de déficit cero proclamado en Barcelona, pero la cifra mágica del 3 % se mantiene, contra toda realidad, como si del dogma aristotélico de la Tierra como centro del universo se tratara. Muchas cosas han cambiado desde que en Amsterdam hace seis años se rebautizara el Pacto de Estabilidad con el añadido 'y de crecimiento'. Se creía entonces, con razón, que el futuro euro necesitaría un sistema de control presupuestario para que fuera tan fuerte como había sido el marco.

Pero hace 18 meses que el euro se revaloriza con respecto al dólar en medio de un creciente deterioro de los déficit públicos, mientras todo el mundo contribuye a la confusión creada en torno a la vigencia, la flexibilización, la interpretación realista, la letra y el espíritu de un pacto que empieza a jugar, en palabras del nobel Stiglitz, el papel de un desestabilizador automático. La comisaria Loyola nos advierte que la falta de grandes infraestructuras de transporte le cuesta a Europa medio punto de crecimiento al año. Pero ¿cómo financiarlas? Alemania y Francia deberían cortar sus gastos y subir sus impuestos para evitar las sanciones por déficit excesivo. Pero sería lo contrario de lo que sus economías necesitan, y no lo van a hacer.

Los dogmas eran más difíciles de superar en tiempos de Galileo, pero todavía hoy tienen la piel dura. Murmurar 'eppur si muove' será de poco consuelo para los trabajadores que van a engrosar la lista de parados en Europa por unas normas mal adaptadas a la realidad.