TRIBUNA

Todo es '.es'

Hay frases que tienen una vida más o menos limitada y resisten en nuestras pupilas o nuestros tímpanos apenas un instante. Hay otras que pueden llegar a mantenerse meses. El efecto Axe, el efecto Google y la Operación triunfo serán compañeros de viaje por algún tiempo. Y, finalmente, existen eslóganes que convivirán con nosotros toda una vida o que podrían acompañarnos en la próxima resurrección, como Spain is different. Aquel término acuñado por los anglosajones para flagelarnos sigue teniendo una vigencia tan sólida como despreciable. Seguimos dando motivos sobrados para que nos consideren distintos. Y no precisamente por destacar entre los más inteligentes, innovadores, productivos, eficientes o racionales.

Sí es cierto que por estos lares se inventó el precursor del tren de alta velocidad, el Talgo, que el señor Isaac Peral fue artífice de algo parecido a un submarino y que De la Cierva llamó autogiro a lo que luego sería un helicóptero. Pero no son más que excepciones que confirman la regla.

Lo mismo pretendía ser el plan de fomento de la sociedad de la información España.es 2004-2005, con el que este Gobierno presidido por padres con hijos que en lugar de twingos conducen porsches (ellos se lo pierden: starmedia.autocity.com/reportajes/amor/?cod=1583) deseaba extender el uso de las nuevas tecnologías en las actividades cotidianas de los ciudadanos gastándose la friolera de 1.029 millones de euros en dos años. Pero la Asociación de Usuarios de Internet (AUI) ya ha dejado claro que es un proyecto 'de difícil digestión' y que 'reedita errores' de su antecesor, el Info XXI, de funesto recuerdo.

Contrariamente a lo defendido por el ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, la AUI considera que el plan suscita desconfianza entre los internautas y se olvida de las personas que todavía no usan la Red. La asociación ha observado que el plan no contempla ayudas para comprar ordenadores y que da prioridad a los contenidos y a la Administración electrónica, lo que sólo beneficia 'a los que ya son usuarios'. Que, por cierto, son muy pocos: el 36,3% de las pymes españolas no emplea en su trabajo diario Internet ni correo electrónico, según un estudio reciente.

Las empresas que más lo utilizan son las energéticas (95,5%), seguidas por las metalúrgicas y de construcción de maquinaria (88,9%); papeleras, editoras y de artes gráficas (86,7%); inmobiliarias, de alquiler y de servicios empresariales (83,7%), y las intermediarias financieras (80%). Y todo ello le obliga a uno a sentirse compañero del metal y a comprobar que el motor innovador sigue estando en el mismo sitio que hace décadas.

Podríamos seguir hablando de cuestiones como el trastoque del sistema de dominios .es, que apenas ha comenzado a generar polémica y problemas y para el que habrá tiempo este verano de analizar errores en profundidad. O del hecho de que nos mostremos como modernos en la implantación de la sociedad de la información y tenga la Comisión Europea que iniciar procedimientos de infracción contra nosotros para que concluyamos la fase de transposición de la directiva de derechos de autor.

Esta semana, investigadores australianos de la Universidad de Monash (www.monash.edu.au) han presentado un software que permitirá al usuario entrar en el sistema de un ordenador mediante la risa. Puede que estuvieran pensando en nosotros... O que todo sea .es.

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