España eleva su desequilibrio inversor pese a triplicar la presencia exterior
Diez años dan para mucho en la historia económica global de un país y también en la evolución de sus flujos financieros. En el caso de España, el paso del tiempo ha llevado consigo cambios trascendentales, pero combinados a la vez con rigideces importantes, como avisa el Banco de España en un estudio que acaba de elaborar sobre las inversiones del país y su apertura financiera. Entre lo que no ha cambiado destaca la posición inversora neta del país. A comienzos de los noventa la economía española se caracterizaba por una crónica necesidad de financiación frente al exterior. Era mucho más el volumen de fondos que entraba que el que salía del país.
Diez años más tarde, superada la adhesión a la Unión Europea (entonces CEE) y culminado el proceso de unión monetaria, todo sigue igual. Incluso ha empeorado esta posición. El saldo deudor neto ha ido oscilando en torno al 20% del PIB; desde el 17% de 1992, a algo más del 22% de finales de 2002. Ello significa el mantenimiento de un desequilibrio financiero, que amenaza con hacerse crónico, y equivalente al de toda una superpotencia económica como Estados Unidos (22,9% del PIB en 2002).
La posición neta (activos menos pasivos) deudora española frente al resto del mundo supera con creces la media de la zona euro, que se encuentra en torno al 2,2% del PIB. Algunos países comunitarios han aprovechado los últimos años para reducir su desequilibrio. Es el caso de Italia, que ha pasado de una posición deudora a otra acreedora. El ejemplo contrario, es Holanda, que ha pasado de un saldo acreedor del 18% del PIB en 1992 a otro deudor que supera el 10%, el pasado año. En este caso, la evolución obedece a otro tipo de razones, ligadas con la normativa fiscal. Y es que un buen número de instituciones y particulares han utilizado a empresas holandesas o entidades instrumentales para realizar inversiones, provocando un cambio brusco en el saldo financiero del país, que no refleja la tradicional posición acreedora de Holanda.
En el caso de Alemania, la posición acreedora se ha mantenido, aunque se ha ido reduciendo en los últimos años.
Apertura financiera
Volviendo a España, lo que sí ha cambiado sobremanera es su grado de apertura financiera, que ha ido al hilo de los procesos de globalización y de desarrollo de los mercados internacionales.
España se ha convertido en un país que invierte de forma significativa en el exterior. En 1992 el valor de sus activos exteriores equivalía al 30,8% del PIB. En 2002 era un 104,2% del PIB, más de tres veces más. La inversión ha ido a parar no sólo a los países de la zona euro, sino también a través de activos de inversión directa hacia otras zonas, especialmente Latinoamérica. Un ejemplo: sólo en Argentina las empresas españolas han invertido 43.000 millones de dólares desde el inicio de los noventa. Eso sí, en los dos últimos años, han tenido que afrontar provisiones muy fuertes debido a la crisis económica que vive el país.
Por otro lado, los sectores residentes han aumentado también sus pasivos exteriores (desde el 48,4% hasta el 127% del PIB), lo que ha permitido financiar estas inversiones, así como el déficit corriente. A la vez que se ha producido un crecimiento extraordinario de los activos y pasivos financieros españoles, también se ha dado una profunda transformación en su composición, tanto sectorial como por instrumentos financieros. Los llamados 'otros sectores residentes' (incluyen empresas y particulares) han pasado de ser los menor peso en el total de activos exteriores a tener la mayor participación, en detrimento de las instituciones financieras monetarias. Respecto a la composición, han ganado peso las inversiones directas y las de cartera, convergiendo sus porcentajes hacia los baremos europeos.
La coyuntura y las ventajas fiscales marcan la pauta
¿Qué es lo que lleva a un país a mantener por años consecutivos un saldo neto negativo frente al exterior como ocurre con España?La realidad demuestra que la coyuntura económica y las ventajas tributarias marcan la pauta de los flujos inversores. En los dos últimos años éstos han caído significativamente, desde los 48.000 millones de euros en inversión española en el exterior registrada en 2000. En el ojo del huracán, la elevada incertidumbre económica reinante, que ha frenado sobre todo las inversiones directas. En el primer trimestre de 2003, se ha registrado, incluso, un desplome de las mismas. La inversiones españolas directas en el exterior alcanzaron sólo 26,6 millones de euros, frente a los 2.929 millones invertidos en el primer trimestre de 2002, También cayeron, aunque en menor medida, las inversiones extranjeras en España, que pasaron de 6.800 a 4.498 millones. Eso sí, aumentaron las inversiones españolas de cartera, que prácticamente se duplican y alcanzan los 20.842 millones de euros.La normativa tributaria y empresarial también influye en los flujos. En 2002, la inversión neta en el exterior de las empresas españolas cayó un 28,2%, afectada, sobre todo, por el repliegue de las operaciones a través de sociedades holding (las llamadas entidades de tenencia de valores extranjeros), que cayeron el 34,2%. Estas empresas se habían convertido en los últimos cuatro años en el motor de la entrada del capital extranjero en España, después de que la Ley de Acompañamiento de 1997 les concediera importantes incentivos fiscales.