TRIBUNA

Visión estratégica y la decisión de no renovar a Del Bosque

Los entrenadores de fútbol, como los productos, tienen su ciclo de vida. Cualquier producto pasa por cuatro etapas. Una primera de nacimiento, otra de crecimiento, una tercera de madurez y, finalmente, una cuarta de declive. Esas etapas no son uniformes, sino que varían de unos productos a otros.

Hay algunos que duran dos días en el mercado: salen a la venta, se produce una gran demanda y, finalmente, desaparecen. Hay otros productos que perviven durante más tiempo; pero todos, antes o después, si bien no desaparecen, acaban en una fase de agotamiento. Algo parecido ocurre con los entrenadores de conjuntos deportivos; su estancia en un equipo se prolonga más o menos, pero al final todos tienen el mismo sino.

No hay entrenador que haya resistido de por vida en un mismo club. Y es normal... y hasta bueno. El cansancio, la presión, el acomodo, la falta de motivación, la incomprensión, el agotamiento, el malestar que acaban mostrando algunos jugadores son factores que acaban por hacer mella en la plantilla y consecuentemente en los resultados. Es entonces cuando se buscan soluciones que permitan poner la casa en orden.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, sin embargo, ha querido dar un paso más allá. Ha tratado de anticiparse a lo que había de venir. Gran parte del éxito en la dirección de empresas pasa por tener visión de futuro. La visión estratégica es una mezcla de intuición, experiencia, estudio, sensibilidad y otras cosas que no son fácilmente apreciables para el común de los mortales.

La diferencia que ha demostrado el presidente del Real Madrid frente a la mayoría de sus colegas es que no ha esperado a que las cosas empiecen a ir mal para ponerles fin; en lugar de esto ha optado por adelantarse a la posible merma de los resultados antes de que se produzcan.

Florentino Pérez toma sus decisiones forzando las circunstancias y no espera que sean las circunstancias las que le fuercen a él. La cuestión es anticiparse. Tener la destreza para antes de que ocurra el mal poner los medios para evitarlo. Prevenir y no curar. Es un visionario, y como tal un incomprendido.

Con su decisión, probablemente se haya ganado la enemistad de muchos: jugadores, periodistas, aficionados... Desde su puesto está sometido al duro escrutinio de la crítica, pero como visionario no le importa. Cuando uno ocupa puestos de responsabilidad, haga lo que haga le van a criticar; y si no se hace nada, también, precisamente por eso, por no hacer nada.

Hay que estar por encima de esas cuestiones, y es lo que ha hecho el dirigente del club blanco. Tomar decisiones fáciles lo hace cualquiera, lo contrario es más complicado. Ha sabido dejar las pasiones a un lado. No ha tenido apego a lo más cómodo -que continuase el entrenador en el banquillo blanco-, que hubiera sido lo más fácil.

Se ha alejado de la pasión y los sentimientos colectivos y ha hecho lo que creía que tenía que hacer a sabiendas de lo que se le venía encima. Cuando lo fácil hubiese sido mantener al entrenador en el banquillo la próxima temporada, él ha dispuesto todo lo contrario, a contracorriente.

Nunca sabremos qué hubiera pasado si Vicente del Bosque hubiera continuado en su puesto de primer entrenador del Real Madrid. La realidad es única y caprichosa.

Lo que sí parece es tratarse de una decisión con personalidad directiva, valiente y coherente con el planteamiento estratégico -que es lo más importante en el mundo de la empresa- que persigue el Real Madrid: hacer de este club una marca universal en todos los sentidos.

Que Del Bosque ha cumplido su papel nadie lo pone en duda, y su premio ha tenido a lo largo de estas temporadas. Pero no hay que apurar la copa hasta la última gota. Ha acabado una época y ahora toca empezar otra.

Sólo queda desearle lo mejor al bueno de Don Vicente del Bosque y dar la enhorabuena a los madridistas por su vigésimo novena Liga.