Precios

La competitividad de las exportaciones ha empeorado un 7,8% desde 2001

Los precios de un par de zapatos españoles, de una prenda de punto o de un vino de Rioja han subido entre enero de 2001 y marzo de este año, como media, un 7,8% más que los de sus competidores directos en los países de la OCDE, el club de los 30 países mas industrializados del mundo.

Un encarecimiento que, en términos estadísticos, se traduce en una pérdida de competitividad equivalente, que se eleva hasta el 17,9% en aquellos Estados miembros de la OCDE no integrados en la zona euro entre los que se encuentran mercados tan importantes para España como el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá o Japón.

El crecimiento de nuestro diferencial de inflación con la media de estos países, por el peor comportamiento de los precios interiores españoles, es responsable de casi la totalidad de este deterioro durante los últimos dos años. Sin embargo, en el primer trimestre de 2003, el efecto inflación ha sido sobrepasado por la revalorización del euro, especialmente frente al dólar estadounidense, hasta el punto de que el empeoramiento de la competitividad es atribuible al tipo de cambio en dos terceras partes y en una a la evolución de los precios interiores.

En los mercados de la UE, destino del 62% de nuestras exportaciones y donde no cuenta el efecto del tipo de cambio, la pérdida de competitividad de los productos españoles en los últimos 27 meses ha sido del 3,9%, cifra similar al aumento de nuestro diferencial de inflación con la media de los Doce.

Productos de consumo

Aunque es cierto que la competitividad en precio es sólo una parte de la competitividad real, en la que intervienen además factores como la calidad, el diseño o el servicio, entre otros; también es cierto que muchos sectores manufactureros especializados en productos de consumo, como el calzado, la confección o la alimentación, tienen todavía en el precio la parte fundamental de su posición competitiva en los mercados internacionales.

Esta realidad se acusa de forma especial en aquellos mercados de exportación no tradicionales, donde la imagen país de España no existe o está relacionada con estándares de calidad sensiblemente inferiores a los de nuestros competidores europeos, fundamentalmente Italia y Francia.

En esta línea, la última encuesta sobre competitividad de la empresas española, realizada por las Cámaras de Comercio durante el primer trimestre de este año, muestra como una mayoría de empresarios españoles, el 63%, considera que las políticas macroeconómicas de estabilidad, entre las que se encuentra el control de la inflación, es uno de los factores esenciales para garantizar su competitividad, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

En sentido contrario, la preocupación por el tipo de cambio está empezando a perder peso entre las preocupaciones de los empresarios como demuestra el que, en esa misma encuesta, el 59,9% de los encuestados opinaba que un euro fuerte tendrá efectos positivos para la competitividad de sus empresas, frente a sólo un 5,8% que consideraba perjudicial la revalorización de la divisa europea.