Lealtad, 1

Las burbujas de la política monetaria

Al Banco Central Europeo le tiemblan las piernas, le atronan los oídos y se le encoge el estómago, puro nerviosismo. La presión sube de tono cuando se acerca, como siempre, el jueves previsto para intercambiar opiniones de política monetaria y, si procede, actuar en la dirección de los tipos de interés, que ahora es a la baja, o mejor a la deriva.

A la máxima autoridad monetaria europea se le complican las cosas, porque la economía de la zona euro es más compleja, casi un mosaico, que la anglosajona, extendida ésta tanto a Estados Unidos como al Reino Unido. En la zona euro hay distintos ritmos de evolución económica y también diferentes arcos inflacionistas, que, como paradoja, conviven con una situación deflacionista en Alemania, otrora el motor brioso del área.

Sucede, además, que la mayor presión en calidad y en cantidad del recorte procede de los grandes bancos de inversión anglosajones. Malo es, así, que éstos dirijan los pasos del BCE, malo que no reparen en las circunstancias y condiciones de la economía europea y malo, asimismo, que no asuman que la política monetaria como dinamizador de la economía murió hace mucho tiempo y que sólo ha servido para construir dos enormes burbujas, la de los bonos y la inmobiliaria.

¿Por qué presionan los grandes bancos de inversión? Porque son los mayores poseedores de bonos públicos del mundo y, por derivación, los especuladores más avezados. El bono, en fin, se ha convertido en el instrumento preferido para ganar puntos en los balances que les niegan otros mercados.

Dicen los clásicos que la caída de los tipos de interés alivia el endeudamiento de las empresas y familias, pero se olvida que la Reserva Federal los ha bajado 12 veces seguidas y no ha logrado nada, y que en Japón los tipos están a cero y la economía no tira. En Europa el margen de maniobra es reducido, muy escaso.