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Columna
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A Internet le falta su modelo de negocio

Aunque no haya sido la solución para todos nuestros problemas, como prometieron sus propagandistas de los días de euforia, Internet sí que ha dejado de ser un moda para unos pocos y ha pasado a convertirse en una herramienta popular que está propiciando un profundo cambio social, cada día más consolidado y sin marcha atrás, como avalan los miles de usuarios que, hora tras hora, se añaden a los millones que ya lo utilizan. Internet está llamada a ser la tecnología que ha tenido más impacto en la historia de la humanidad.

Cuando Watt y Bulton inventaron la máquina de vapor a finales del siglo XVIII nadie predijo que ese descubrimiento sentaba las bases de la sociedad capitalista. Ahora, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación lo cambian todo, aunque todavía no sepamos bien qué y cómo cambia ni a qué ritmo lo hace.

Con las nuevas tecnologías y con la globalización mundial se están cimentando las bases de un nuevo modelo social y de un nuevo modelo empresarial. Hay negocios que antes no eran viables y que hoy son posibles gracias a Internet, y negocios tradicionales que se gestionan con él de modo distinto y más eficiente.

El error fue pensar que Internet iba a transformar por completo el mundo de los negocios y en muy poco tiempo. Todo fueron maximalismos, pero hoy sus aguas ya están empezando a ser encauzadas y tres años después de que la que se llamó la nueva economía alcanzase su clímax bursátil y protagonizase una de las crisis más espectaculares de la historia de los mercados de valores mundiales, las acciones de Internet salen del ostracismo y vuelven a estar en el punto de mira de muchos inversores.

Al tiempo, algunas de las empresas más conocidas del mundo puntocom aumentan con fuerza su facturación y empiezan a ganar dinero de verdad y de manera recurrente, lo que les permite que en sus comunicados el énfasis se ponga en la palabra beneficios y se deje para un segundo plano conceptos como el Ebitda, que hasta ahora han venido maquillando la incapacidad de esas empresas para repartir un dividendo entre sus accionistas.

La tinta roja está desapareciendo del mundo de Internet, después de un drástico ajuste de costes y del reposicionamiento de muchas empresa hacia lo que quieren sus clientes y no hacia lo que deseaban sus promotores.

Hoy casi el 90% de las empresas listadas en el índice TheStreet.com Internet presentan ya beneficios y éstos se consolidan en nombres míticos de la Red, como Ebay o Yahoo, confirmando así que los que han conseguido cruzar el desierto parece que se acercan al oasis.

Que el oasis no vuelva a convertirse en un espejismo es uno de los objetivos de la segunda etapa de Internet que ahora comienza, y mal empezamos si algunos analistas, a la vista de que empresas de renombre obtienen ya beneficios y, sobre todo, de que entran en la senda de un incremento regular de sus ingresos, empiezan a vaticinar para ellas un nuevo boom bursátil cuando muchas acciones de Internet tienen todavía un PER, la ratio que relaciona el precio pagado por ellas con el beneficio que generan, que no baja de 60. Por algo el hombre es el único que tropieza dos veces en la misma piedra.

La convergencia de la informática, las comunicaciones y las nuevas tecnologías, el nuevo mundo de Internet, está revolucionando la forma de gestionar los negocios. æpermil;stos empiezan a desarrollarse en un marco en evolución continua, todavía no consolidado y en el que, curiosamente, son las propias empresas puntocom las impulsoras de ese cambio, las que tienen menos claro su destino.

De Internet se ha podido decir que más que un nuevo sector económico es una forma de crear riqueza en todos los sectores económicos, pero también es un conjunto de empresas que alientan el desarrollo de la Red, su mercado y que han de obtener beneficios para subsistir.

En esta segunda etapa sus empresarios se han profesionalizado, pero carecen de un modelo de negocio propio o sólo cuentan con modelos parciales en áreas donde empieza a implantarse con éxito, como los viajes o las subastas.

Todavía habrá que transitar tres o cuatro años por el desierto antes de alcanzar el oasis, lo que sucederá cuando las empresas puntocom tengan un modelo de negocio que les permita ser mayoritariamente rentables e integrar un verdadero sector económico. Es el reto al que hay que dar respuesta en la segunda etapa de Internet.

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