Lealtad, 1

A propósito del factor político

La globalización nos ha enseñado, entre otras cosas, que la política es un elemento cada vez más localizado y con influencia poco perceptible en los mercados. Sólo colores demasiado intensos pueden provocar desviaciones fuera del concepto global, pero más por miedo a que un país determinado rompa las reglas de juego que por la bandera ganadora. La globalización, en definitiva, hace que los márgenes de maniobra sean escasos en términos económicos.

Se explica, así, que las contiendas electorales tengan para los mercados más capitalizados grandes dosis de humor y análisis malintencionados que un discurso sobre el que proyectar tendencias ciertas. En las elecciones del domingo, por ejemplo, la atención estaba centrada en el voto de castigo al partido que está en el poder después de las críticas a su posición en la invasión a Irak y el hundimiento trágico del Prestige.

Sólo algunos contertulios adivinaron en los primeros compases operativos de ayer una entrada de dinero en el mercado español, que no existió, por el buen estado de forma del partido que gobierna. La adivinación fue una falacia de las muchas que brinda el espectáculo político, porque el mercado español siguió la estela de sus homólogos europeos sin que las elecciones comportaran entradas específicas de dinero.

El despertar a las elecciones del domingo nos sugiere, empero, otro asunto. El de la victoria total, ese canto a la satisfacción. El convencimiento de que se ha ganado un duro pulso. Todos han ganado, se dijo ayer en una canción repetida de manera machacona, hasta empalagar.

En la Bolsa actual sucede lo mismo. Todos se sienten vencedores, los alcistas porque la Bolsa no baja; los bajistas, porque los índices no suben con fuerza, y los escépticos, porque los márgenes de fluctuación son cada ve más estrechos. La Historia demuestra, no obstante, que siempre hay alguien que gana la batalla, que hay vencedores y vencidos.