COLUMNA

Vuelve la política

Afortunadamente vuelve la política. Creo que ha sido lo más llamativo de la campaña electoral. Los españoles han recuperado el interés por la política. La campaña ha sido apasionante y en ocasiones ruda. Los partidos se han vaciado para intentar convencer a los electores de la bondad de sus argumentos y de la valía de sus candidatos. Además, la campaña electoral representaba un nuevo dilema para los electores: el principio del fin del ciclo del Gobierno popular o el comienzo de una nueva alternativa socialista.

He participado en muchos actos y mítines durante la campaña, y dos cuestiones que me han llamado la atención: la importancia de los Gobiernos autonómicos y el vigor del municipalismo.

Siendo un habitual del Congreso de los Diputados he descubierto también un aspecto muy llamativo de la vida política española: Madrid no siempre explica lo que pasa en el resto del país. Quiero decir que una cosa son los debates que tenemos en Madrid, y otra cómo se vive y se respira la política en nuestras autonomías y ayuntamientos.

Definitivamente, España es muy diversa y las autonomías representan un poder y ejercicio de gobierno de primera magnitud. No se trata sólo del ejercicio de unas competencias cada vez más significativas para la vida de los ciudadanos. Es más profundo: un sentimiento favorable a tener una identidad propia. Lo sabíamos de las autonomías que son también nacionalidades. Lo que me ha sorprendido es que en aquellas comunidades que se fueron constituyendo por la vía lenta se ha fraguado un sentimiento profundo hacia lo que representa su comunidad. La gente ya sabe que muchas cuestiones que afectan a su vida de ciudadano tienen referencia en su Gobierno regional.

Lo que más gratamente me ha sorprendido es la importancia que tienen los ayuntamientos para los ciudadanos: la proximidad, cuando se habla de política en España, se llama municipio. La gente vive con sus problemas cotidianos y éstos los resuelven el alcalde y los concejales. Tengo la impresión de que el municipalismo va a ganar en fuerza y representatividad en el futuro de la política española. Los españoles son ya electores sofisticados, incluso en las áreas rurales, y su demanda creciente de resolver sus problemas allí donde viven me parece imparable.

En las grandes ciudades este sentimiento era bien conocido, lo que no me imaginaba es que pasa exactamente igual en las vastas áreas rurales a poco que el ayuntamiento represente a unos miles de personas. La modernización definitiva de España va a depender, en gran parte, del trabajo que se haga en los municipios. Es increíble cómo los esfuerzos combinados de ayuntamientos y autonomías, si se concretan, supondrán una respuesta a los desafíos de la sociedad de información. He podido comprobar, también en zonas rurales, el esfuerzo que se pretende realizar en el ámbito de las nuevas tecnologías. Las autonomías y los ayuntamientos están supliendo el fracaso de los planes del Gobierno en esta materia.

Tener una cura de humildad de vez en cuando es bastante higiénico. A mí me ha pasado al descubrir que nuestra vida endogámica de diputado no siempre interesa a los ciudadanos. La política española no empieza y termina en los circuitos políticos y mediáticos de Madrid. A veces pensamos que todo se explica en la importancia de nuestros debates en las Cortes o en la voracidad de las tertulias. Pues no, no es así, o mejor, no es completamente así. Cuando hablas con los ciudadanos te das cuenta de que tienen criterio propio sobre lo que acontece y que son capaces de juzgar lo que pasa con un notable sentido común. Sí, la democracia española tiene un componente de ciudadanía muy asentado capaz de dilucidar qué es trascendente o no en la política española.

El debate político ha vuelto a la escena española. Cuando esto pasa es que los ciudadanos han presentido que algo importante está sucediendo o va suceder.