Ibex 35

Las Bolsas vuelven a los fundamentos tras la liturgia de los resultados

Uno de los mejores estrategas bursátiles de los últimos tiempos contaba a sus clientes hace unos días que en los mercados pueden más las sensaciones, la psicología del inversor y su estado de ánimo que los propios fundamentos. O lo que es lo mismo, que las empresas que cotizan y la actividad que desarrollan son la inmejorable excusa para comprar y vender, pero no la razón principal.

Keynes ya advirtió algo similar hace muchos años cuando dijo que el problema de las Bolsas no es que estén caras o baratas, sino que los participantes consideren que lo están. 'Yo puedo entender que una acción está barata, pero eso no es suficiente. Para que mi apuesta no falle, es necesario que el resto de los inversores consideren que está barata', dijo en cierta ocasión el economista a propósito de una inversión desafortunada (tuvo muchas) en la Bolsa.

En la coyuntura actual el debate se centra en el estado de ánimo de los inversores. El final de la guerra en Irak no ha significado esa mejora pregonada por el corifeo de políticos, pero los telepredicadores han sido capaces de cambiar el sesgo, entre otras cosas, porque las Bolsas les han dado la razón al instante. No hay quien pueda con la propaganda alcista, es el mejor método para que los mercados suban más.

Terminada la liturgia de presentación de resultados en Wall Street, los alcistas recalcan la mejora respecto a las previsiones. El esfuerzo que han realizado en las últimas semanas los hedge fund para llevar a su terreno a los inversores finales no ha resultado, de este modo, baldío. En cualquier caso serán ellos, otra vez, los que tendrán que librar la batalla entre sí cuando se busque pasar el testigo al siguiente corredor y que en ese proceso la llama no se apague.

Quienes pregonaban una vuelta a los fundamentales tras el cierre de los resultados trimestrales han vuelto a equivocarse. En el eufórico abril, el mejor mes para las Bolsas en mucho tiempo, la coyuntura económica, las pésimas referencias económicas pasaron inadvertidas, porque los amos de la Bolsa, los fondos de alto riesgo, estaban entretenidos en otras cosas. En lo que va de mayo el discurso es el mismo.

En las últimas semanas, en fin, se han aunado esfuerzos para plantear un futuro mejor. Por eso las cifras económicas no pesan en las cotizaciones. Poco a poco los inversores comienzan a moverse en un mercado menos tenso, porque aumenta el número de alcistas entre los participantes en el mercado. Los grandes estrategas señalan que ahí está el peligro. Es la vieja ley del sentimiento contrario.

¿Qué fue de la reforma corporativa?

En diciembre de 2001 Enron destapó la caja de los truenos. A continuación se sucedieron más escándalos. Worldcom, Tyco, Vivendi y Ahold engrosaron la lista. Reguladores y bancos de inversión se pusieron a trabajar duro. No había tiempo que perder porque el mercado estaba herido de muerte. La pérdida de confianza aumentaba con el paso del tiempo y los volúmenes de negocio descendían a pasos agigantados.

La banca de inversión volvió a coger la varita mágica y aireó su posición de juez y parte en la refriega. Hace unos días una decena de bancos de inversión llegaron a un acuerdo con las autoridades para restañar heridas, que en Estados Unidos siempre son con el desembolso de millones de dólares. Aquí paz y allí gloria. Asunto zanjado.

Es preocupante que todo siga igual. Los bancos de inversión no acaban de entender que la reforma corporativa que se aireó en 2002 hay que llevarla a cabo. Y como no lo entienden siguen actuando como jueces y partes de la Bolsa. Las recomendaciones se mantienen. Sólo cambia el nombre del analista.