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Columna
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El BCE debe recortar tipos

Entre un 85% y un 90% de los economistas internacionales consultados por Reuters y Bloomberg manifiestan su creencia de que el Banco Central Europeo (BCE) no recortará sus tipos de intervención en la reunión de su Comité Ejecutivo de esta semana. Sentiré que se cumplan las expectativas de la mayoría de los consultados, porque creo que sería muy conveniente una reducción de tipos en la zona euro, y porque pocas veces se han dado mejores condiciones para que el BCE pueda proceder en tal sentido. El recorte de los tipos de intervención debería producirse por dos razones: la delicada situación cíclica por la que atraviesa Alemania, la principal economía de la zona, y la mayor restricción monetaria que ha representado en la eurozona la fuerte apreciación del euro respecto al dólar de las últimas semanas.

El grado de flexibilidad monetaria debe evaluarse examinando todos los factores financieros que pueden contribuir al crecimiento: tipos de interés, crecimiento monetario, tipo de cambio y precios de las acciones. Tipos de interés más bajos reducen el coste del endeudamiento, estimulando éste y, con ello, el consumo de bienes duraderos y la inversión en equipos y construcción. Una expansión más rápida de la masa monetaria aumenta la liquidez del sistema financiero, facilitando la demanda de consumo. Un tipo de cambio más bajo respecto a las divisas de los principales clientes abarata las exportaciones. Una subida de cotizaciones en el mercado de valores incrementa la riqueza del sector privado y, con ello, el consumo, incluso si no se producen elevaciones significativas en la renta de las familias. Todos ellos son factores de crecimiento.

El nivel actual de tipos de interés es relativamente reducido, pero hay margen para recortes adicionales, especialmente si examinamos el tipo a largo plazo, el más relevante para las decisiones de consumo e inversión, que se ha situado por encima del 4%. De hecho, Alemania tiene todavía un tipo de interés real a largo plazo cercano al 3%. El euro se ha apreciado respecto al dólar un 25% desde los primeros meses de 2002, encareciendo las exportaciones de bienes producidos en la zona euro; por sus efectos restrictivos, esta apreciación es comparable a una brusca y fuerte elevación de tipos.

En el lado expansivo, el crecimiento de la masa monetaria desborda el objetivo del BCE, pero no tiene un efecto estímulo muy significativo. Los precios de las acciones han repuntado fuertemente en abril, pero distan de los niveles a los que estimularían el consumo. Predominan muy claramente los efectos restrictivos del nivel de tipos reales a largo plazo y de la apreciación del euro.

Desde el punto de vista de los riesgos, la inflación en la eurozona está estabilizada en un entorno razonable del 2%, donde es previsible que continúe el resto del año, no constituyendo ninguna restricción a una reducción de tipos de interés.

Con todo, el argumento más importante para un recorte de tipos es la necesidad que tiene la economía alemana de un impulso de tal naturaleza: su crecimiento este ejercicio no va a exceder significativamente de un 0,5%, el número de parados y la tasa de paro aumentan y su sistema financiero se enfrenta a una situación de morosidad bastante preocupante, por la caída en las rentas familiares debido a las pérdidas de empleo y porque la calidad de la cartera crediticia deja mucho que desear.

La confianza de empresarios y consumidores continúa bajo mínimos, decreciendo y sin visos de recuperarse en la eurozona, pero con comportamiento especialmente negativo en Alemania: el último dato de la encuesta Ifo de empresarios ha sido bastante revelador. A diferencia del resto de la eurozona, la economía alemana se enfrenta a serios problemas estructurales, que impedirán que se recupere con fortaleza incluso si las condiciones generales mejoran sustancialmente, como puede ocurrir en los próximos meses.

Por tanto, confiar en que la economía alemana se va a recuperar en el segundo semestre sin necesidad de un impulso adicional es bastante utópico. Además, después de muchos años de arrastrar notorias ineficiencias en el mercado de trabajo, el Gobierno alemán se ha embarcado en una clara cruzada por eliminar algunas de las fricciones más importantes.

æpermil;ste es el tipo de actuaciones políticas que precisa la mayoría de los países de la eurozona; dada su dificultad, sería interesante que recibieran un apoyo institucional, que un recorte de tipos en las condiciones actuales podría proporcionar, como estímulo a una mayor confianza de los agentes económicos.

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