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Columna

La posguerra y la agricultura europea

Los acontecimientos que han sucedido desde principios de año han trastornado de tal modo el marco institucional de las relaciones internacionales que modifican sustancialmente el escenario en que, en los próximos meses y años, deberán adoptarse importantes decisiones de todo tipo. En este caso, nos preocupan los efectos sobre la reforma de la política agraria europea (PAC) y los futuros acuerdos comerciales en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Es pronto para analizar la nueva situación con elementos ciertos y estables, aunque la trascendencia que tendrán los próximos debates en el seno de las instituciones europeas para el futuro de la agricultura española aconseja arriesgar, opinar y advertir a nuestros responsables en la materia.

La traslación de los efectos del conflicto al ámbito agrario y alimentario es mucho más directa de lo que algunos puedan suponer. La primera reacción de una parte de la sociedad de EE UU frente a las posiciones francesas afectó a los quesos, los vinos y otros productos simbólicamente franceses. Los conflictos comerciales entre la UE y EE UU en las últimas décadas han sido frecuentes y de difícil solución. Las amenazas directas de muy altos representantes del Gobierno estadounidense respecto a la adopción de represalias contra Francia deben despertar gran inquietud en la UE, ya que lo más probable es que incidan en aspectos de políticas comunes y de acuerdos comerciales multilaterales, como las contrataciones de obras de reconstrucción.

Es evidente la urgencia por cauterizar las brechas abiertas en la UE. Pero el problema es, ¿hasta dónde está dispuesto EE UU a llevar su unilateralismo? Amenazar a Francia es amenazar a la UE y es de esperar que, hasta los Gobiernos español y británico, sean conscientes. Allí donde no ha sido posible establecer políticas comunes (relaciones exteriores, defensa...) existen justificaciones para mantener estrategias nacionales, a costa de incrementar la fragilidad del proceso de construcción europea.

Pero en un mundo de crecientes interdependencias las heridas infectadas pueden terminar afectando a órganos sanos. Por mucho que en los próximos días se insista en el aquí no ha pasado nada, es obvio que parte del núcleo duro de la UE (Francia, Alemania, Bélgica...) van a sentirse acreedores, tanto de los nuevos países miembros, como de los fervientes participantes en la coalición. ¿Como podrá influir todo esto en las discusiones de la reforma agrícola y en la reunión de Cancún?

En mi opinión, el nuevo escenario es óptimo para que la PAC se vea reforzada en la línea del modelo agro-rural francés. La quiebra en el diseño de las nuevas políticas comunitarias puede permitir el refugio en lo que ha sido hasta ahora el núcleo duro de la construcción europea, y la agricultura es una parte básica de él. De lo contrario, se correría el riesgo de avanzar decididamente hacia la liquidación del proceso de construcción europea.

Si estas suposiciones son ciertas, la agricultura española puede verse beneficiada por la consolidación de un modelo agrícola y rural que nos es vital. De cualquier modo, la posición negociadora española en agricultura se ha deteriorado sustancialmente. Son muchos los intereses concretos de España donde las posiciones españoles son complicadas y, paradójicamente, pueden terminar pagando los platos rotos en las Azores. No serán ni el Reino Unido, ni EE UU nuestros aliados en estas tareas.

¿Qué decir de los fondos estructurales y de cohesión? ¿Con qué aliados contaremos para diseñar el periodo de transición a partir de 2006? Hay que advertir sobre la urgencia de rediseñar una estrategia que permita paliar la agria reacción hacia España que cabe esperar por parte del núcleo duro comunitario. También los países de la ampliación pueden irse preparando para sufrir un periodo de transición ortodoxo.

En los últimos días se ha visto en la prensa que el presidente Aznar no ha conversado ni con el presidente francés, ni con su primer ministro, durante su reciente visita a París. Parece que tampoco habla con el canciller alemán desde Lanzarote. Puede ser que la nueva estrategia internacional nos reporte muchos beneficios en el futuro, como anunció el gobernador del Estado de Florida durante su reciente visita a Madrid.

Ahora bien, en intereses domésticos comunitarios puede ocurrir, y así sospecho, que muchas cosas puedan complicarse en el futuro, y no poco. En la UE no es fácil alcanzar mayorías contra Francia, Alemania y Bélgica, sin romper definitivamente el proceso de integración y, al fin, retroceder a una nueva EFTA, un gran área de libre comercio coaligada a la Commonwealth.

Para EE UU las sanciones a Francia pueden constituir un nuevo experimento para medir la capacidad de resistencia de la vieja Europa y puede ocurrir que, sorprendentemente, logre resucitar la PAC y el modelo agro-rural europeo. Habrá que agradecérselo a Rumsfeld. En definitiva, si él no desea comer Camembert, ni va a beber Dom Perignon, ¿no tendremos que hacerlo nosotros en su lugar? Y gustosos.

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