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Asia teme el contagio

Cual si de plagas bíblicas se tratara, la economía mundial se está viendo este año amenazada por catástrofes extraordinarias, como son la guerra en Irak y la neumonía atípica asiática, de la que se han contagiado cerca de 4.200 personas, provocando la muerte a más de 250. Al margen de las devastadoras consecuencias que este virus está provocando en la población, el mundo financiero se está echando las manos a la cabeza ante el impacto que el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) -como se le conoce en su terminología científica- pueda tener en la economía asiática e, irónicamente, por contagio, en la recuperación mundial. Los ojos de los analistas se encuentran ahora mismo fijos en China, origen del virus y economía que ha crecido a un ritmo medio del 8% en los últimos años. El temor de los expertos radica en las consecuencias que sobre este crecimiento pueda tener la extensión temporal de la epidemia.

'Desde mi punto de vista, el daño económico a corto plazo será agudo', sostiene en un informe Andy Xie, analista de Morgan Stanley. 'La cancelación del puente de mayo en China podría afectar al crecimiento este año entre un 0,2% y un 0,4%. La alteración de la vida económica normal podría provocar costes económicos aún mayores'. De momento, los fondos que invierten en China están acusando los estragos de la neumonía asiática, con descensos en el últimos mes que oscilan entre el 5% y el 15%. 'Es cierto que muchos valores asiáticos han caído significativamente como resultado de las noticias sobre el SARS', explican en la gestora británica Schroders. 'Sin embargo, se han producido básicamente en industrias ligadas al consumo minorista, aerolíneas y hoteles'.

Analistas y gestores, con todo, minimizan el impacto que la neumonía asiática pueda tener sobre la economía china, siempre, eso sí, que el virus quede bajo control en un plazo corto de tiempo. 'Nuestra perspectiva no incorpora en realidad ningún efecto negativo del SARS sobre el turismo', apuntan en UBS Warburg. 'Ello es debido a que, a pesar de los 98 millones de turistas que recibió el país el año pasado, las rentas por entrada de divisas extranjeras fue tan sólo de 20.000 millones de dólares o un 1,6% del PIB'. El banco de inversión, sin embargo, advierte que los efectos negativos sobre China podrían ser más severos si la epidemia se prolonga y aumenta la 'angustia' de los inversores extranjeros, que podrían revisar sus estrategias de concentrar sus inversiones en China, para optar por carteras más diversificadas.

Morgan Stanley dibuja tres escenarios posibles. En el primero, el virus perdería fuerza con la llegada del verano, como sucede con otras enfermedades respiratorias. En el segundo, se mantendría como hasta ahora, pero las campañas públicas para prevenir el contagio lo mantendrían bajo control en el plazo de dos meses. En el tercero, el virus mutaría y atacaría en varias oleadas. 'Los dos primeros escenarios son consistentes con nuestras actuales perspectivas de crecimiento del PIB un 6,5%. La mayoría del impacto quedaría concentrado en el segundo trimestre, dándolo por perdido. La normalización llegaría en julio', explica Andy Xie. El tercer escenario implicaría un crecimiento mucho menor aunque, matiza Xie, 'es virtualmente imposible hacer un pronóstico'.

Los analistas, sin embargo, aprueban las actuaciones que están llevando a cabo los Gobiernos hasta el momento, tanto en términos de transparencia e información como en ayudas para evitar la quiebra de muchas compañías afectadas. Esta semana, sin ir más lejos, el Ejecutivo de Hong Kong anunciaba un paquete de ayuda de 1.500 millones de dólares (1.371 millones de euros) en gasto y recorte de impuestos para ayudar a las empresas más afectadas por el virus.

La situación económica china, no obstante, va más allá incluso de la neumonía asiática. 'El problema es que este shock ha llegado en un momento en el que las exportaciones han sufrido el viento en contra desde Estados Unidos, Japón y Europa a raíz de la crisis global', explican en UBS Warburg. El banco de inversión hace hincapié en el hecho de que los inversores parecen haber olvidado que incluso China tiene un ciclo económico y que o bien la desaceleración llega ahora o llegará abruptamente más tarde.

Otro problema, a juicio de los analistas, es el impacto que una desaceleración puede tener sobre las compañías chinas, donde la manipulación de los balances está a la orden del día con la finalidad de obtener créditos. 'Algunas incluso controlan bancos locales y los utilizan como sus propias alcancías', aseguran en Morgan Stanley. Se da el caso, incluso, de numerosas compañías privadas con flujos de caja negativos que presentan beneficios gracias a trucos contables. A ello hay que añadirle la escasa rentabilidad de las compañías públicas chinas y el elevado número de créditos impagados que soportan los bancos estatales. 'Si el ciclo se resiente con fuerza, muchas compañías privadas podrían caer en la bancarrota, lo que magnificaría la crisis', añade Xie.