EDITORIAL

La OPEP tras la guerra

Los países de la OPEP acordaron ayer recortar su producción en dos millones de barriles por día y, al mismo tiempo, elevaron su techo oficial de bombeo en 900.000 barriles por día. Milagros aritméticos de un cartel en el que los socios se saltan la cuota oficial de manera sistemática, con una especie de prorrateo oficioso que les permite maximizar sus ingresos sin permitir que se hundan los precios. La OPEP suministra en torno al 35% del petróleo mundial y ajusta periódicamente sus cuotas para que el barril cotice entre 22 y 28 dólares. Si el precio cae por debajo de 22 dólares durante 10 días consecutivos, el cartel eleva la producción. Si supera los 28 dólares durante 28 días, recorta el suministro.

Este sistema fue adoptado en la primavera de 2000 para evitar situaciones como la de finales de los años noventa, cuando el precio del barril cayó hasta los 10 dólares, y por ahora ha funcionado. Sin embargo, el peso creciente de productores que están fuera de la OPEP, con Rusia a la cabeza, está mermando la capacidad de influencia del cartel en los precios del petróleo. Y la situación puede cambiar de forma mucho más radical ahora que Sadam Husein ha sido derrocado y Estados Unidos controla Irak de facto.

La Administración Bush ha comunicado sus planes a la comunidad internacional con claridad meridiana. EE UU pretende poner en funcionamiento los pozos iraquíes cuanto antes y reiniciar la exportación masiva de crudo para financiar la reconstrucción. Para ello es preciso que la ONU levante las sanciones a Irak, algo que parece mucho más factible una vez conseguido el apoyo de Francia, a quien Washington no ha dudado en amenazar con sanciones por su rechazo a la guerra.

El Irak post-Sadam tardará unos años en recuperar los niveles de producción previos a la primera Guerra del Golfo. Pero el Centro de Estudios Globales de Energía (CGES) calcula que en dos o tres años recuperará ese nivel (3,5 millones de barriles diarios) y en nueve años podrá elevar su capacidad en 4,5 millones adicionales. Ello le permitiría disputarse el puesto de primer productor de la OPEP con Arabia Saudí, país que bombea ocho millones de barriles por día y tiene capacidad para producir 10,5 millones. Irak aducirá que necesita elevar la exportación de crudo, que ahora ronda los dos millones de barriles diarios, para financiar su reconstrucción tras dos guerras devastadoras y más de una década de bloqueo internacional. Y puede que sus socios le permitan igualar el bombeo de su vecino Irán (3,6 millones de barriles), aunque para ello tengan que ajustar sus cuotas oficiales y reales. Si pretende ir más allá, las perspectivas de acuerdo son mucho más escasas. Irak podría, pues, abandonar el cartel, mermando aún más su capacidad de intervención en los precios. Un efecto colateral de la guerra iraquí que elevará la inestabilidad política y económica de muchos países productores. Es necesario valorar con cuidado si merece o no la pena pagar este precio por reducir algo el precio de las gasolinas.