Insolvencia

Grundig fracasa en la búsqueda de un socio y se declara insolvente

La firma germana se acogió a la nueva legislación de insolvencias, lo que, al menos, le ayudará a encontrar una salida a su difícil situación. Grundig, con casi 5.400 trabajadores en todo el mundo, busca un inversor que le permita seguir adelante. En 2001 (últimos datos disponibles) contabilizó pérdidas de 150 millones de euros y deudas de 641 millones. En los últimos meses fracasaron las negociaciones con el grupo tecnológico taiwanés Sampo y su competidor turco Beko Elektronik, que se consideraba la última tabla de salvación para el grupo alemán.

Anton Kathrein, principal accionista de Grundig, se mostró ayer convencido de que la declaración de insolvencia no supondrá una desmembración de la compañía. Kathrein definió la insolvencia como 'una oportunidad para Grundig'. Por otra parte, la prensa germana señaló que las conversaciones con Beko podrían retomarse, pues la firma turca había vuelto a mostrar interés. Según estas fuentes, Beko estaría estudiando dejar fuera de la compra el fondo de pensiones de Grundig, que con unos 200 millones de euros es uno de los principales lastres de la firma.

Con el caso de Grundig no sólo se añade otro nombre a la larga lista de quiebras de los últimos meses, sino que se desploma uno de los símbolos del milagro económico alemán tras la Segunda Guerra Mundial. La empresa, creada por el comerciante de aparatos de radio Max Grundig en 1946, creció con rapidez y en 1952 se convertía en el principal productor europeo de aparatos de radio, con un millón de unidades vendidas. Hasta finales de los setenta la plantilla creció sin cesar hasta los 40.000 trabajadores.

Los problemas de la firma alemana comenzaron en los ochenta con la llegada de la competencia asiática y el fracaso de algunas tecnologías por las que Grundig apostó fuerte, como el vídeo 2000 o el sistema de sonido space fidelity. En 1984, la holandesa Philips se hizo con la mayor parte de su capital, pero tras el crecimiento de las pérdidas, el grupo decidió desinvertir en 1997 y Grundig quedó en manos de un grupo de bancos hasta finales de 2000. Desde esa fecha, Anton Kathrein, un productor bávaro de antenas que ha intentado buscar un inversor, es el primer accionista con un 89% del capital.

La filial española, una comercializadora que emplea a 80 personas, no se verá afectada por la suspensión de pagos de la matriz, según el director general, Javier Freijo. Grundig España facturó 130 millones de euros en 2001.

Los grandes grupos alemanes, hundidos

Después de que Kirch suspendiera pagos hace ahora casi un año (fue considerada entonces la mayor de la historia de Alemania), otra serie de grupos emblemáticos han reconocido sus dificultades financieras. Los más de 150 años de historia de la constructora Holzmann están a punto de quedar sin continuidad. La aeronáutica Dornier, empresa nonagenaria creada por los pioneros de la aviación, también se tambalea.

Son sólo algunos de los ejemplos más sonados, pero no los únicos, ya que el año pasado fueron casi 32.000 las compañías alemanas que suspendieron pagos y se espera que a lo largo de 2003 este número se eleve a 40.000.

Las deudas que dejan estas empresas, muchas de ellas pymes, están provocando un estrangulamiento en el mercado laboral, con una pérdida media de 1.500 empleos diarios.