_
_
_
_
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Más sabias, pero menos ricas

La conmemoración del día de la mujer trabajadora siempre me ha producido una cierta sensación de desasosiego e inquietud personal. No es ni una fiesta, como el día de la madre, del padre o de los enamorados, ni una celebración que resalte el peso específico y la importancia que tenemos las mujeres en el campo laboral. Es un recuerdo triste de un desgraciado accidente de unas mujeres que murieron quemadas en su puesto de trabajo. Supongo que como el recuerdo es triste, los medios de comunicación cumplen su papel recordándonos muchas más desgracias, tal como ha venido ocurriendo durante la pasada semana.

Del repaso de todo lo publicado resulta que en los últimos años la incorporación de la mujer al trabajo remunerado ha crecido de forma notable, aunque continuamos ocupando mayoritariamente oficios que, en el ámbito profesional, reproducen las tareas del hogar, las que antes se denominaban en el carné de identidad como 'sus labores'. Somos enfermeras, cuidadoras de personas mayores, enfermos y discapacitados, empleadas de guarderías, empleadas de hogar, etcétera. Tareas con una supuesta baja cualificación que, en general, están muy mal remuneradas y que exigen una amplia disponibilidad de horarios.

La desgracia no está tanto en el tipo de trabajo como en que el resultado es que cobramos, en promedio, un 30% menos que nuestro genero opuesto, los hombres. Y aún hay más agravios porque somos más en el conjunto de los desempleados y estamos más tiempo en el paro. Nuestra tasa de desempleo es casi el doble que la de los hombres y supera tres veces a la de la UE. Cuando decidimos ser madres, el mercado laboral nos margina aún más.

Según los datos aportados por el Panel de Desigualdades en Cataluña, presentado por la Fundació Jaume Bofill, la discriminación laboral de la mujer no sólo no disminuye, sino que aumenta. Su estudio evidencia que 'las mujeres más jóvenes, las que tienen entre 25 y 34 años, han tenido que dejar de trabajar al tener un hijo en mayor proporción que las de generaciones anteriores. Un tercio de las mujeres de 25 a 34 años que estaban trabajando en el periodo 2001-2002 han dejado de hacerlo al tener un hijo. El 13,3% se vieron obligadas a ello: el 7%, porque se les acababa el contrato y no se lo renovaron, y el 6,3%, porque las despidieron directamente. El resto dice que abandonó su puesto de trabajo voluntariamente'.

Sin embargo, en los últimos años, el grado de formación de las mujeres ha mejorado de forma extraordinaria, ya que nuestra participación en la educación es superior a la masculina, concretamente la tasa de matriculación (primaria, secundaria y superior) representa el 90% para las mujeres y el 84% los hombres. En muchas carreras universitarias la matricula femenina es superior, tal es el caso de Derecho, Medicina, Empresariales, todas las de letras e incluso Arquitectura, aunque aún persiste la asignatura pendiente de la Ingeniería Industrial. Entre las mujeres con carrera, se da la paradoja de a igual trabajo y responsabilidad también acostumbramos a cobrar menos que los del otro género. La brecha más evidente se constata en el escaso número de mujeres que ocupamos puestos de responsabilidad en empresas: sólo representamos un 7% en el conjunto y un mísero 1% en empresas de más de 10 trabajadores.

Quizá por eso cuando se habla del gobierno de las empresas familiares siempre nos referimos a los padres y a los hijos y no a las madres y a las hijas. Aunque el número de mujeres que se matriculan en escuelas de negocios y en MBA crece de forma paulatina e inexorable, los resultados palpables crecen con gran lentitud. ¿De que nos habrá servido prácticamente esta mayor formación? Está claro que somos más sabias, pero no más ricas y podemos conformarnos pensando que el dinero no lo es todo en la vida.

Todo ello son flashes de los múltiples datos que avalan que tengamos que continuar recordando de año en año que la condición femenina es un handicap laboral y debamos continuar conmemorando la desgracia de nuestras antepasadas para sensibilizar a la sociedad.

Parece que la esperanza para poder asociar mujer y trabajo a una historia de éxito en vez de fracaso estribe en el futuro y en el fruto del trabajo y esfuerzo de todas las mujeres que estamos contribuyendo a mejorarlo, pero la esperanza también la encontramos en el pasado. Como bien explica Jacques Barzun en su libro Del amanecer a la decadencia. Quinientos años de vida cultural en Occidente, 'en muchas otras épocas y lugares, como el imperio romano y el bizantino, las mujeres, podría incluso decirse, se impusieron a los hombres. A menudo el marido, tenedor de los títulos, era un personaje ocioso o pusilánime o la mujer regentaba la casa en nombre del hijo'.

Archivado En

_
_