EDITORIAL

El año del saneamiento

Así, en frío, el desplome registrado en los resultados de las empresas que cotizan en el Ibex 35 produce escalofríos: 85% menos en 2002. El guarismo se explica fundamentalmente por las pérdidas de Telefónica y sus filiales de móvil e Internet. Sin ellas, las empresas listadas en el Ibex habrían mejorado sus resultados un 10%. Pero este dato también tiene trampa, ya que incluye las enormes plusvalías extraordinarias y ajustes fiscales positivos en compañías como Repsol, Unión Fenosa, Gas Natural o Ferrovial.

2002 ha sido sobre todo un ejercicio para poner la casa en orden y aflorar pérdidas ligadas a la devaluación de activos en Latinoamérica, las minusvalías en Bolsa, el declive de márgenes y los efectos de la desaceleración económica en general. Telefónica ha batido el récord de pérdidas de la historia empresarial española (con 5.576,8 millones de números rojos), tras anotar unos resultados extraordinarios negativos de 16.218 millones. La compañía ha decidido sanear de golpe los balances de la telefonía móvil (más de 6.000 millones de euros invertidos en licencias de UMTS que se dan prácticamente por perdidos), el fondo de comercio de Terra Lycos y otras partidas diseminadas en filiales como Admira, Terra Mobile, Emergia y MediaWays. Los dos grandes bancos, Endesa y Unión Fenosa también han limpiado de su balance algunos de sus activos de mayor riesgo o que habían sufrido un mayor deterioro.

Este es el segundo año consecutivo en el que cae la rentabilidad conjunta de las empresas del Ibex. Además, la incertidumbre reinante en la economía mundial siembra dudas sobre la evolución de los negocios a medio plazo. Y a pesar de las caídas recientes, los valores de empresas españolas siguen estando caros en Bolsa: las empresas del Ibex 35 valían ayer en Bolsa 252.129 millones de euros, el equivalente a más de 100 veces los beneficios que obtuvieron el último año. Un PER sin depurar que los teóricos del mercado no dudarían en calificar como 'exuberante'.

Sin embargo, los analistas creen que las perspectivas futuras son buenas. Partiendo de unos niveles tan bajos, anotan, sólo queda margen para una mejora espectacular.

Los expertos creen que en 2003 empezarán a dar fruto los importantes cambios de estrategia acometidos por las empresas ante la desaceleración económica y la crisis bursátil. Los años de expansión, diversificación y fuertes inversiones en nuevos mercados y nuevas áreas de negocio han quedado atrás, de modo que el repliegue hacia el mercado doméstico y el negocio tradicional vuelve a convertirse en prioritario. El freno a las inversiones, la venta de activos no estratégicos y otros esfuerzos en pos de la reducción del endeudamiento marcan la nueva etapa, caracterizada también por la puesta en marcha de estrictos planes de reducción de los costes de explotación ante la mayor incertidumbre sobre la evolución de los ingresos.