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Viajes

Carnavales de Brasil

Los de Río de Janeiro suelen acaparar las miradas. Pero hay otros dos carnavales brasileños más espectaculares, el de Salvador de Bahía y el de Recife y Olinda, en Pernambuco

Carlos Pascual

Brasil sigue estando de moda entre los españoles. El año pasado, según Embratur (Instituto Brasileño de Turismo), aquel país recibía cerca de 130.000 españoles, una cifra netamente superior a los 126.000 de 2001 y a los 110.000 del año 2000. Uno de los motivos que más visitantes atraen a Brasil son sus fiestas, especialmente el Carnaval. Los Carnavales de Pernambuco sorprenden ante todo por su diversidad. Las fachadas curvilíneas y polícromas de iglesias y mansiones de clara ascendencia lusa forman un vivo contraste con los frenéticos ritmos de estirpe africana: el frevo (el más peculiar de aquí), el maracatu, bailados por una barahúnda de blocos (comparsas de folioes), clubes y troças.

Desde Recife se puede oír el estruendo de Olinda, y viceversa, pues estas dos ciudades hermanas distan apenas una legua. En el barrio antiguo de Recife -São José, Santo Antônio- una vez elegidos el Rey Momo y la Reina del Carnaval, la multitud desfila enardecida tras los típicos tríos eléctricos (más de treinta) y las freviocas, camiones que transportan las orquestas de frevo con descomunales amplificadores y un estruendo del infierno.

Hay ceremonias emocionantes, como A noite dos tambores silenciosos que revive sincretismos de origen africano (los maracatus de baque virado), hay desfiles más tradicionales, donde se funden los ritmos, y está sobre todo el monumental desfile del Galo da Madrugada, reconocido por el Guiness Book como el más concurrido del mundo, que invade el centro de Recife y se desborda por las calles ribereñas del río Capibaribe. En Olinda, tal vez los decibelios sean menores, pero no la creatividad y la fantasía. La gente sube y baja por las laderas de esta coqueta ciudad declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, y cuyo entusiasmo carnavalero recuerda un poco más a la vieja Europa, con unos típicos gigantes de más de tres metros y cabezudos.

Rincones con sabor

A Recife, a pesar de sus cinco ríos, 66 canales y numerosos puentes, nadie se atreve a llamarla algo tan socorrido como la Venecia del Brasil, y es que la estampa global, con altos bloques y rascacielos -aparte de su vecindario: dos millones y medio de habitantes, contando la periferia- no se presta a lirismos exagerados. Sin embargo, es una ciudad antigua (nació en 1537, como aldea de pescadores de Olinda, fundada al mismo tiempo) y conserva numerosos rincones y monumentos llenos de sabor, que recuerdan de continuo a las tranquilas ciudades lusas de provincia. Los barrios antiguos de Recife están plagados de iglesias y casonas de los siglos XVII y XVIII, y es precisamente ahí donde se han instalado los vecinos más inquietos y divertidos, con numerosos bares y cafés, restaurantes, cachaçarías, tiendas de artesanía y mercados (el de São José, de 1875, merece la visita, se pueden encontrar los antiguos pliegos de cordel y toda clase de yerbas curanderas y talismanes mágicos para el ritual umbanda). Al mismo tiempo, playas como la de Boa Viagem, de arenas claras y anchas, y orlada de cocoteros, dan una sensación de lejanía y aislamiento en pleno corazón de la ciudad. Olinda, que fue capital de Pernambuco antes que Recife, es una joyita, un ejemplo señero de ciudad colonial brasileña, donde las curvas y colores vivos del patrimonio urbano se diluyen en un hervor vegetal y tropical al que arropa un mar de aguas hialinas. Olinda está invadida por numerosos artistas y artesanos, que contribuyen a realzar el porte ilustrado de la antigua capital.

Bahía es el principal destino turístico del noroeste brasileño, y Salvador, su capital, además de ciudad frenética y moderna, posee uno de los centros históricos más extensos y valiosos de América. Se conoce a éste como Pelourinho o Pelo, y es Patrimonio de la Humanidad, claro está. Es también allí donde se refugia la bohemia más divertida, una diversión que ignora las fronteras del día y de la noche. Algunos ritos místico-religiosos, como el Lavado del Señor de Bonfim, con una procesión de devotos vestidos de blanco en honor a Oxalá, padre de todos los orixás, o la fiesta de Yemayá, en la que se honra a la Reina del Mar y Madre de las Aguas, son tan célebres y conocidos como los propios carnavales, que en los días precedentes al miércoles de ceniza transforman en un hervor las calles inundadas por comparsas y baianas vestidas de blanco, despachando el típico acarajé, que no es canción del verano, sino comida.

Localización

Cómo ir. Varig (Líneas Aéreas de Brasil, 915 140 870) vuela desde Madrid a Salvador de Bahía martes y domingos, y a Recife sólo los domingos. El precio i/v para Salvador es a partir de 927 euros, y para Recife, a partir de 604,50 euros. Viajes organizados. Viva Tours ofrece un combinado Río de Janeiro-Salvador de Bahía de 9 días / 7 noches en hotel cuatro estrellas, con vuelos incluidos, a partir de 1.395 euros. Otro combinado Río de Janeiro-Recife, de 9 días / 7 noches, con vuelos incluidos, a partir de 1.330 euros. También ofrece combinados de 10 días / 8 noches que incluye las cataratas de Iguazú, en ambos paquetes, a partir de 1.528 euros para Salvador de Bahía, y de 1.580 euros para la fórmula Río-Iguazú-Recife. En agencias. Catai Tours ofrece un programa Brasil al completo de 12 días con dos rutas opcionales, con salidas miércoles y sábados, incluyendo avión, hoteles y traslados, guía en español, seguros, etc., entre 2.995 euros y 2.768 euros. Otro programa, Maravillas de Brasil, de 13 días, salidas los viernes, incluye una excursión por el Amazonas (además de Río, Iguazú, Salvador), y cuesta 2.856 euros.

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