Secretos de despacho

Sosiego en Media Planning

Al vicepresidente de esta consultora de publicidad, José Martínez-Rovira, le gusta trabajar en silencio y con las persianas entornadas para que la luz entre tamizada. Necesita orden, puntualidad y equipos siempre de ida, nunca de vuelta

El despacho de José Martínez-Rovira, vicepresidente de la consultora de publicidad Media Planning Group, es un remanso de paz. Está situado en la zona alta de Barcelona. Las persianas venecianas están entornadas y permiten que la luz exterior entre tamizada y le dé al ambiente calidez. 'Me gusta la luz natural, pero me encanta trabajar en la oscuridad', señala este ejecutivo, que confiesa dos obsesiones, el orden y la puntualidad. 'No desordeno nunca, encima de mi mesa tengo los papeles imprescindibles y llevo mal que me hagan esperar', advierte. Nació en Barcelona hace 59 años, se define como un ejecutivo decidido y con iniciativa. No le asustan los retos y tal vez por ello se decidiera, de la mano de su socio Leopoldo Rodés, a crear en 1978 una agencia de asesoría sobre la rentabilidad de la publicidad en los medios. 'No me asustan los retos y prefiero que las personas sean decididas', matiza. En el despacho le acompañan fotos del equipo de profesionales de su confianza. La plantilla del grupo Media Planning se compone de 2.500 personas y cuenta con una facturación de 11.000 millones de euros, un 3,5% de la inversión publicitaria en 30 mercados. Prefiere trabajar al lado de 'gente que esté siempre de ida, no de vuelta'. Profesionales ambiciosos, con ideas frescas, con visión a largo plazo y, por encima de todo, con entusiasmo.

A José Martínez-Rovira le gustan los muebles antiguos, la pintura contemporánea -de las paredes cuelgan cuadros de Pallerols, Grau y Luis Claramunt- y la escultura -tiene una obra de su amigo Joan Fontanols-. También le gusta poner una nota de color verde y natural en su despacho. 'Las plantas me gustan, pero no las cuido yo personalmente. Como me encanta delegar, también delego el tema de la jardinería'. Es muy aficionado al fútbol, pero dada su devoción y el momento crítico por el que pasa su equipo, el Fútbol Club Barcelona, prefiere no explayarse; a los coches antiguos (guarda una réplica de uno que le regalaron), y a la decoración. Los sillones y las sillas están coordinados en piel de ante color tabaco.

No le gusta permanecer encerrado siempre en la misma habitación, y siguiendo los dictados de su carácter extravertido, le gusta el contacto con la gente. 'Si soy un conductor de personas, tendré que rodearme de ellas. Creo que soy un ejecutivo que valora y motiva el esfuerzo de los que trabajan en la empresa'. José Martínez-Rovira es diplomado de Análisis de Mercados y Marketing por la Universidad de Roma y diplomado en Alta Dirección de Empresas por el IESE. A esta escuela de negocios sigue vinculado, ya que desde 1999 es presidente de la asociación de antiguos alumnos. Y cuenta entusiasmado cómo salió elegido: 'Cuando entré a estudiar, me pareció un premio el sistema de aprendizaje que emplean con el método del caso porque es muy didáctico, ya que para mí tiene mucho menos interés que el profesor exprese su opinión a que aprendas de tus propios compañeros. Mostrada mi gran satisfacción, me propusieron formar parte de la junta directiva del IESE. Y encantado'.

Es partidario de que todo ejecutivo se dé un barniz en una escuela de negocios; 'además de aportarte conocimientos, permite al directivo o al futuro directivo tener una visión global de la compañía y saber escuchar las opiniones de otros compañeros', explica Martínez-Rovira. Durante tres años y hasta 2001 fue presidente de la Fundación española del corazón, 'porque me gusta devolver a la sociedad parte de lo que me ha dado y porque no sé el tiempo que voy a vivir, pero me importa vivirlo con calidad'.

Entregado a su familia

Ahora trabaja las horas que le son imprescindibles. Después de años entregado por completo a dirigir Media Planning, ha echado el freno a su carrera en beneficio de su familia. Estaba en deuda con su esposa y sus hijas. 'Durante años, en mi casa me han visto poco. Cuando mis hijas tenían seis y cuatro años le preguntaban a su madre quién era el señor que iba por casa', recuerda. Pero lo que más le dolió a José Martínez-Rovira fue el dibujo que pintó una de sus hijas, 'a la madre la pintó en grande y a mí en pequeño'. Tomó conciencia de ello y ha rectificado. 'No llevo la misma vida que llevaba antes. Me gusta estar en casa'.