La Atalaya

Divide y perderás

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero las divisiones que el tema de Irak ha provocado entre los Gobiernos, no entre los pueblos, occidentales producen sonrojo. Disensiones a ambos lados del Atlántico las ha habido en abundancia. Sin remontarnos a la crisis de Suez, que enfrentó a EE UU con Gran Bretaña, Francia e Israel, o a Vietnam, la famosa crisis de los misiles de la década de los ochenta registró notables desacuerdos entre Europa y EE UU, resueltas por la visión de líderes como Helmut Schmidtt y François Mitterrand, que comprendieron que la solidaridad atlántica debía prevalecer sobre las opiniones públicas de sus respectivos países, opuestas al despliegue de misiles estadounidenses en Alemania. Sin embargo, nunca desde la fundación de la OTAN en 1949 las disensiones en la Alianza habían sido tan evidentes, ni se habían registrado dos bandos en la UE desde la firma del Tratado de Roma en 1956. La ironía es que los puntos de encuentro entre las partes están más cercanos de lo que pudiera parecer. Todos comparten dos premisas: que Sadam Husein constituye una amenaza para sus vecinos y su propio pueblo, como lo ha probado hasta la saciedad en las dos últimas décadas, y que Irak tiene que ser desarmado. Hasta Jacques Chirac admite, en una entrevista publicada esta semana en la revista Time, que la readmisión de los inspectores en Irak sólo ha sido posible gracias al despliegue militar estadounidense en la zona. Las divergencias están en el cómo. Washington, con el apoyo en el Consejo de Seguridad de Londres y Madrid, mantiene que sin 'la cooperación activa' de Bagdad la labor de los inspectores, por mucho que se multiplique su número, será nula. Por el contrario, Francia, Rusia y China se decantan a favor de dar más tiempo a los inspectores. Y, entretanto, los notarios de la situación, el sueco Hans Blix y el egipcio Mohamed el Baradei, han producido dos informes ambiguos que no resuelven nada, ya que se limitan a afirmar que el régimen de Bagdad ha mejorado la cooperación, pero que no ha demostrado de forma fehaciente la destrucción de sus arsenales de armas. ¿Quién será capaz de deshacer este nudo gordiano y recomponer la solidaridad y cooperación internacionales y, sobre todo, la unidad de acción, primero entre los europeos y, después, entre éstos y EE UU? Tarea hercúlea dado el empecinamiento de unos y los intereses disfrazados de altruismo de otros.

Los próximos días, previos al nuevo informe de Blix y El Baradei del viernes, van a registrar una gran actividad diplomática a ambos lados del Atlántico. Aznar se entrevistará hoy con el presidente mexicano Vicente Fox, cuyo país es miembro no permanente del Consejo, antes de trasladarse a Crawford para un fin de semana de conversaciones con Bush. Blair verá a Bush en Washington y regresará a Londres, vía Madrid, poco después de que el jefe del Gobierno español converse en París con Chirac. Entre tanto, EE UU y Gran Bretaña circularán entre los miembros del Consejo un proyecto de nueva resolución, que, de ser aprobada, establecería una fecha límite para la labor de los inspectores. Recordando el desafío de Sadam al ultimátum de la ONU para que se retirara de Kuwait en 1991 no hay muchas razones para el optimismo, especialmente si siguen las disensiones en el seno de Naciones Unidas, que, sin pretenderlo, sólo favorecen los planes obstruccionistas de Bagdad. El viernes 28 será la fecha clave para la guerra o la paz.