COLUMNA

Una resolución frágil, pero alentadora

Las manifestaciones del pasado fin de semana pesaron el lunes en la Cumbre extraordinaria de la UE. Los millones de personas que manifestaron su rechazo a la guerra sirvieron de acicate para recuperar el consenso de los jefes de Gobierno y atemperar el ímpetu belicista de los cinco que lo habían roto. æpermil;stos, que encabezados por Aznar habían arrastrado a otros tres gobernantes de países aspirantes a integrarse en la UE a firmar la Carta de los Ocho, tuvieron que congelar, por el momento, su apoyo a la postura de EE UU, dispuesto a lograr el desarme de Irak atacándole militarmente y asumir la posición de la mayoría de los socios comunitarios, encabezados por Francia, Alemania y Bélgica, de lograrlo pacíficamente, aunque no se descarte el uso de la fuerza como último recurso.

Un matiz importantísimo que ha pretendido camuflar el Gobierno español para difuminar su propio fiasco. La ministra de Exteriores se ha apresurado, ahora, a destacar que lo importante es lo que une a los europeos: desarmar a Sadam Husein. Pero no es eso lo que ha estado en cuestión en ningún momento, siempre hubo coincidencia en la necesidad de localizar y en su caso conseguir que se eliminara el posible armamento de destrucción masiva en manos del dictador iraquí. La diferencia estuvo y está precisamente en cómo llegar a ese objetivo común. Así se puso de manifiesto hace ya casi cuatro meses en el debate que cristalizó en la resolución 1441. Tampoco era obviado en el consenso de mínimos de la UE alcanzado el 27 de enero para que lo expusieran ante el Consejo de Seguridad de la ONU sus cuatro socios pertenecientes a él en estos momentos, frente a la pretensión estadounidense de dar por finalizada la labor de los inspectores y el presidente Aznar lo desbarató haciendo proselitismo con los restantes firmantes de aquella carta de los ocho, inducida por un periódico estadounidense propagandista de los planes guerreros de Bush.

Ni mucho menos se olvidaron el 14 de febrero los jefes de la diplomacia francesa y alemana de insistir en el desarme del régimen de Bagdad y sin embargo todo el mundo pudo observar el desmarque de la ministra Ana Palacio que, con una posición más extrema de la del propio representante estadounidense, abogaba por una nueva resolución que autorizase ya el empleo de la fuerza.

No es cierto, por tanto, que el Gobierno español haya trabajado 'intensamente por el consenso internacional', como declaraba Aznar en su intervención ante el Parlamento anteayer.

El acuerdo europeo se ha tenido que renovar porque él lo rompió junto a los otros cinco firmantes que pertenecen a la UE, razón que ha llevado a realizar la reunión del Consejo Europeo del lunes como claramente explicó su convocante, el presidente del Gobierno griego. Pero no ha tenido el más mínimo escrúpulo en utilizarlo como resolución del Grupo Popular en el debate parlamentario del martes. Lo que induce a pensar que en lugar de rectificar el formato del debate atendiendo a las críticas recibidas por el anterior sin réplicas ni resoluciones, o por la insostenible comparación con otros líderes europeos que han comparecido casi todas las semanas ante sus parlamentos, como ha hecho el propio Blair, se haya debido este cambio a una argucia táctica. Apropiándose de la declaración europea, ha buscado aliviar su aislamiento con los votos de CiU y colocar el balón en el tejado de la oposición.

No quedan ahí las apropiaciones indebidas del Gobierno. También ha pretendido capitalizar la adhesión a la resolución del Consejo Europeo de los 13 países candidatos, cuando en realidad tuvo que ser desestimada la propuesta de Aznar de invitarlos a la reunión. Otro ardid que con buen criterio y responsabilidad rechazaron la mayoría de los Quince, porque habría desnaturalizado el carácter de la reunión, pasando a convertirla en deliberante en lugar de resolutiva y además habría incorporado mayor ambigüedad todavía al texto final.

Pero ha sido su lectura de las manifestaciones del 15 de febrero con la que se ha cubierto de gloria el Gobierno. Entraña algo más grave que incurrir en una tergiversación descarada del estado de la opinión pública española. Obviar el rechazo masivo a la guerra y muy concretamente a la posición mantenida por el gobierno del PP revela que la piensa seguir burlando.

La restitución del consenso europeo, con las particulares interpretaciones de que ha sido objeto al día siguiente, no será suficiente para que germine una política exterior y de seguridad común de la UE.

Era débil la unidad política europea y aún se hace más frágil con responsables como Aznar, cuya lealtad a los compromisos europeos se mantiene mientras les sirva para pasar el trago de una sesión parlamentaria doméstica, eludiendo fijar posición propia, y dura hasta que llegue al rancho tejano de Bush este fin de semana.