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Columna
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Inflación hasta en el décimo

La combinación inflación-tipos de interés en España obliga al inversor a decidir dónde destina su dinero. Santiago Satrústegui analiza todas las opciones, por otro lado, limitadas

Mientras la mayor preocupación en el ámbito económico es que las principales economías mundiales puedan entrar en una etapa de deflación, los españoles seguimos demostrando que somos diferentes y que incluso en una situación de menor crecimiento económico y a pesar de un importante empeoramiento de las expectativas, no tenemos rival si de hacer subir los precios se trata. Los libros dicen que en un entorno de debilidad económica el consumo debería moderarse y, por tanto, también reducirse el riesgo de presiones inflacionistas, pero por alguna razón, o por varias, no es la situación que vivimos en España.

Le Unión Europea ha supuesto que las decisiones sobre el nivel de tipos de interés ya no dependan del Banco de España y esto, que ha tenido un impacto muy positivo hasta ahora, se puede convertir en un problema importante si no encontramos otras fórmulas de frenar la escalada de precios.

El efecto positivo en el reciente corto plazo ha tenido que ver con la posibilidad de mantener un nivel de tipos bajo sin necesitar devaluar la moneda como hubiera ocurrido antes de la existencia del euro. Pero como los free lunch siempre se pagan, nos ha llegado una cuenta en forma de una inflación del 4%.

Las rentabilidades reales de los activos sin riesgo son en España, en estos momentos, negativas y pueden serlo aún más si el BCE baja los tipos de interés, presionado por la situación de la economía alemana.

En esta situación, el inversor que toma decisiones lógicas tiene que empezar a olvidarse de la seguridad de los depósitos y decidir si destina ese dinero a más consumo, lo cual es poco probable debido a la incertidumbre económica, o si lo invierte en activos donde mantenga el poder adquisitivo.

Las opciones en este caso son limitadas (bonos, acciones e inmuebles) y pasan por momentos radicalmente distintos. Los inmuebles cuentan con el favor popular, pero presentan unos precios absolutamente desorbitados, mientras que las acciones, que tienen quemado a la mayoría del personal, acaban de sufrir una corrección histórica y sus precios, aunque no sabemos si son baratos, sí sabemos que son bajos. Los bonos ofrecen rentabilidades muy bajas y tienen el riesgo de que los tipos vuelvan a subir en un escenario de crecimiento.

Para complicar más la situación, el nivel de tipos y de inflación actuales haría más interesante todavía endeudarse, ya que tendríamos que devolver menos dinero real del que nos hubieran prestado. El cóctel más explosivo sería que los inversores utilizaran esta oportunidad para financiar la compra de más viviendas para terminar de formar lo que podría ser la madre de todas las burbujas. Controlar esta situación no va a ser fácil, ya que por un lado la tentación de jugar con los ladrillos al juego de la cerilla puede ser muy grande y por otro no se terminan de identificar todas las causas que están presionando los precios al alza.

Los que minimizaron los efectos inflacionistas de la utilización del euro porque no era académico deberían empezar a reflexionar sobre su incidencia en la fijación de precios y en los hábitos de consumo, o si no, que me expliquen por qué un décimo de lotería de Navidad vale este año 20 euros cuando el año pasado valía solamente 18,03 (3.000 pesetas). ¿Comprarán menos décimos este año los españoles?

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