Latinoamérica

El economista jefe del BBVA critica el 'fundamentalismo' del FMI en Brasil

El optimismo, aunque con matices, es la actitud que mantienen los dos grandes sobre Latinoamérica. 'No es el momento de tirar la toalla', afirmó ayer José Juan Ruiz, director de la división América del Santander Central Hispano, en el Foro de Inversiones Americanas, organizado por el Instituto de Empresa en Madrid. 'Ya sea por el Nafta Tratado de Libre Comercio de América del Norte, por la política del FMI... algo va a ocurrir que va a poner a Latinoamérica en sitio (...) y los que hayan tirado la toalla se arrepentirán', pronosticó Ruiz.

Unas 660 empresas españolas tienen inversiones directas en Latinoamérica, por un total de entre 4.000-5.000 millones de euros. De ellas, un 37% se destina a Brasil, país al que los inversores han castigado por la victoria electoral del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva y la incertidumbre sobre el pago de su deuda, que alcanza los 350.000 millones de dólares.

Sebastián pidió ayer una 'reflexión internacional para que a Brasil se le deje salir de la crisis de forma heterodoxa' y criticó 'el fundamentalismo sobre la ortodoxia aplicado por el FMI en Latinoamérica', que ha causado 'muchos problemas'.

El economista jefe del BBVA abogó ayer por un impulso a la inflación en el país latinoamericano, limitada por el Fondo a un máximo del 5,5%, un punto por debajo de la previsión del Banco Central para este año. Sebastián aboga por permitir al país tener una inflación del 12%, que llegaría al 16% a finales de 2003. En su opinión, ello impulsaría el superávit primario hasta el 4,9% del PIB, por encima del 3,75% exigido por el FMI, y reduciría el peso de la deuda hasta el 55% del PIB (casi 10 puntos).

Sebastián aduce que la pérdida de confianza de los inversores se debe a los problemas de deuda, que empezaron 'antes de Lula'. En su opinión, el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso consiguió un superávit 'de baja calidad', pues se obtuvo sin recortar el gasto público, con un aumento de impuestos 'que luego pasa factura'. Además, pesa en su contra la composición de la deuda, ligada en más de un 80% a variables financieras.

Tampoco la actuación del FMI en Argentina es loable, donde el Fondo, además de dinero, 'debe aportar confianza', dijo. No obstante, Sebastián destacó la idoneidad para invertir en Argentina, donde, tras la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, se ha frenado la caída del PIB y se ha estabilizado el tipo de cambio.

El BBVA ha reducido sus beneficios un 8,9% en los primeros nueve meses del año, y el SCH, un 13,59%, ambos por los malos resultados en sus negocios en Latinoamérica.

No obstante, Ruiz defendió ayer que las caídas de valor de las acciones no son un problema de las empresas que han invertido en Latinoamérica, sino que es 'un ajuste bursátil mundial', que también se ha reflejado en el Dow Jones y en el Euro Stoxx. 'En términos relativos no hemos perdido', y justificó que ambos bancos mantenían sus posiciones en el ranking mundial por capitalización.

No obstante, Ruiz reconoció que las economías de la región son 'vulnerables' por sus 'pecados capitales¨: la baja tasa de ahorro, la dependencia del exterior y la baja calidad institucional, causantes de la volatilidad de los últimos cinco años.

Argentina, al borde de otra suspensión de pagos

El tiempo vuelve a convertirse en otra bomba de relojería para Argentina. Las negociaciones entre el Gobierno de Eduardo Duhalde y el Fondo Monetario Internacional (FMI) están sumidas en profundas divergencias en torno a las medidas a aplicar para garantizar las estabilidad económica. La fecha tope para alcanzar un acuerdo es ahora el 14 de noviembre, después de que el Banco Mundial aprobara sucesivos aplazamientos del pago de 809 millones de dólares, que vencían inicialmente hace un mes. El Gobierno argentino se niega a pagar este desembolso con las reservas en divisas del Banco Central y si no hay acuerdo con el FMI que le proporcione nuevos fondos el país incurriría en su segunda suspensión de pagos en poco más de 10 meses, esta vez con los organismos de crédito internacionales.

Así lo admitió ayer el ministro de Economía, Roberto Lavagna, en declaraciones a un programa de televisión. Este default implicaría la suspensión automática de todos los créditos internacionales que aún mantiene Argentina, procedentes principalmente del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La gravedad de la situación ha hecho que el propio Duhalde dirija ahora las negociaciones con el organismo, con las que busca postergar todos los vencimientos de deuda hasta 2003. Además, como señal de buena voluntad, el Gobierno anunció ayer que pagará los 175 millones que vencen esta semana en pagos al FMI y al BID con cargo a reservas.