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Tipos y reformas estructurales

La Reserva Federal de Estados Unidos vuelve a ser presionada por los lobbys habituales para que decida un recorte de tipos de interés en la reunión del 6 de noviembre. La economía crece a un ritmo menor de lo previsto y los augurios para el cierre del año no son positivos, según el último análisis aparecido en el Libro Beige.

Si la máxima autoridad monetaria estadounidense sucumbe a las presiones, serían ya 12 los recortes aprobados desde enero de 2001. A las Bolsas, que es lo que algunos persiguen, no les ha servido para nada y tampoco para enderezar el rumbo de la economía. No está demostrado, por tanto, que un nuevo recorte vaya a suponer un giro radical en ambos casos.

Lo que ha procurado el bajón de los tipos de interés, eso sí, ha sido la formación de dos grandes burbujas, la inmobiliaria, por el desplazamiento del dinero desde las acciones hacia estos activos, y la de la renta fija. Aquí los gestores han incrementado al máximo sus posiciones a medida que se cumplían las expectativas de nuevos recortes de tipos.

Desde el lado macroeconómico estadounidense, el desarrollo bajista de los tipos de interés ha coincidido con el paso del superávit presupuestario al déficit y al aumento de los desequilibrios comerciales.

Los analistas, que no los agitadores, consideran, de este modo, que se trata de corregir con rapidez los grandes desequilibrios estructurales de la economía de Estados Unidos más que de bajar los tipos de interés para llevarlos cerca de cero.

Hay precedentes categóricos en este sentido. El caso de la economía japonesa es, con frecuencia, despreciado por los economistas anglosajones, como si la cosa no fuera con ellos. Japón sigue postrada porque las reformas estructurales son pocas y tardías. Las Bolsas, no obstante, juegan ahora la baza de los resultados.