Psicología y experimentos en economía
Juan Tugores Ques analiza las aportaciones del psicólogo y matemático Daniel Kahneman y del economista e ingeniero eléctrico Vernon Smith, galardonados ayer con el Premio Nobel de Economía
La concesión del Premio Nobel de Economía de 2002 a Daniel Kahneman y a Vernon Smith habrá sorprendido a mucha gente. No trabajan en lo que para gran parte de la opinión pública -e incluso de parte de los economistas- es el núcleo duro de los problemas económicos, como los que diariamente encuentran los lectores en este periódico.
Pero su distinción con el Premio Nobel tiene una justificación muy importante: han contribuido a lo largo de sus amplias trayectorias a ampliar el ámbito de 'lo económico', en el caso de Kahneman conectándolo con la psicología, y en el caso de Smith creando una dimensión 'experimental' a la economía pese a las dificultades conceptuales que los metodólogos tradicionales de la ciencia atribuyen a las disciplinas humanas y sociales.
Kahneman, bachelor en Psicología y Matemáticas por la Universidad Hebrea de Jerusalén (1954) y doctor en Psicología por la de California (1961), profundizó precisamente desde su tesis doctoral sobre Un modelo analítico del diferencial semántico en el impacto de la forma de plantear y afrontar los problemas sobre las decisiones de los seres humanos, especialmente de los agentes económicos.
Kahneman ha ampliado el ámbito de lo económico al conectarlo con la psicología, y Vernon, al dar una dimensión experimental a la ciencia económica
Constató cómo una definición de racionalidad limitada a expectativas matemáticas o parámetros presuntamente fríos de la estadística no siempre eran explicaciones ni descripciones correctas, y a partir de ahí ha llevado a cabo análisis de las limitaciones y disonancias cognitivas, de la forma de enmarcar y/o presentar los problemas (la cuestión del framing), y de los elementos comparativos, a veces irracionales, pero tan consustancial al ser humano. Sus análisis suministran bases psicológicas más sólidas al análisis de decisiones, especialmente en entornos de incertidumbre o riesgo.
Desde que a mediados del siglo XIX Gossen elaboró las primeras 'leyes psicológicas del comportamiento económico' a las aportaciones de Kahneman existe un hilo conductor que recuerda el papel de la economía como ciencia humana y social, que reivindica el papel del ser humano como algo más que un 'robot calculador' y que, pese al aluvión de matematización a menudo superfluo de la economía como disciplina académica, nos permite reivindicar la economía como la más potente de las ciencias humanas y sociales, con herramientas capaces de aplicarse a otros ámbitos de la vida, conformando así lo que algunos consideran un 'imperialismo' de la economía y que, en mi opinión, es más bien un paso en la necesaria recuperación de una cierta unidad sustancial de las ciencias humanas y sociales.
Vernon Smith, por su parte, es bachelor en Ingeniería Eléctrica por el Instituto Tecnológico de California (1949) y doctor en Economía por Harvard (1955). Es el padre de la 'economía experimental', de los 'laboratorios de experimentación en Economía', lo que para algunos es casi una contradicción en los términos (aunque tal vez otros pensarían que algunas experiencias de política económica en Latinoamérica -Argentina incluida- y algunos países del este de Europa en la transición a economías de mercado han sido gigantescos y a menudo crueles experimentos).
Pero Smith y sus colaboradores han ido refinando el diseño y análisis de la toma de decisiones en grupos 'controlados', así como de su interacción para simular o tratar de reproducir los resultados de mercado, o eventualmente analizar por qué no se reproducían, contingencia en la cual la capacidad y/o habilidad negociadora, es decir, el 'poder negociador', ha ido adquiriendo un peso relevante. Ciertamente, el gran tema de debate ha sido la fiabilidad de estos 'experimentos' desde la perspectiva de hasta qué punto los incentivos de los sujetos objeto de seguimiento controlado tienen los incentivos adecuados para comportarse exactamente igual que en la vida real o las condiciones de mercado.
Los incentivos monetarios a los participantes han sido una vía de salida usual, pero la discusión continúa abierta. En todo caso, volviendo a sus orígenes, en los noventa ha participado activamente in situ en los debates acerca de las privatizaciones del sector eléctrico en Australia y Nueva Zelanda, así como en el seguimiento de los procesos desregulatorios del sector de la energía en EE UU, tratando de aplicar sus investigaciones de laboratorio. Su aplicabilidad a los debates en España y la UE sería un tema abierto que tal vez el impulso de popularidad o al menos de curiosidad del Nobel de este año podría propiciar.