Política

La indecisión de Aznar agita las aguas del PP

El horizonte de otoño de 2003 pensado por José María Aznar para la elección de su sucesor comienza a llenarse de nubarrones por los movimientos internos de los aspirantes mejor colocados, destinatarios del malestar que aflora en el PP por los errores de estrategia acumulados por el presidente del Gobierno en los últimos meses y el cambio de tendencia de las encuestas.

La preocupación que antes de las vacaciones de verano latía en el partido por el sesgo de los estudios demoscópicos, corroborado en agosto por el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, no sólo no ha remitido sino que ha derivado en una crítica cada vez menos soterrada a la estrategia decidida por José María Aznar en áreas de alta sensibilidad electoral.

La indefinición ante la sucesión, el momento elegido para la última remodelación de Gobierno, la derrota del presidente en el debate del estado de la nación que impulsó la recuperación de José Luis Rodríguez Zapatero, la continuidad del acoso al nacionalismo en el País Vasco, los fastos que han rodeado la boda de su hija Ana, la visible soledad del PP en el rechazo a una ley integral contra el maltrato a las mujeres y, más en caliente, la sumisión incondicional al presidente norteamericano George Bush en el conflicto con Irak son algunos de los reproches que se hacen directamente al presidente dentro de Génova, 13, y en altas instancias de poder.

Las críticas de mayor calado que circulan entre los distintos sectores del PP tienen que ver con la incertidumbre sobre la sucesión. Cuando Aznar anunció su retirada, algunos dirigentes de su partido consideraron ya contraproducente tener un presidente 'en funciones' durante cuatro años. Ahora, ya hablan sin preámbulos de 'equivocación'.

'El PSOE dispone ya de un líder definido. Nosotros trasmitimos una imagen de indefinición, de intrigas sucesorias y de relativa parálisis gubernamental, agravada, además, por el pasotismo aparente del presidente', se comenta en el grupo parlamentario y en el Ejecutivo.

Regreso a la arena política

Pese al esfuerzo que Aznar ha prometido hacer en los próximos meses para regresar a la arena política -tiene previsto aumentar su contacto con la prensa, recorrerse todas las comunidades autónomas y participar en las convenciones que le ha organizado el PP-, la inquietud en su partido es tal que algunos de sus responsables plantean ya abiertamente un cambio obligado de objetivos. Si hasta junio pasado la prioridad consistía en elegir al nuevo presidente del Gobierno, ahora la estrategia debería orientarse 'a buscar un buen candidato para ganar las elecciones', mantienen.

Aunque el temor a una derrota electoral sin paliativos todavía parece remoto, incluso entre los sectores más críticos, sí se contempla cada vez con mayor realismo la posibilidad de perder la mayoría absoluta, una circunstancia que, para muchos, está directamente ligada al mal planteamiento del proceso sucesorio. Y ello, a pesar de que se comparte la esperanza de que la campaña de las legislativas de 2004 gire en torno al conflicto vasco, convertido por el PP en una especie de granero de votos fuera de Euskadi, aunque el PSOE ya ha dado muestras suficientes de que en este asunto no se dejará dar el 'abrazo del oso', recuperando margen de maniobra para desgastar al Gobierno en sus puntos más débiles.

En relación con la propia cuestión vasca, cada vez son más numerosos dentro del PP los que piensan que el Gobierno ha confundido la firmeza con la intransigencia y que ha convertido al PSOE en la única fuerza de ámbito nacional capaz de entenderse con el PNV para resucitar el desaparecido espíritu de Ajuria Enea.

Todos estos antecedentes llevan a los diferentes sectores del partido -desde el antiguo lobby que se mueve cerca de La Moncloa a los democristianos, pasando por los liberales e independientes- a pensar que los acontecimientos obligarán al presidente a anticipar el calendario de la sucesión y a elegir el candidato inmediatamente después de las municipales y autonómicas de mayo, en todo caso antes del otoño de 2003.

No obstante, los dirigentes del PP consultados son conscientes del riesgo que correría Aznar en estos momentos si mostrara abiertamente su predilección por cualquiera de los aspirantes a la sucesión, no sólo porque cercenaría su propia autoridad dentro y fuera del Consejo de Ministros sino porque facilitaría la tarea al PSOE, obligado todavía a descargar su artillería contra varios candidatos a la vez.

Rato y Rajoy, en la primera línea de salida

Cada vez gana mayor peso en los círculos de influencia del PP el convencimiento de que el sucesor de Aznar será elegido previa negociación de los principales aspirantes -Mariano Rajoy, Rodrigo Rato y Jaime Mayor Oreja-, el único método que facilitaría una unión interna duradera. También hay coincidencia en que pesará la opinión de Aznar y que ésta se verá muy condicionada por las encuestas, es decir por el nivel de popularidad que conserve cada uno de los aspirantes llegado el momento. El vicepresidente segundo, Rodrigo Rato, ha regresado de vacaciones con el mensaje de que va a tomar la salida en la carrera de la sucesión. Al menos así ha sido interpretada dentro de su partido la primera de sus intervenciones públicas. Sus posibilidades de ser aupado al cartel electoral condicionarán muy directamente las del vicepresidente primero, Mariano Rajoy, que es de todos los candidatos potenciales el que acumula menos desgaste político. Sobre las oportunidades de Jaime Mayor Oreja, las opiniones están divididas. Hay quien considera dentro del PP que el apoyo que está recibiendo del secretario general, Javier Arenas, y del sector democristiano llega demasiado pronto y le está perjudicando. Su enfrentamiento con el nacionalismo vasco jugaría en su contra en el hipotético escenario de un Gobierno sin mayoría absoluta. La opción de Ángel Acebes se considera sólo en el supuesto de que las encuestas anticiparan una amplia mayoría para el PP. Hay también consenso en descartar a Alberto Ruiz-Gallardón y Eduardo Zaplana.