La hora de los obreros

Ha sido imposible que Jane Beasley Welch, futura ex mujer del ex presidente de General Electric, Jack Welch, llegara a un acuerdo amistoso de divorcio así que la semana pasada puso a disposición del juez todos los papeles que demostraban que ella podía, merecía y debía recibir más de su marido. Tras 13 años de matrimonio, a la señora Welch no le bastan 35.000 dólares mensuales porque la pareja gastaba tres veces esa cantidad como mínimo. Jane Beasly ha admitido no saber cuantificar cuanto más porque la mayoría de sus facturas domésticas y de ocio las paga GE.
En EE UU, donde ya se han visto todo tipo de excesos en las retribuciones de directivos (tengan éxito o no), el acuerdo de Welch con GE ha dejado sin habla a los más tolerantes con este tipo de retribuciones. The New York Times citaba a Nell Minow, una experta en el gobierno de las empresas que de considerar modélico el acuerdo de retiro de Welch cree que es 'alucinante que incluso las flores que compre las paguen los bomberos, profesores pensionistas, accionistas de GE sin saberlo'.
Pero los escándalos empresariales han abierto los ojos a muchos pensionistas y trabajadores que empiezan a preguntarse por qué ellos representan el papel más duro en el actual escenario de crisis, no sólo por la destrucción de empleos sino por el empeoramiento de los beneficios laborales (sobre todo por el aumento del coste del seguro médico), la reducción o desaparición de los días de vacaciones pagadas, algo que no es obligatorio en EE UU aunque muchas empresas lo contemplan, y la reducción si no la pérdidas de pensiones (invertidas en Bolsa).
La semana pasada se celebró el Día del Trabajo, una jornada cuyo mayor contenido es marcar el fin del verano. Pero en este día se conocieron dos estudios sobre el estado de la clase trabajadora hechos por obreros empleadores. Las conclusiones de ambos son similares.
La primera es que con el desempleo en cotas históricas y los contratos más precarios, las plantillas dan muestra de una ansiedad y enfado inusual espoleado por los escándalos. Son pesimistas en cuanto a la evolución de la economía, dudan de la capacidad de los directivos y empiezan a tener una opinión cada vez más favorable de los sindicatos. Stephen Hirschfeld, consejero delegado de Employement Law Alliance (especializados en representar a empresas en cuestiones laborales) aseguraba que el hecho de que el 58% de los entrevistados en su estudio apoyen a los sindicatos para proteger sus intereses, 'es un importante cambio de percepción'.
Un 73% de los encuestados creen debería ser obligatoria la representaciónde los trabajadores en los consejos de administración. Para su sorpresa, los sindicatos han encontrado que la mitad de los trabajadores que no pertenecen a una organización de este tipo lo haría si pudieran, un 8% más que hace un año.
Los agravios comparativos no han hecho más que ampliarse y The Economic Policy Institute, un grupo de presión de izquierdas asegura en su análisis 'El Estado de la America Trabajadora' que las diferencias salariales entre trabajadores ricos y trabajadores pobres se han ampliado después de que se redujeran en los noventa. Hirschfeld comentaba que la mayor parte de las empresas no quieren que sus trabajadores se organicen, 'pero tienen que aportar soluciones'. Una de ellas podría ser acabar con pactos como el de GE con Welch. Pero eso no va a poder ser porque este acuerdo es irrevocable.