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Revista de Prensa

Una visita rodeada de muchas urgencias

Aunque modestas, esas expectativas de Argentina, ante el viaje de Paul O'Neill, secretario de Estado de EE UU no son menos urgentes que las de Brasil o Uruguay. Argentina negocia con el FMI bajo la presión de plazos cada vez más cortos. Y el escollo más próximo en el horizonte es el vencimiento de 2.800 millones de dólares que debe enfrentar en septiembre. Esa suma equivale casi a un tercio de las reservas del Banco Central. Perderlas significaría arriesgarse a una escapada del precio del dólar y una consiguiente estampida inflacionaria. Y para varios hombres del Gobierno este es un argumento más que suficiente como para analizar la conveniencia de no pagar si llegada esa fecha todavía no se firmó el acuerdo con el Fondo.

Los funcionarios de Economía recuerdan que de los 5.000 millones de dólares de reservas que se perdieron en lo que va del año, la mitad fue por pagos a los organismos para no caer en default suspensión de pagos (...). Sin embargo, aunque la cesación de pagos se evitó a costa de una fuerte sangría de reservas, aún no se vio una contrapartida concreta del FMI, que sigue exigiendo un plan económico 'sustentable'.

Los directivos del Fondo encargados del caso argentino continúan ensayando posturas de dureza inusual en la negociación. En ese sentido, parece estar claro que la decisión es someter al país a un tratamiento ejemplificador, como represalia por haber dejado de honrar sus compromisos con los acreedores.

Por estos factores, entre otros, las expectativas oficiales sobre los resultados de la visita de O'Neill son acotadas. Suponen que solamente dejará palmadas en el hombro del Gobierno, como hizo en Brasil.

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