EDITORIAL

Giro radical en Telefónica

El presidente de Telefónica, César Alierta, provocó ayer, dos días antes de completar su segundo año al frente de la primera compañía española, una sacudida en la estructura y los proyectos del grupo al adoptar decisiones de gran calado. En primer lugar ha decidido congelar las inversiones de UMTS, el teléfono móvil del futuro, como fórmula para parar la sangría en los resultados. Ello le ha llevado a efectuar un enorme ajuste contable en la filial de móviles y, por consecuencia, en las cuentas consolidadas del grupo, que también se han visto afectadas por ajustes de las inversiones latinoamericanas. El resultado son unas pérdidas de 5.574,2 millones de euros (927.468 millones de pesetas) en el primer semestre. La cara positiva es el importante crecimiento del cash flow, lo que le ha permitido reducir en 5.000 millones la deuda, un factor que penaliza gravemente la cotización en Bolsa. La cirugía aplicada permitirá soltar lastre y generar beneficios en el segundo semestre. La acción, tras un sesión de severas pérdidas en la Bolsa de Madrid, abrió fuertemente al alza en Nueva York.

La decisión de congelar el UMTS supone dar marcha atrás en una de las actividades sobre las que Telefónica había montado su desarrollo futuro. El retraso de la tecnología, el alto precio que se pagó en algunos casos por las licencias y las trabas impuestas por algunos Gobiernos han obligado a abandonar, al menos por unos años, esa estrategia. A ello se añade el hundimiento del valor, una de las grandes obsesiones de Alierta. Las acciones de Telefónica han perdido el 42,41% en lo que va de año.

La primera operadora de telecomunicaciones española ha dado un giro de 180 grados no sólo en lo referido a la telefonía móvil UMTS. La compañía hizo ayer otro anuncio importante, la vuelta al dividendo, lo que rompe una línea marcada en su día por Juan Villalonga, que defendía que la mejor retribución para los inversores era la revalorización de la acción. Los tiempos de la burbuja bursátil han pasado y cada vez se está imponiendo más la tesis de que la recuperación de la Bolsa -grandes medidas de control y disciplina sobre las decisiones de los gestores al margen- tiene que venir de la mano de ofrecer al mercado algo más que espectaculares previsiones de crecimientos anuales. Los inversores quieren algo palpable y sólido como el dividendo.

Los cambios de estrategia han venido acompañados de una amplia remodelación de la cúpula directiva del grupo. Tal vez el cambio más llamativo haya sido el relevo al frente de Telefónica Móviles. Luis Lada cede la presidencia ejecutiva a Antonio Viana, hasta ahora responsable de Telefónica Internacional, a quien curiosamente sustituye el anterior director financiero, José María Álvarez Pallete. Lada pierde el control de Móviles, pero se hace cargo de la estrategia, el desarrollo corporativo y los marcos regulatorios, lo que le convierte en el teórico número tres del grupo.