COLUMNA

Una radiografía de la economía española

Antes del euro, un problema serio de balanza de pagos era un certificado de desahucio para la economía española. Un desequilibrio persistente en la balanza corriente generaba desconfianza sobre la peseta, alteraba la política monetaria y era el comienzo de un proceso de ajuste en un marco de turbulencias. Desde que entramos en el euro las cosas han cambiado.

Ahora la balanza de pagos es solamente una radiografía de la economía. No es fuente de problemas, sino un instrumento para el diagnóstico. Su examen nos permite saber cómo van nuestras ventas en el exterior, el pulso de las importaciones, la rentabilidad de nuestras inversiones y la confianza de los extranjeros en nuestra economía.

Concretamente, en las radiografías facilitadas por el Banco de España esta semana -la balanza de pagos del año 2001 y la del primer cuatrimestre de 2002- se observan numerosas manchas cuya malignidad o benignidad habrá que confirmar utilizando otros diagnósticos adicionales.

La radiografía de la balanza de pagos de 2001 muestra cómo la economía española registró, por tercer año consecutivo, un desequilibrio fuerte entre los flujos de ahorro e inversión. El desequilibrio fue algo inferior al de 2000, pero no cabe alegrarse porque ese menor desequilibrio se debió en buena parte a que el crecimiento de la inversión descendió notablemente.

El déficit de la balanza corriente también mejoró en 2001 gracias al menor saldo negativo de la balanza de mercancías, pero tampoco cabe alegrarse mucho porque, cuando se calcula el déficit de mercancías en términos reales, se observa que el déficit aumentó, ya que la mejora del saldo nominal se debió al cambio en la relación real de intercambio. El saldo turístico, medido en términos de PIB, no aumentó durante el año 2001 por primera vez en muchos años. Finalmente, la balanza de rentas empeoró en relación al año 2000.

En lo que se refiere a las cifras del primer cuatrimestre del año 2002, la imagen que proporciona la radiografía ha empeorado notablemente en relación a la del año pasado. Los ingresos por exportaciones de bienes han caído este año alrededor del 2%.

Y si nos fijamos en nuestra principal industria, el turismo, la caída de los ingresos ha sido de un 6%.

Con todo, lo más preocupante es lo que está sucediendo en la balanza de rentas, cuyo déficit aumentó en un 47%. Los ingresos por nuestras inversiones han caído un 21%, mientras que los pagos se han mantenido en el mismo nivel que el año pasado.

Las inversiones extranjeras directas en España, que ya cayeron el año pasado en relación a 2000, han vuelto a caer en el primer cuatrimestre. Y aunque el saldo de inversión directa mejora notablemente, ello se consigue gracias al hundimiento de nuestras inversiones en el exterior, que ya habían caído en 2001 a la mitad de las registradas en 2000 y que, en el primer cuatrimestre, ha sido casi un tercio de las realizadas en el mismo periodo del año pasado.

Una radiografía no basta para hacer un diagnóstico completo del enfermo. Para ello hay que emplear otros indicadores de coyuntura, pero no deja de preocupar que en la radiografía que nos ha facilitado el Banco de España se vean tantas manchas en la economía española. Manchas en las exportaciones, manchas en el turismo, manchas en las inversiones extranjeras en España, manchas en las inversiones en el exterior, manchas en el rendimiento de nuestras inversiones...

Si no estuviéramos dentro del euro, las cifras facilitadas por el Banco de España nos hubieran trasladado a un mundo de turbulencias financieras. Pero felizmente estamos dentro del euro, lo cual no significa que lo mas recomendable sea tirar la radiografía a la basura y seguir alegres y confiados.