Editorial

El triunfo del proteccionismo

El próximo director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a partir del 1 de septiembre, Supachai Panitchpakdi, apuntaba en una reciente visita en Madrid que las negociaciones de liberalización comercial permanecerían estancadas hasta el próximo mes de noviembre. Y, desgraciadamente, todo apunta a que sus pronósticos se van a cumplir, a la vista del retraso que ya acumula la agenda pactada en la Cumbre de Doha, en noviembre pasado.

Supachai hacía referencia, así, al proteccionismo que ha impulsado la Administración estadounidense a su política comercial que tiene un marcado carácter electoral. Será en noviembre próximo cuando Estados Unidos celebre elecciones legislativas para la renovación parcial del Congreso y en ellas George Bush se juega alzarse con la mayoría en ambas Cámaras. El empate técnico que las encuestas otorgan a republicanos y demócratas ha llevado a Bush a poner toda la maquinaria gubernamental al servicio de sus intereses electorales. Son estos intereses los que explican los aranceles impuestos a la importación de acero y la vuelta a los subsidios a la producción incorporados en la nueva Ley Agrícola.

Esa batalla electoral es también la que impide un acuerdo entre la Cámara de Representantes y el Senado para otorgar a Bush plenos poderes para negociar acuerdos comerciales. La ley, antiguamente conocida como fast track, ha sido aprobada por ambas, pero en versiones tan opuestas que resultan difíciles de conciliar. Sin esos poderes los países en desarrollo rechazan firmar un acuerdo comercial que puede quedar desvirtuado por el Congreso, a través del trámite de enmiendas.

Como resultado de esta política, la amenaza de guerra comercial entre EE UU y la Unión Europea sigue latente. La Comisión hará pública hoy su decisión sobre si recomienda o no la aplicación de sanciones contra Washington por los aranceles al acero, dado que las exenciones aprobadas por EE UU para determinados productos son consideradas 'manifiestamente insuficientes' por Bruselas. La medida, respaldada por los estatutos de la OMC, pone en evidencia las fisuras en el seno de los Quince. El Reino Unido y Alemania rechazan un enfrentamiento abierto con Estados Unidos en materia comercial y han vetado cualquier propuesta de represalia lanzada por la Comisión. EE UU, que ya contaba con estas divisiones, sigue, pues, adelante con sus planes, mientras los Quince se muestran incapaces de cumplir sus amenazas.

Con estas premisas, los negociadores de la OMC se resisten a hacer concesiones para liberalizar sus mercados cuando la mayor economía del mundo hace justamente lo contrario de lo que proclama. Como denunciaba el representante de México, se trata de garantizar que las reglas del juego comercial funcionan para todos y que los países más poderosos no recurren al 'proteccionismo discrecional'.