Secretos de despacho

Arte y orden en L'Oréal

El presidente español de la firma de cosmética, Carlos Martínez Massa, trabaja rodeado de los cuadros ganadores del certamen de pintura que organiza. Todo tiene que estar en su sitio y nadie le puede dar un 'no' por respuesta

Pide a su lugar de trabajo que sea confortable y acogedor. El presidente de L'Oréal, Carlos Martínez Massa, pide, además, que todo esté en orden porque 'las cosas están hechas para ocupar su sitio'. Lo primero que hace nada más llegar a su despacho, donde pasa una media de 10 horas cada día, es reordenar los papeles, 'siempre echo un vistazo para ver cómo están las cosas'. Como si siguiera un ritual, enciende el ordenador, le echa un vistazo a la prensa y comienza a trabajar. Ocupa este puesto desde hace seis años, aunque trabaja en L'Oréal desde hace 26. Su principal aportación como alto ejecutivo cree que ha sido una labor de continuidad.

'Uno de los secretos de esta compañía es el de que con más de un siglo de existencia sólo ha tenido a nivel mundial tres presidentes. Esto demuestra que es una sociedad dinámica y moderna, que guarda y retiene unos valores que son el denominador común de la compañía', explica. Por tanto, califica su gestión como de continuidad, aunque advierte que siempre han procurado adaptarse a los tiempos. 'Nos hemos modernizado, pero sin perder las tradiciones, esa manera de ver las cosas'. Y explica que, a pesar de ser una empresa con 50.000 empleados, 'todos los colaboradores de la compañía tienen nombre y apellidos'. Agrega que cuando un trabajador tiene un problema, es de todos, aunque 'eso no impide que la sociedad sea exigente, sin perder de vista el valor de sus empleados'. Martínez Massa lo tiene claro, la empresa vale lo que valen sus colaboradores.

En el despacho tiene un retrato del fundador de la compañía, varias fotografías relacionadas con la intensa actividad de mecenazgo y de apoyo a la investigación y el desarrollo que desarrolla L'Oréal, entre las que se encuentra el premio concedido a la científica Margarita Salas. 'Todas las fotografías están relacionadas con el mundo de la mujer y para mí tienen connotaciones afectivas'. De su familia, ni rastro. Lo explica: 'Mi vida se divide en tres aspectos, trabajo, familia y aficiones, entre las que se encuentra el barco, los caballos y el golf. Me perturba mezclar el ocio y la familia con el trabajo'. Tampoco lleva tarea pendiente a casa.

Exhibe en las paredes de su despacho un repertorio de cuadros de arte contemporáneo que han recibido el premio de pintura L'Oréal. Se trata de una iniciativa que la compañía engloba dentro de un compromiso con la sociedad en general. 'No queremos ser una empresa que se dedica sólo a fabricar productos de cosmética, queremos devolver a la sociedad, a través de este concurso de pintura, programas de desarrollo de la mujer y la ciencia, de disminuidos, lo que nos ofrece. Eso no es incompatible con ganar dinero', explica Martínez Massa. L'Oréal invierte al año 420,7 millones de euros en investigación y desarrollo y dispone de 2.700 profesionales dedicados a esta tarea, en su mayoría mujeres. La facturación en España es de 668 millones de euros. La plantilla es de 2.266 personas. Como directivo, señala que es exigente, tiene apariencia de ello y de ser muy serio; no le gusta un no por respuesta. 'Difícilmente lo soporto. Creo que todo tiene solución, es cuestión de constancia, prefiero un sí condicionado'.

Carlos Martínez Massa es licenciado en Económicas y con 29 años llegó a L'Oréal como responsable de control de gestión. En 1982 fue nombrado director administrativo financiero de la sociedad Procasa.

El bolígrafo de su madre

Lleva siempre a mano un bolígrafo muy especial. Se lo regaló su madre hace 42 años y desde entonces no ha dejado de utilizarlo. Es más que un regalo. Ha acompañado a Carlos Martínez Massa a lo largo de su trayectoria profesional. 'En todo este tiempo han cambiado muchas cosas, la decoración, el uso del ordenador, pero este bolígrafo siempre me recuerda que he tenido mucha suerte'. Y da gracias por, 'en un mundo repleto de dramas, vivir en un país occidental moderno con una calidad de vida razonable; pedir más sería egoísta por mi parte'.