Consejo europeo

El consejo intentará disipar las dudas sobre el Pacto de Estabilidad

El Consejo de Barcelona permitió reavivar el proceso de reformas estructurales iniciado en Lisboa, aunque Francia impuso sus límites en puntos claves como la liberalización energética. El de Sevilla tendrá como principal reto económico disipar las dudas sobre el cumplimiento de un Pacto de Estabilidad y Crecimiento que se ve amenazado por la desaceleración económica y las promesas electoralistas hechas de países como Francia y Alemania.

La presidencia española llega al Consejo de Sevilla con algunos logros importantes en el terreno económico: desde la exitosa entrada en circulación del euro hasta los avances conseguidos en integración financiera, pasando por el impulso dado a los proyectos Galileo y cielo único o el pacto sobre fiscalidad de carburantes.

En el camino, quedaron, sin embargo, algunos proyectos que eran considerados prioritarios por España como la creación de un banco europeo de desarrollo para el Mediterráneo.

En cuanto a las reformas en el mercado de la energía, avanzan, pero al ritmo marcado por Francia: liberalización parcial (sólo para clientes empresariales) a partir de 2004. Además se ha alcanzado un compromiso para elevar la capacidad de interconexión eléctrica hasta el 10% de la producción.

De cara al Consejo de Sevilla, los Quince tendrán que revisar los mandatos dictados en Barcelona. Pero el principal reto será atar un acuerdo sobre las Orientaciones Generales de Política Económica (GOPE) de los Quince, de cara a cumplir los objetivos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Bloqueo de Francia

El ministro de Economía, Rodrigo Rato, intentará atar un compromiso en el Ecofin del día 20 para que las GOPE puedan ser aprobadas formalmente en Sevilla. El acuerdo estaba previsto para el 3 de junio en Luxemburgo, pero entonces no fue posible cerrarlo porque Francia no estaba en condiciones de asumir compromisos firmes de ajuste presupuestario justo antes de las elecciones legislativas que concluyeron ayer.

El presidente Jacques Chirac y el Gobierno conservador que ha llevado las riendas del país desde la renuncia del socialista Lionel Jospin han hecho generosas promesas de bajada de impuestos que dificultarán el cumplimiento del mandato para dejar el presupuesto 'cerca del equilibrio' en 2004. Además, han sugerido que pedirán que se retrase esta fecha hasta 2007, contradiciendo así las promesas hechas en Barcelona.

Portugal también afronta serias dificultades para cumplir los objetivos de reducción de déficit y el Reino Unido objeta el concepto mismo de límite nominal de endeudamiento público (cree que éste debe adaptarse a la realidad económica de cada país).

En cuanto a Alemania, estuvo a punto de ser reprendida (al igual que Portugal) por desviarse excesivamente del objetivo de reducción del déficit y la campaña para las elecciones de septiembre también está sembrando dudas sobre si cumplirá o no sus compromisos. El canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, reconoció en mayo que los ingresos fiscales serán muy inferiores a lo previsto en el periodo 2002-2004. Y el candidato conservador, Edmund Stoiber, ha prometido importantes rebajas impositiva para impulsar el crecimiento.

Las señales son, pues, inquietantes. Pero la presidencia española confía en que todo quede en meros alardes electoralistas y los Quince reiteren en Sevilla su firme compromiso con el Pacto de Estabilidad.