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De la manzana mordida a la animación

El presidente de Apple y Pixar es una persona ambiciosa y difícil, criticado por sus compañeros de trabajo y admirado por sus rivales. Capaz de reflotar cualquier empresa, no ha conseguido silenciar a malas lenguas que le tildan de déspota, intolerante y dañino

Al visionario y controvertido Steve Jobs no le bastó con crear en un garaje junto a Steve Wozniak el primer ordenador personal, fundar posteriormente el gigante Apple en 1976, abandonarlo en 1985 para embarcarse en otro proyecto empresarial y sacarlo de la bancarrota 20 años después de iniciar su relación de amor con la compañía informática. A mitad del camino fundó junto a John Lasseter Pixar Animation Studios, la compañía de animación de dibujos animados que revolucionó el panorama audiovisual en 1995 con el estreno de Toy Story, la primera película realizada íntegramente con ordenadores. Ese trabajo mereció una mención de la Academia de Cine de Hollywood a Lasseter por 'su inspirado liderazgo en la creación de la primera película por ordenador'. Desde esa fecha, la productora ha estrenado tres películas (Bichos, Toy Story 2 y Monstruos SA), que han recibido el apoyo unánime de la crítica, un alud de premios y ha creado un serio dolor de cabeza a otro visionario del celuloide, Steven Spielberg, máximo responsable de DreamWorks, productora de películas como El príncipe de Egipto o Antz.

El éxito del modelo de negocio de Pixar se ha basado en una política de no agresión con sus rivales. Esa estrategia pacifista fue la que le llevó a firmar en 1991 un acuerdo con la todopoderosa Disney, en el que esta última se comprometió a cofinanciar las películas y a cambio se quedaba con la exclusiva de la distribución y obtenía parte de los beneficios generados por la venta de artículos promocionales de las películas (gorros, muñecos...). El negocio ha sido redondo para las dos compañías: las tres películas han obtenido una recaudación de 1,2 billones de dólares y han acabado con la leyenda maldita que oponía películas animadas y rentabilidad. Sin embargo, el acuerdo con Disney parece tener los días contados por los rumores que apuntan a un nuevo acuerdo con Lucas Films, la productora de George Lucas, que estaría pensando en hacer una oferta sensiblemente mejor a la de Disney. Prueba de la buena amistad entre Lucas y Jobs fue la inclusión de un promocional de Episodio II: el ataque de los clones en Monstruos SA y que la próxima película de Pixar (Encuentra a Nemo), cuyo estreno está previsto para el verano de 2003, no está sujeta ya al acuerdo con Disney.

Otra muestra del talante de no agresión de Jobs se produjo cuando fue llamado a filas en 1997 para intentar sacar de una crisis casi definitiva a Apple. Su primera aparición pública se produjo en una feria tecnológica en Boston, en la que tras ser aplaudido y vitoreado por sus propios trabajadores, anunció que Microsoft iba a invertir 187,5 millones de euros en la compañía. Sus propios empleados manifestaron su malestar con abucheos y gritos, a los que Jobs respondió con rotundidad: 'Tenemos que acabar con la idea de que para que Apple viva Microsoft tiene que morir; ambas compañías se necesitan, ya que Microsoft es el principal fabricante de programas para Macintosh'. El tiempo le ha vuelto a dar la razón y Jobs ha vuelto a colocar a Apple entre las cinco grandes de la informática.

Sin embargo, no todo son luces en la biografía de este profesional de 45 años nacido y criado en Silicon Valley. Las sombras las han aportado dos libros que no dejan precisamente bien parado al creador del Macintosh. The Second coming of Steven Jobs es una biografía no autorizada, editada a finales de 2000 y escrita por Alan Deutschman, que presenta la cara oscura del presidente de Apple y Pixar, 'un narcisista inseguro y tiránico, encantado de humillar a sus empleados siempre que puede, que implantó un sistema de terror a su vuelta en Apple y un clima de lucha constante en Pixar por imponer su autoridad a unos empleados completamente entregados a Lasseter'. Por su parte, Jim Carlton, periodista del Wall Street Journal escribió Apple: una historia de intriga, egomanía y meteduras de pata', en el que desvelaba las verdaderas razones de algunos desencuentros de Jobs con colegas del trabajo.

Así revela que Wozniak, cofundador de Apple, no dejó la compañía para buscar nuevos proyectos, sino que simplemente 'no podía soportar a Jobs, ya que le consideraba un tipo insultante y muy dañino' o que el presidente de Apple asaltaba a sus empleados y les pedía que justificaran su trabajo en medio minuto y si no lo hacían eran despedidos. Según Carlton, 'Jobs tiene una doble personalidad, que le puede llevar a ser un genio de la creatividad que puede seducir y empujar a sus ingenieros para que lleguen a sus límites intelectuales, o una persona muy cruel, gritando a sus subordinados o despidiendo gente a voluntad'. Ese talante se resume en la frase que le dijo a John Sculley, presidente de Pepsi, cuando le convenció para comandar la revolución Apple a principios de los ochenta: '¿Quieres pasarte el resto de tu vida vendiendo agua con azúcar o quieres cambiar el mundo?'.