Guerra comercial

La subida de los aranceles al acero en EE UU desata una oleada proteccionista

El comisario de Comercio de la Unión Europea, Pascal Lamy, confirmó ayer que llevará el conflicto ante la Organización Mundial del Comercio, denuncia a la que probablemente se unirán Japón, Brasil, Corea del Sur y China. Las consecuencias de las medidas se prevén graves. Bruselas teme que todo el excedente de producción de otros países que no entre ahora en EE UU llegue a Europa. La salida: cerrar los mercados. Una vuelta al proteccionismo que ya se baraja

La condena a la subida de los aranceles a la importación del acero fue ayer unánime. La UE, China, Japón, Rusia, Corea del Sur y Brasil estallaron en críticas ante la decisión de la Administración de George Bush. Adjetivos como 'miope', 'lamentable', 'equivocada', 'injustificada' o 'inaceptable' calificaron la iniciativa de gravar con aranceles de entre el 8% y el 30% al acero que entre en EE UU.

'El mercado mundial del acero no es el lejano oeste', espetó el comisario de Comercio de la UE, Pascal Lamy, quien confirmó que denunciará el asunto inmediatamente ante la OMC. 'Existen reglas (...) y, a diferencia de los norteamericanos, nosotros respetamos el marco multilateral que hemos suscrito'. El comisario se reservó además el derecho de proteger el mercado europeo imponiendo trabas a las importaciones.

Bruselas teme que más de nueve millones de toneladas de acero, procedentes de los países afectados por las medidas de EE UU, inunden a partir del 20 de marzo el mercado europeo. 'Vamos a hacer todo lo posible para proteger nuestra industria', dijo Lamy, que alertó sobre una oleada de proteccionismo en el comercio mundial.

Rusia se sumó a la posibilidad de cerrar su mercado, arguyendo que la decisión de EE UU le supondrá unas pérdidas anuales de 400 millones de dólares (460 millones de euros), informa Efe.

'Cuando EE UU se ha encontrado en un conflicto entre la presión interna y las reglas internacionales ha optado por ceder ante la primera', acusó Lamy. Bush actuó presionado por la industria del acero de su país, que acumula 31 quiebras desde 1997 y exigía aranceles del 40%. Pero también contó la conveniencia política. El presidente opta a conseguir los escaños para la Cámara de Representantes de tres Estados productores de acero: Virginia Occidental, Ohio y Pensilvania. La Comisión Europea asegura que la industria del acero estadounidense 'no es competitiva' y ése es el único origen de esta guerra comercial.

EE UU prefiere definir los aranceles como una 'salvaguarda' (medida permitida por la OMC cuando está en peligro una industria). En noviembre ya advirtió que adoptaría medidas para proteger a su industria de la subida de las importaciones. No obstante, la UE mantiene que las exportaciones de acero a EE UU cayeron un 25% en los primeros nueve meses de 2001. Japón, Corea del Sur, China y Brasil (que valora las pérdidas en 100 millones de dólares, 115 millones de euros) mostraron también su indignación y estudian sumarse a la denuncia de la UE ante el organismo.

Dentro de la UE, Alemania, Reino Unido, Francia y España lanzaron sus críticas por separado. Alemania es el mayor productor de acero de la UE y el año pasado exportó a EE UU 1,6 millones de toneladas.

Según el ministro alemán de Economía, Werner Müller, de dichas exportaciones 1,2 millones de toneladas se habrían visto afectadas por los nuevos aranceles. Por su parte, el primer ministro británico, Tony Blair, el mayor aliado de Bush en Europa, respondió que la iniciativa era 'inaceptable y equivocada'.

Rodrigo Rato, presidente de turno del Ecofin de la UE, tachó de 'grave' la medida, que causará 'distorsiones muy considerables' en el comercio internacional.

En Ginebra, sede de la OMC, las críticas llovían también por parte de los países en desarrollo. Presionados por EE UU para que reestructuren los sectores que no aportan beneficios y que abran su mercado al exterior, ven ahora como Bush cierra sus fronteras para proteger a su industria.

Las críticas a las nuevas medidas se multiplican también dentro de EE UU, donde los fabricantes de automóviles, entre otros, se verán perjudicados por un aumento de precios que afectará, en última instancia, al consumidor.

Un margen para acometer la reestructuración, según O'Neill

El secretario del Tesoro de EE UU, Paul O'Neill, aseguró ayer que la medida adoptada por el presidente George Bush sobre los aranceles del acero no trata de buscar 'una ventaja comercial' sobre sus competidores, sino el margen necesario 'para que la industria interna acometa la reestructuración'. 'No se trata de pedir que nos den un trato de favor por tres años, sino de que se nos proporcione la oportunidad para acometer la reestructuración' del sector, puntualizó O'Neill. El secretario del Tesoro se encuentra actualmente de gira por varios países de Oriente Próximo para recabar su apoyo en la lucha contra las fuentes de financiación del terrorismo. A su juicio, la medida no cuestiona el compromiso de la Administración Bush con el libre comercio ni sus esfuerzos por la apertura comercial a nivel global, algo que sí ha sido duramente criticado por las restantes potencias. Lo cierto es que, pese a las esperanzas estadounidenses, los aranceles al acero se han convertido en el último capítulo de la política unilateral que ha caracterizado a la actual Administración frente a sus socios tradicionales, lo que ha provocado serios roces y enfrentamientos entre ambos tanto comerciales como políticos. La decisión sobre el acero se suma al enfrentamiento con la Unión Europea por el banano o las subvenciones a la exportación, unas sanciones aún pendientes de aplicar por parte de los europeos. En el plano político, las divergencias sobre el Tratado de Kioto y el escudo antimisiles, que el 11-S logró apaciguar, se vieron renovadas con la definición del eje del mal descrito por Bush en su discurso sobre el estado de la Unión de enero y ahora claramente agravadas por el proteccionismo que conllevan los nuevos aranceles a la exportación de acero y que ponen en entredicho la ronda de liberalización comercial abierta en noviembre en Doha.