TRIBUNA

No vale todo

El conflicto de la bahía de Cochinos -en abril de 1961-, cuando vivía con mis padres en Washington, es la única situación de incertidumbre vital que he padecido desde que naciera en 1955. Pero en aquella ocasión había contendientes y la víctima era por todos conocida.

El martes, en directo -como en la Guerra del Golfo por CNN-, hemos sido espectadores pasivos de un drama humano y de una situación política mundial sin parangón. El drama humano no es la muerte en sí misma, sino su circunstancia: el terror. La situación política mundial no es la que se deriva sólo de la incertidumbre, sino la que genera alerta, la inseguridad.

Dos simbólicos pilares de Occidente han sido derribados: la sede mundial del capitalismo financiero y el búnker del ejército de todos los ejércitos. Sólo nos quedan para reconfortarnos la solidaridad y, sobre todo, la profunda convicción de que nuestros valores y principios han de ser defendidos a toda costa, eso sí, sin causar daño a inocentes y sin entrar en una confrontación apocalíptica de culturas o de religiones.

Desde otro ángulo, pero con el mismo estremecimiento, he asistido con tristeza e impotencia al deplorable espectáculo del "todo vale" en el mundo financiero. En las Bolsas mundiales ha caído la cotización de la mayoría de los valores, pero se ha disparado la de algunos otros..., por casualidad. Material médico y quirúrgico, petróleo, alimentación básica, seguros sin riesgo en EE UU, servicios de información, construcción... han atraído el ánimo lúdico de cuantos siguen rabiosamente la actualidad para el lucro propio o ajeno. ¡Están en su derecho!

Lo que no es admisible es que este mundo que proclama determinados valores y principios permita que, a través de sus leyes, autoridades e instituciones públicas y privadas y en situaciones de extrema gravedad como la que vivimos, todo valga y todo siga igual.

Por respeto humano, en primer lugar, y por consideración a aquellos pequeños inversores que depositan en efectivo su confianza a instituciones financieras para que se lo administren bien, en muy segundo lugar, el martes era el día en que todo se tenía que haber detenido.