Iberia y los pilotos aceptan el arbitraje impuesto por el Gobierno

El Gobierno acordó ayer imponer un arbitraje obligatorio en la crisis de Iberia. La dirección de la compañía y el sindicato de pilotos disponen ahora de 24 horas para designar un arbitro y en caso de que no se pongan de acuerdo lo hará Fomento en otro plazo similar.

A partir de su elección, la decisión llegará en cuatro días como máximo. El sindicato de pilotos aseguró ayer que acata el arbitraje, aunque estudia recurrirlo ante la Audiencia Nacional, y puso en manos de la persona designada la decisión de desconvocar la huelga. Por otro lado, el consejo de administración de la aerolínea apoyó al equipo directivo y manifestó su total disponibilidad a colaborar con el arbitraje.

La imposición del arbitraje, adoptada ayer por el Consejo de Ministros, se asienta en una sentencia del Tribunal Constitucional de 8 de abril de 1981 a partir de un recurso presentado por 52 diputados contra el real decreto ley promulgado en 1977 por el entonces Gobierno de UCD para regular el derecho de huelga. En esta sentencia se otorga al Ministerio de Trabajo la facultad de acordar un arbitraje en casos excepcionales en los que una huelga cause perjuicios a la economía nacional.

El plazo de 24 horas dado por el Gobierno a las dos partes para designar el árbitro empezó correr a las 13.30 horas de ayer, en el mismo momento en que se envió la notificación del arbitraje a la dirección de Iberia y al Sepla. Si hoy, antes de esa hora, no hubiera acuerdo, Fomento no agotará su plazo de 24 horas para elegir al mediador, por lo que la resolución se conocerá, como muy tarde, el miércoles a mediodía.

El arbitraje vinculante decidido por el Gobierno tiene, según fuentes de Trabajo, varios antecedentes. En 1981, 1984, 1988 y 1992 se optó por el mismo método para la superación de conflictos relacionados con las gasolineras, los propios pilotos de Iberia, la recogida de basuras en Madrid y la huelga de transporte en el País Vasco.

Perjuicio económico

El ministro portavoz, Pío Cabanillas, afirmó ayer en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros que en la huelga de Iberia se ha puesto en peligro el transporte de personas (80.000 pasajeros diarios en rutas nacionales y 35.000 en internacionales) y mercancías. Además de ocasionar un "grave perjuicio a la economía nacional", el Gobierno considera que la huelga de Iberia ha dificultado el funcionamiento de los aeropuertos, ha dañado la imagen internacional de España, ha perjudicado la industria turística y ha provocado problemas de saturación en otros medios de transporte alternativos.

Cabanillas aseguró que el Gobierno advirtió a la dirección de Iberia, durante toda la jornada del jueves, de las consecuencias que podría acarrear la cancelación de todos los vuelos, medida anunciada por Xabier de Irala a última hora y posteriormente rectificada de madrugada. La intervención de Fomento fue definitiva, según el ministro portavoz, para que los responsables de la compañía reconsideraran su decisión.

Ayer el presidente del Gobierno, José María Aznar, explicó que "la intervención en el conflicto no ha sido tardía" y señaló que el Ejecutivo sólo ha intervenido cuando el conflicto ha traspasado el ámbito estrictamente privado.

Por otro lado, el sindicato de pilotos manifestó ayer su decisión de acatar el arbitraje impuesto por el Gobierno. Jaime Lacasa, jefe de la sección sindical del Sepla, explicó que "como consecuencia del propio proceso arbitral suponemos que la huelga quedará sin efecto. Pero creemos que no debemos ser nosotros los que desconvoquemos, sino que debería ser el árbitro el que tomara esta decisión". Sí precisó, sin embargo, que el Sepla no propondrá ningún arbitro "y vetará el que proponga la empresa, a la espera de que sea el Gobierno el que nombre el suyo".

Acciones legales

Lacasa expresó su confianza en que la compañía, "para restablecer la normalidad, vuelva a admitir a los 27 pilotos en periodo de formación despedidos. No obstante, Lacasa anunció que el Sepla ha decidido iniciar un procedimiento legal ante la Audiencia Nacional contra la imposición del arbitraje, "ya que entendemos que ha dejado vacío de contenido nuestro derecho constitucional a la huelga".

Calificó de "cierre patronal ofensivo" la decisión ayer de Iberia de paralizar la flota, y descartó que la medida tuviera justificación por una presunta falta de seguridad, "que en ningún momento ha estado en peligro, ya que los pilotos de la dirección de operaciones que presentaron por carta su dimisión nunca abandonaron sus puestos de trabajo", subrayó.

En este sentido, anunció el inicio de acciones legales contra la alta dirección de Iberia por haber tomado una medida "que creemos afecta al valor esencial de una compañía aérea, la seguridad de los vuelos". Además, explicó que "un equipo gestor que ha puesto en entredicho de una forma tan rotunda la calidad de la seguridad aérea de la empresa, debería pensarse muy seriamente si puede seguir conduciendo la gestión. También deberían hacer esta reflexión los accionistas".

En paralelo, aseguró " que una acción supuestamente ilegal como la que se produjo en la noche del jueves no puede estar amparada después por un arbitraje", aunque eludió pronunciarse sobre la posibilidad de que hubiera una acción coordinada que explique la decisión de Iberia y la de el Gobierno pocas horas después.

Ayer el consejo de administración de Iberia, reunido en sesión extraordinaria, reiteró su total apoyo al equipo directivo. En una nota pública el consejo manifestó su total disponibilidad y colaboración con el procedimiento arbitral acordado por el Consejo de Ministros "para llevar a buen término la solución del conflicto".

 

Zapatero pide que Aznar comparezca ante el Congreso

El secretario general de PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, pidió ayer la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso ante el conflicto de Iberia por considerar que el Ejecutivo "está provocando el deterioro y abandono de los servicios públicos. "Aznar", continuó Rodríguez Zapatero, "debe dar la cara y explicar qué está pasando y qué medidas va a tomar". Para el secretario general del PSOE, lo ocurrido en Iberia "es producto de una política equivocada de privatizaciones", lo que ha sumido a la compañía en una profunda crisis ante la que el Gobierno ha tenido una actitud pasiva.

Las afirmaciones de Rodríguez Zapatero contrastan con los elogios que el vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía, Rodrigo Rato, dedicó ayer a la actuación del Ministerio de Fomento y la "colaboración de todos los miembros del Gobierno tras conocer la decisión del presidente de Iberia", en la noche del pasado jueves, de suspender los vuelos.

Descoordinación

Izquierda Unida se ha sumado a la petición del PSOE de que comparezca en el Congreso el presidente Aznar para que explique "el vacío y descoordinación del Ejecutivo y el importante deterioro de los servicios públicos". Dirigentes autonómicos de Cataluña y Andalucía han criticado también al Gobierno, al que acusan de actuar con torpeza. El Consejo de Gobierno de Baleares acordó ayer exigir que las conexiones aéreas con el archipiélago se declaren obligación de servicio público "ante la indefensión en que quedan los ciudadanos de Baleares después de la privatización de la compañía Iberia", informa Nekane Domblás.

 

La noche en que Cascos frenó a Iralá

En la noche del jueves los aviones de Iberia dormían, mientras la dirección de la empresa y sus pilotos escribían una nueva página en su inacabable historia de enfrentamientos.

El jueves había resultado un día de nervios. Desde primera hora saltó, de móvil a móvil, la noticia: Irala había convocado un consejo extraordinario al que no podían faltar los consejeros que representan el núcleo estable. A pesar de que el tema estrella del orden del día estaba cantado (el sindicato de pilotos Sepla pregonaba su intención de añadir nuevos días de paro a sus ya legalizadas y en parte realizadas 10 jornadas de huelga), existía una confusión manifiesta.

En esa misma fecha, el jueves debían concluir su trabajo los ¿amigables componedores¿ nombrados para mediar en el contencioso que enfrenta a los accionistas de referencia con el anterior propietario público de Iberia, la SEPI, a cuenta de las minusvalías cosechadas tras el proceso de privatización. Y de hecho, mediada la tarde los miembros más locuaces del núcleo estable contaron a quien quiso escucharles que el acuerdo con la SEPI había sido imposible y mantenían su reivindicación de compensaciones por un importe superior a 24.500 millones.

El tema del consejo era la huelga de pilotos. El presidente Xabier de Irala entró en harina presentando un informe del director de operaciones de Iberia, Enrique de Villamil. Este jefe de pilotos, y a su vez piloto fiel a la dirección, explicaba la situación creada en su departamento (auténtico cerebro que estimula y ordena el ir y venir diario de los 220 aviones y los 5.000 tripulantes de la empresa) tras un mes de conflicto con el Sepla. De los 208 cargos de la dirección de operaciones (jefes de flota, instructores... todos pilotos), al menos 99 habían presentado la dimisión de sus cargos ¿por razones personales¿.

El consejo estudió el informe y analizó a fondo las consecuencias que la precariedad orgánica de la citada dirección podía tener sobre la seguridad de las operaciones. Planeaba en el ambiente la posibilidad de un ¿cierre patronal¿ ante la extensión del ¿chantaje del Sepla¿ al mismo centro neurálgico de la operatividad de la compañía...

Sin embargo, ningún consejero se atrevió a utilizar ambas expresiones y menos a realizar alguna propuesta de acción concreta.

Fue más tarde, una vez que el consejo hubo disuelto su sesión, cuando el equipo de dirección de Iberia comenzó a dar los ¿pasos técnicos precisos¿ para lo que, al final de la tarde, se convertiría en un anuncio de cese total provisional de las operaciones de Iberia.

Contactos

Ha trascendido que Irala, a media tarde, remitió una carta al director general de Aviación Civil, Enrique Sanmartí, en la que apuntaba la posibilidad del cese de las operaciones por motivos de seguridad. Esta misiva se convirtió en el primer indicio cierto de que ¿ese ejecutivo de Bilbao¿ se había decidido a actuar. Pocos minutos antes de que el presidente de Iberia, flanqueado por sus primeros espadas, Ángel Mullor y Enrique Donaire, hicieran el anuncio público del cese de operaciones, a las 20.30 horas, Irala informó de sus intenciones a los integrantes del núcleo estable, quienes ¿se dieron por enterados¿ de la decisión.

Mientras, en el núcleo estable del Gobierno, era Rodrigo Rato quien primero había recibido la voz de alarma. De hecho, fue quien avisó al titular de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, con quien mantuvo una intermitente conversación telefónica mientras éste viajaba en AVE.

Los miembros de la directiva del Sepla aseguran ahora que conocieron a media tarde los planes de la dirección de Iberia e, incluso, que les dio tiempo a tomar algún contacto con Aviación Civil.

Pero lo cierto es que fueron voces de susto y palabras de asombro las que percibieron los primeros periodistas que contactaron con ellos para conocer su reacción ante el cese de las actividades de la compañía.

El asombro, no obstante, cambió de bando a las 11 de la noche cuando la agencia Efe hacía pública la posición oficial de Aviación Civil y exigía a Iberia que revocara su decisión de paralizar la flota al considerar que ¿no existe base formal para la anulación de los vuelos¿.

Cascos acababa de convertirse en el único y auténtico protagonista de la velada. Y para dar a conocer los argumentos que de golpe devolvían la sonrisa a los asustados rostros de los pilotos acudió al programa deportivo de Onda Cero, Supergarcía.

El golpe de efecto de Irala quedaba neutralizado por el golpe certero de Cascos. Y a las cinco y media de la madrugada, pilotos y aviones de Iberia volaban como si nada hubiera ocurrido. Ahora, el enésimo pulso de Iberia y los pilotos están en manos de la mesura de un árbitro.

 

Jornada de calma tras una velada de cambio

Iberia tuvo que alojar a 1.015 pasajeros afectados, mientras Air Europa y Spanair se beneficiaron con la crisis.

Las colas de pasajeros reclamando su vuelo a Iberia, a otra compañía o, incluso, el reembolso de su billete remitían conforme avanzaba la jornada. El aeropuerto de Madrid Barajas presentaba un aspecto de normalidad, pese al infierno que había vivido la noche anterior. Era, para la mayoría de los pasajeros, el comienzo de sus vacaciones, que se venían abajo después de que Iberia anunciara la suspensión de todos sus vuelos.

Un grupo de turistas canarios, que iniciaba su veraneo en Buenos Aires, pasó la noche haciendo cola para cambiar el billete y acomodarse en hoteles, después de muchas idas y venidas a los puestos de información. "Nos tenían que haber avisado antes y no en el momento de coger el vuelo. Este circo sólo se da en España", protestó uno de ellos.

La crispación, que alcanzó el umbral de la madrugada del viernes, se reducía en el momento en que despegaba el primer avión rumbo a Tenerife a las cinco de la mañana y después de que la aerolínea diera marcha atrás y reanudara sus vuelos.

Iberia tuvo que buscar alojamiento en distintos hoteles a 1.015 pasajeros que se vieron afectados por la cancelación de cinco vuelos transatlánticos, según datos de la compañía.

A media mañana de ayer sólo quedaban algunos viajeros furiosos que reclamaban el cambio de billete. Una pareja de Madrid, visiblemente afectada, se quejaba con cierta impotencia de que "había sido una noche para no recordar". Su partida hacia La Palma después de medianoche había sido cancelada, y nadie daba ninguna información, y menos una excusa. "Tratamos de ponernos en contacto con la línea de atención telefónica, pero estaba totalmente colapsada. Ante la imposibilidad de conocer la hora y el día en que podríamos viajar decidimos regresar a casa a las tres de la mañana y recuperar hoy el billete", señalaron.

Un grupo de jóvenes que tenía billete para viajar a Santiago de Chile estuvo haciendo cola durante varias horas para reclamar el cambio de su billete. "Ante la lentitud del trámite, decidimos que nos devolvieran el dinero".

Otros optaron por volar con otra compañía cuando se enteraron de la noticia la noche anterior.

La suspensión cautelar de los vuelos de Iberia provocó un aumento de las reservas en otras aerolíneas. Air-Europa, que como Iberia también realiza el servicio de puente aéreo entre Barcelona y Madrid, vendió 5.000 billetes más de lo habitual en la capital catalana hasta las tres de la tarde de ayer, lo que supone un incremento de ventas del 14%. Por su parte, Spanair confirmó que los 21 vuelos programados ayer entre el aeropuerto de Palma y diversos destinos nacionales e insulares despegaron con una ocupación media del 80%. Una portavoz de la compañía aérea con sede en la capital balear explicó que los siete vuelos programados para Barcelona tuvieron una ocupación del 80% con Madrid, del 75% con Alicante y del 60% con Mahón.

Si Iberia no hubiera reanudado todos sus vuelos, la suspensión habría afectado ayer a 80.000 pasajeros. De ellos, un porcentaje alto, aún no definido por la compañía, prefirió ayer elegir otra aerolínea para volar.

El millar de viajeros que habían quedado sin vuelo durante la madrugada del viernes por la cancelación fueron acoplados por la mañana en otros aviones de Iberia y de sus filiales para los destinos de Río de Janeiro (Brasil), Buenos Aires (Argentina) y Johanesburgo (Suráfrica). Por la tarde, sólo quedaban pendientes de recolocar los viajeros de los aviones con destino a São Paulo y Santiago de Chile. Incluidos estos últimos, Iberia tenía previsto realizar 1.004 vuelos ayer. De ellos, sólo hubo tres cancelaciones por rotación de aviones, según la compañía

El aeropuerto de Palma operó con normalidad después de una noche caótica, lo mismo que el de Barcelona.

Barajas había realizado hasta las siete de la tarde 807 de las 1.156 operaciones de vuelo previstas, con una puntualidad media del 90%.