Los datos empresariales obligan a revisar las valoraciones bursátiles
Los diferentes regímenes contables y fiscales de las empresas cotizadas hacen que en los últimos días convivan presentaciones de resultados semestrales ciertos con advertencias negativas sobre trimestres venideros. Este asunto no es nuevo en las Bolsas, pero alcanza ahora una especial relevancia debido al protagonismo de los balances de las empresas sustituyendo a la otrora todopoderosa política monetaria.
A pesar de esta confusión, los analistas e inversores han aprendido a diferenciar los periodos fiscales y contables y a realizar sus movimientos según los datos publicados o las advertencias de los que vendrán. Una vez más, pocos distingos pueden hacerse, porque el deterioro de las cuentas de resultados de las empresas cotizadas es notable. Esta situación comenzó a palparse en otoño pasado y ha empeorado de manera progresiva en los últimos meses.
En terminología puramente bursátil, los malos resultados de las empresas conducen, desde siempre, a valoraciones más bajas, con el efecto atenuante de la prima de riesgo inducida por los tipos de interés vigentes en cada momento.
Hay un hecho curioso en esta situación. La agresiva política de recortes de tipos de interés desarrollada por la Reserva Federal de Estados Unidos no ha sido capaz de neutralizar la degradación de los resultados empresariales, porque ésta ha sido más rápida y violenta que la política monetaria laxa. O lo que es lo mismo, con el escenario actual de tipos de interés y las expectativas de resultados empresariales, las Bolsas siguen muy caras.
Este análisis coincide en el tiempo con el debate enconado que mantienen los analistas españoles en los últimos días respecto a si el mercado ha tocado ya fondo o si, por el contrario, cabe apostar por nuevos suelos. Hasta marzo todo parecía indicar que el nivel de los 8.500 puntos del Ibex era el mínimo permisible y que ahí comenzaba el dinero a tomar posiciones con cierta agresividad. Cuatro meses después, las dudas sobre la efectividad de este soporte técnico a la baja son muchas. Hay quienes consideran que el nuevo suelo está en los 8.000 puntos.
Dudas sobre la fiabilidad de las cifras
Nadie dimite, nadie se da por aludido, nadie, en definitiva, asume responsabilidades. El 17 de mayo los responsables de Marconi, el mayor fabricante británico de componentes para la industria de las telecomunicaciones, se dirigía a los accionistas con el siguiente discurso: "No esperamos que el mercado de componentes para la industria de las telecomunicaciones se recupere hasta final de 2001. Sin embargo, nosotros continuamos aumentando nuestro beneficio". Mes y medio después anuncia que ganará la mitad de lo previsto y las acciones se derrumban.
Asuntos como el de Marconi se están generalizando desde octubre pasado. Los responsables de las empresas hacen advertencias trimestre sobre trimestre y ocultan la verdad, que no es otra que la de advertir en su totalidad, para periodos de tiempo más completos.
"Si hago la advertencia definitiva, el consejo me despide. Por eso debo ganar tiempo trimestre tras trimestre", decía hace poco el consejero delegado de una multinacional.
Hay, sin embargo, otro asunto que comienza a surgir en los mercados. La puesta en duda de la fiabilidad de los balances que presentan muchas empresas. Partidas contables de ortodoxia dudosa; empantanamiento de cuentas de justificación imposible e ingeniería financiera.