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La falta de planificación eléctrica provoca dudas sobre el suministro

El aumento acumulado de la demanda de los últimos años y la apuesta en el futuro por casi una única energía para la generación son los dos principales aspectos que hacen temer por problemas de suministro eléctrico a medio y largo plazo. Y los que así se expresan son directivos de eléctricas españolas, que consideran que el abandono de la planificación por parte de las autoridades responsables de la política energética puede conducir a partir de los años 2002-2003 a desequilibrios y cuellos de botella entre oferta y demanda.

No es que deseen volver a que las directrices oficiales piloten sus inversiones, pero consideran que las reglas del mercado no van a resolver todas las necesidades de infraestructuras. Y más cuando empresas clave, como la que sustituirá a Enagas, saldrá a Bolsa y deberá elegir sus inversiones prioritariamente por su rentabilidad a medio-corto plazo y por las incertidumbres que en ellas encuentren los analistas financieros.

Y es que, a partir de ahora, la nueva producción eléctrica va a depender de la materialización de inversiones tanto en centrales de generación como en infraestructuras gasistas, así como del suministro de gas y de la adecuación de las redes de transporte de alta tensión a la ubicaciones de las plantas de ciclo combinado, casi todas concentradas en las entradas de gas, pese a la modificación del sistema de peajes.

Se parte, además, con el convencimiento que España seguirá siendo una isla eléctrica, con escasa conexión con Europa, al menos en 10 años, por la actitud de la Administración francesa. No se trata, sin embargo, del síndrome de California, ya que la salud financiera de las eléctricas españolas no permiten el paralelismo, aunque sí ante un posible fracaso por la falta de implicación del Estado en la programación energética, unido al aumento del consumo.

En España, de los más de 20.000 megavatios de nueva potencia instalada que compañías españolas y extranjeras han anunciado que construirán en la próxima década (aunque los expertos sólo prevén que se lleven a cabo en torno a 14.000), todos se basan en la misma tecnología y en el mismo combustible: ciclos combinados que utilizarán gas natural.

Funcionamiento idóneo

Con esas circunstancias, los directivos subrayan que el funcionamiento idóneo de esas centrales dependerá no sólo de su construcción (también se han enfrentado a importantes retrasos por el logro de los permisos del impacto en el medio ambiente), sino de la implantación de nuevas plantas de regasificación, redes de gasoductos, así como de los contratos de gas y de su precio.

En los últimos meses, éste, al estar indiciado al petróleo, se ha disparado, por lo que los cálculos señalan que el precio del kilovatio producido sería superior a las seis pesetas, pese a la eficiencia energética de los ciclos combinados.

Informes de expertos internacionales señalan que los países de Europa Occidental precisarán de capacidad adicional de generación eléctrica cerca de 70.000 megavatios y que debería entrar en funcionamiento entre los años 2001 al 2005. En estas previsiones se tiene en cuenta el progresivo abandono de la energía nuclear en Alemania.

 

La demanda de turbinas se ha disparado, pero hay incertidumbre entre los fabricantes

A las imprevisiones internas sobre el tiempo y la intensidad con que se deben abordar los proyectos que garanticen el suministro energético español español, se suman las incertidumbres sobre el suministro de los equipos básicos de las nuevas centrales; las turbinas de gas.

En primer término y durante los dos últimos años se ha producido un fenómeno objetivo y ciertamente alarmante. La demanda de turbinas de gas en el mundo ha crecido por encima de la oferta. El tirón de los pedidos ha venido provocado por la explosión de proyectos para centrales de ciclo combinado en Estados Unidos y Latinoamérica. Y entre tanto los fabricantes de turbinas no han visto claro el panorama; han dudado, e incluso aún dudan hoy, si las ingentes inversiones que exige el incremento de la producción mundial no se verán traicionadas a medio plazo por las distintas incertidumbres que se ciernen sobre el horizonte.

En el año 1997 sólo existían cinco empresas en el mundo con capacidad para desarrollar esta tecnología: Alstom, ABB, GE, Siemens-Westinghouse y Mitsubishi. Hoy una de ellas, ABB, ha desaparecido de este mercado. Las que se mantienen en la pugna envían mensajes contradictorios. Fuentes de Alstom han señalado que la compañía está muy preocupada por la evolución del precio del gas. Entiende que si se consolida la tendencia alcista, las empresas productoras de energía tenderán a asegurar sus necesidades acudiendo a tecnologías menos dependientes de los hidrocarburos.

Esta posición cautelosa le induce a no apostar por el aumento descontrolado de la capacidad de fabricación de grandes turbinas. Prefiere ofrecer a sus clientes equipos de menor capacidad, duplicando el número de turbinas a instalar en caso de que la potencia requerida sea muy alta.

La posición que en estos días ha hecho pública la multinacional alemana Siemens es bien distinta.

Ha comunicado su decisión de invertir 21 millones de euros en su planta de fabricación ubicada en Berlín (Alemania). Su previsión en triplicar su actual producción de grandes turbinas de gas. Así, en 1999 fue capaz de fabricar 20 unidades, este año pondrá en servicio 32, en el año 2001 llegará a las 50 y en el 2003 piensa que su producción puede alcanzar las 100 unidades.

La compañía alemana señala que las inversiones previstas estarán encaminadas también a reducir a dos años el periodo de instalación de las turbinas.

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