LA CRISIS DE LAS "VACAS LOCAS"

Schröder impone severos controles a la industria agroalimentaria

El canciller alemán, Gerhard Schröder, aprovechó ayer la renuncia de dos de sus ministros para anunciar una profunda reestructuración de la política agraria, que deberá impulsar una producción más ecológica y menos industrial. El Ministerio de Agricultura se encargará de todo lo relacionado con la protección a los consumidores y la seguridad alimentaria -por lo tanto, también, del mal de las vacas locas- y será dirigido por una política verde.

Para Schröder, la lección que deja la crisis de las vacas locas es sobre toda una: "Es urgente reorientar coherentemente no sólo nuestra agricultura y alimentación, sino también la protección a los consumidores y la seguridad alimentaria", dijo durante una rueda de prensa en Berlín. Sólo una "mayor compatibilidad ecológica" de la agricultura e industria alimentaria, según el canciller, podrá restaurar la confianza de los consumidores.

El "largo y arduo" proceso de desmonte de la agricultura industrializada fue equiparado por el canciller socialdemócrata con la finalización de la energía nuclear que también fue decidida, a medio plazo, por la coalición rojiverde alemana.

Con estas directrices políticas comenzará a operar un reformado Ministerio de Agricultura, cuyas "principales tareas" serán proteger a los consumidores y garantizar una producción de alimentos libre de contaminantes. Para ello, el ministerio incorporará dentro de su organigrama diversas oficinas de salud pública y protección a los consumidores hasta la fecha adscritas a las carteras de Sanidad y Economía.

El nuevo ministerio será dirigido por Renate Künast, hasta ahora copresidenta del socio menor de la coalición, Los Verdes. Künast reemplaza al socialdemócrata Karl-Heinz Funke, quien -junto a la encargada de Sanidad, la ecologista Andrea Fischer- había dimitido la víspera.

El Gobierno rojiverde incluso alcanzó a barajar una disolución definitiva del Ministerio de Agricultura, algunas de cuyas funciones hubiesen podido ser incorporadas al Ministerio de Economía. Esta opción, sin embargo, fue descartada, también por la necesidad de contar con un representante ministerial en las negociaciones sobre el sector que se adelantan en Bruselas.

La revolución ecológica decretada ayer, en todo caso, no será fácil, según el canciller, que prevé "duros enfrentamientos políticos" con los grupos de interés de los agricultores. Quizás impresionados, éstos ayer ofrecieron cooperar con la nueva ministra, pero adelantaron su oposición a una "reestructuración radical" de la agricultura.

Sin "dar consejos a nadie", Schröder dejó pocas dudas acerca de que Alemania desea una reorientación similar en Europa. "La protección a los consumidores no se debe limitar a nuestro país".

 

Directrices políticas contra una crisis de liderazgo

En una muestra de su agudo instinto político, Schröder salió ayer airoso de la pequeña crisis de Gobierno desatada el martes por las dimisiones de sus ministros de Sanidad y Agricultura, vapuleados por la crisis de las vacas locas.

El canciller habló mucho de una agricultura y producción de alimentos más ecológica, y poco de la sexta y séptima renuncia en su Gabinete. "A toda costa quise evitar una crisis de coalición", dijo el socialdemócrata, quien nombró al frente de la cartera de Sanidad a la política Ulla Schmidt, una parlamentaria que se ha destacado como experta en el sistema de pensiones.

Sucede, sin embargo, que otros tres ministros de Schröder siguen en la picota pública. De manera alguna son desconocidos: el encargado de Exteriores, Joschka Fischer (militancia okupa en los años setenta), su colega de Defensa, Rudolf Scharping (utilización de cohetes endurecidos con uranio en la guerra de Kosovo), y el ministro de Finanzas, Hans Eichel (frecuentes vuelos, posiblemente particulares, con aviones oficiales, que ahora son investigados por la fiscalía).

Si bien Schröder ayer respaldó a todos ellos e hizo votos de estabilidad, también recordó filosóficamente "que los destinos humanos son inescrutables".

 

El Gobierno italiano advierte sobre el riesgo de concentrados de caldo

Pide a los consumidores que averigüen su origen

Roma Agencias

El comisario nombrado por el Gobierno italiano para el mal de las vacas locas, Guido Alborghetti, advirtió ayer de los posibles riesgos del uso de caldo concentrado en relación con el desarrollo de esta enfermedad.

El comisario aconsejó a los consumidores que se informen sobre la procedencia de las pastillas o "dados" de caldo de bovino concentrado, de consumo habitual en Italia y en otros países de la Unión Europea (UE). "Es mejor indagar sobre su origen, porque en estos casos la prudencia nunca es demasiada", afirmó Alborghetti, que fue nombrado comisario especial el pasado 15 de diciembre.

El representante gubernamental precisó que el problema puede residir, sobre todo, en los concentrados de caldo hechos con animales bovinos de más de 30 meses y que no estén garantizados por la normativa italiana en la anterior década.

 

Agricultura cierra un pacto con las cementeras para destruir las harinas

Las empresas recibirán 12 pesetas por cada kilo

Cinco Días Madrid

El Ministerio de Agricultura cerró ayer con la patronal del sector cementero, Oficemen, el acuerdo marco que regulará la destrucción de las harinas cárnicas en los hornos de las fábricas de cemento.

El acuerdo, que tendrá una vigencia de cuatro años, será analizado hoy por la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos, que debe dar el visto bueno antes de la firma oficial. Si la Comisión Delegada autoriza el convenio, éste podría firmarse hoy por la tarde. Las fábricas de cemento recibirán en torno a 12 pesetas por cada kilo de harina destruido, aunque la cifra definitiva deberán negociarla las comunidades autónomas con las plantas instaladas en su territorio.

Esta compensación cubrirá no sólo la destrucción de las harinas sino también las inversiones necesarias para modificar los hornos. Estas modificaciones exigirán una inversión de 6.000 millones de pesetas.

 

Arias Cañete aseguraba en julio que en España no había ningún caso

El ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, aseguró en julio pasado en respuesta a una pregunta planteada por la diputada socialista María Izquierdo Rojo en el Parlamento Europeo, que "España nunca ha tenido ningún caso de encefalopatía espongiforme bovina, ni autóctono, ni importado, dado el escrupuloso cumplimiento de la normativa de control vigente", según la carta remitida por el ministro a la parlamentaria.

La pregunta de la diputada socialista fue planteada el 15 de junio, a raíz de unas declaraciones del Gobierno español tras la publicación en Internet de un informe del Comité Científico Director relativo al mal de las vacas locas en los países de la UE, en el que se afirmaba que España había importado vacuno de Gran Bretaña. A juicio de la citada diputada, este hecho incluye automáticamente a España entre los países donde la presencia de la enfermedad era probable que apareciera.