Energía
El ministro de Energía, Álvaro Nadal, el martes en el Senado.
El ministro de Energía, Álvaro Nadal, el martes en el Senado. Efe

Por qué Nadal se lanza contra Enel diez años después de tomar Endesa

El ministro se convierte en adalid del carbón ante el cierre de dos centrales de Endesa

El Gobierno del PP no ha reaccionado estos años ante la desmembración de la eléctrica

 Aunque el pasado mes de noviembre en la Cumbre del Clima de Marrakech el flamante ministro de Energía, Álvaro Nadal, aseguró que no sería el Gobierno el que cerrase las centrales de carbón, sino que de ello daría cuenta el libre mercado, la decisión de Enel, cada vez más explícita, de cerrar las dos grandes térmicas de carbón nacional de Endesa, la de Compostilla y Andorra (Teruel), le ha hecho perder los papeles.

En su plan estratégico 2017-2019, publicado ese mismo mes, Endesa apostaba por reducir las emisiones de CO2 un 47%, para lo cual congelaba cualquier inversión en dichas centrales. Por contra, sí prevé invertir 300 millones en la desnitrificación de sus plantas de carbón de importación: Litoral (en Carboneras), y As Pontes (A Coruña).

Álvaro Nadal, que, al igual que su hermano gemelo, Alberto, anterior secretario de Estado de Energía, nunca había mostrado interés alguno por el carbón, ha reaccionado con virulencia a las intenciones de la italiana, propietaria del 70% de Endesa.

Lo hizo tras la junta de Enel del 4 de mayo en Roma, donde su consejero delegado, Francesco Starace, anunció que, “en base a la vigente normativa ambiental y teniendo en cuenta las actuales condiciones de mercado, [las dos centrales] tendrán que ser cerradas antes del 30 de junio de 2020”. Nadal respondió así al ejecutivo italiano: “Si esto se confirma, el compromiso de Enel con España no es el que le gustaría al Gobierno y no es coherente con las necesidades de política energética del país”.

Y lo hizo, más airado aún, el martes pasado en el Senado, en la interpelación del senador socialista, Graciliano Palomo, que le preguntó por el futuro de Compostilla y Andorra. Nadal acusó a la estatal Enel de actuar “a favor de los ciudadanos italianos a costa del consumidor y los trabajadores españoles”. Según varias fuentes, el ataque rayó en la demagogia: “A Enel no le importa, para hacer política de empleo en Italia, generar desempleo en España; no le importa, para hacer política medioambiental en Italia, hacer política de pérdida de competitividad en España”, criticó.

El origen de la pérdida de Endesa fue la guerra del PP y directivos afines contra la opa de Gas Natural

Nadal dejó ver su perfil más político. Ese que, dicen, tiene más acentuado que su gemelo, aunque este también calificó en su día a Endesa como “una empresa extranjera”. Es indudable que, tras su reacción, el ministro ha dejado ver el trasfondo político que subyace en el conflicto del carbón nacional (menos eficiente y rentable que el de importación) y las centrales térmicas, único destino del mineral.

La crisis viene de lejos. Por varios años, el Gobierno del PSOE logró que la UE admitiera como ayuda de Estado la aplicación de un precio regulado a la producción de electricidad con carbón, tras el hundimiento de la demanda provocada por la recesión. Las centrales fueron obligadas a comprar miles de toneladas de mineral al año.

El mecanismo caducó el 1 de enero de 2015, sin que el equipo energético del entonces Ministerio de Industria, José Manuel Soria, hubiese intentado encontrar una solución. Lo hizo posteriormente, pero también fracasó, para desazón del sector y los gobiernos autónomos de Castilla y León, Asturias y Aragón.

La opción, que se plasmó en un borrador de orden ministerial, consistía en incentivar, mediante pagos por capacidad, a las centrales que realizasen las inversiones medioambientales requeridas por una directiva europea (la desnitrificación o reducción de emisiones de dióxido de nitrógeno ) a cambio de la compra de carbón nacional a largo plazo. Esa normativa permite la supervivencia, más allá de junio de 2020, de las plantas que realicen dichas inversiones. El resto podrá acogerse al plan que les limita un 35% las horas de funcionamiento, por lo que morirán por inanición, pues no serán rentables.

Una propuesta mal diseñada, según las empresas, porque el incentivo se justificaba por razones medioambientales y no de seguridad de suministro, único argumento que hubiese colado en Bruselas. Sea como fuere, la iniciativa se quedó en el limbo y olvidada por el ministerio que la diseñó, que vivió en funciones (y con un ministro dimitido) la mayor parte del año pasado.

Mientras tanto, empresas como EDP han optado por desnitrificar algunas plantas (en su caso, Aboño 2 y Soto de Rivera 3, para lo que ha invertido unos 100 millones), que podrán producir hasta 2035. También lo hará la propia Endesa con sus centrales de importación.

El cierre de Compostilla y Andorra parece irreversible, al menos en este ambiente. Pues, como reitera Enel, no son competitivas si no reciben pagos por capacidad, especialmente, la de Teruel. Aunque el órdago de Nadal podría interpretarse como la búsqueda de una vía de negociación con el grupo italiano, es más bien un portazo a cualquier solución.

Con esta actitud beligerante, Nadal consigue lo que dice temer (el cierre de las térmicas que tan poco aprecia) culpando del mismo a la italiana. Salva así la cara ante la opinión pública y el todopoderoso Partido Popular de Castilla y León, con Juan Vicente Herrera a la cabeza. Fue sonado su ataque a Soria, al que responsabilizó de la pérdida de su mayoría absoluta en las últimas elecciones debido al maltrato a las comarcas mineras.

Diez años después

De escaso buen gusto resultó el ataque de Nadal al senador Palomo, al que recordó que si Endesa cayó en manos de Enel (en 2007) fue por culpa del Gobierno de Zapatero. En un vistazo a la hemeroteca, el titular de Industria podrá comprobar que el origen de la perdida de Endesa, antaño pública, fue la guerra abierta por el PP y los directivos afines de la compañía, contra la primera opa de Gas Natural, que se contrarrestó con otra de la alemana Eon (“Antes una alemana que una catalana”, alardeó Esperanza Aguirre).

Una feroz batalla de dos años que acabó con Endesa en manos de Enel. Esta pagó un alto precio, 40.000 millones de euros, la mitad de su actual valor en Bolsa, que exhibe como carta blanca para tomar cualquier decisión sin contar con la opinión del Gobierno español.

Tampoco el Ejecutivo de Mariano Rajoy (al que Nadal pretende exculpar) ha movido un dedo ni ha levantado la voz (hasta ahora, por lo visto) ante las imparables medidas de Enel para desmembrar Endesa: la segregación de sus activos en Latinoamérica, que recibió el visto bueno del propio Soria; la cesión de sus plantas renovables a la matriz, después recompradas por la filial española por un alto precio (1.200 millones); la venta de sus redes de gas; la agresiva política de dividendos, con el reparto del 100% del beneficio (un 70% para la italiana), y la escasez de inversiones.

Circunscrita a la península ibérica, y sin posibilidad de crecimiento, Endesa está al albur del mercado local, sin poder compensar sus efectos negativos con otros negocios internacionales, como hacen sus competidoras Iberdrola y Gas Natural. Un ejemplo, lo ocurrido en el primer trimestre, en que el beneficio de la compañía cayó un 26%, por la escalada de los precios del pool.

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