El presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios, Vicente Boluda, y el presidente del Círculo de Economía de la comunidad autónoma, Juan José Bruguera, en apoyo del Corredor Mediterráneo.
El presidente de la Asociación Valenciana de Empresarios, Vicente Boluda, y el presidente del Círculo de Economía de la comunidad autónoma, Juan José Bruguera, en apoyo del Corredor Mediterráneo.

Corredor Mediterráneo para abrir España al mundo

El Corredor Mediterráneo expandirá la exportación, cuello de botella del modelo de crecimiento español

Una gran deficiencia del sistema español es la diferencia de ancho de vía con Francia

Es una evidencia que la economía española es una potencia turística mundial, y esa fortaleza pivota fundamentalmente, aunque no exclusivamente, sobre las regiones del Mediterráneo. Pero también lo es que esa área enmascara un potencial logístico aún no explotado en toda su dimensión y representado por el proyecto del Corredor Mediterráneo, que puede erigirse en un factor dinamizador de la actividad económica en España, más allá del turismo.

El Corredor Mediterráneo es un eje de comunicación transeuropeo que a través de una doble red de ferrocarril de mercancías y pasajeros con ancho internacional, completamente electrificada y operada en ERTMS (European Rail Traffic Management System) ha de vertebrar todo el arco mediterráneo, desde Algeciras hasta la frontera francesa en Portbou, pasando por Madrid y Zaragoza. En particular, el Corredor Mediterráneo conectará económicamente el levante español y la red de puertos que configuran el arco Mediterráneo: Algeciras, Cartagena, Alicante, Valencia, Castellón, Tarragona y Barcelona. Esto supone no solo la creación de nuevas líneas exclusivas de mercancías, sino sobretodo potenciar el transporte intermodal y el Short Sea Shipping mediante una red de puertos conectados con Europa y plataformas intermodales.

De hecho, una de las grandes deficiencias del sistema de transporte español es la diferencia de ancho de vía con respecto a Francia, algo que tradicionalmente ha complicado bastante el transporte de mercancías con destino a Europa. En la actualidad, además, se dan situaciones paradójicas en las que algunas mercancías cuyo origen son los puertos asiáticos y cuyo destino final se encuentra en el sur de Francia, que cruzan el canal de Suez, pasan por el estrecho de Gibraltar, llegan a puertos como Rotterdam, Amberes o Hamburgo y desde allí vuelven a bajar al sur de Francia.

Por ello, el Corredor Mediterráneo supone una inversión capital para ayudar a integrar la economía española en las cadenas de valor globales. Esto supone posibilitar que se configure el puerto de Barcelona y en general los puertos del arco mediterráneo como una alternativa real a los puertos del norte de Europa en relación al transporte de mercancías procedentes del este de Asia.

A nivel interno, el Corredor Mediterráneo atraviesa la zona geográfica más poblada de España y donde se concentra no solo una gran actividad industrial, sino también de actividades vinculadas con el turismo. Estas áreas del levante español son las que presentan un mayor dinamismo económico en el conjunto del país. Según datos de la Generalitat Valenciana, las comunidades autónomas de Andalucía, Cataluña, Valencia y Murcia producen el 45% del PIB español, concentran el 50% de la población, generan el 46% del empleo, concentran el 55% de la producción industrial, explican el 51% de las exportaciones nacionales, reciben al 50% del turismo que visita España y concentran el 60% del tráfico terrestre de mercancías y el 63% del tráfico portuario.

La relevancia económica de estas regiones justifica plenamente la construcción de red de transporte porque, a nuestro entender, las inversiones en infraestructuras deben realizarse con criterios económicos primando el mayor impacto socioeconómico.

Ello facilitaría la expansión de las exportaciones españolas, uno de los cuellos de botella históricos del modelo de crecimiento español; y atraer nuevas inversiones al mejorarse la conectividad con el centro y norte de Europa. Actualmente, la cuota del tráfico de mercancías por ferrocarril entre Italia y Francia representa el 11%, mientras que esa cuota entre España y Francia es inferior al 5%. En este sentido, desarrollar el sector logístico y las actividades con mayor valor añadido e intensivas en conocimiento en sectores como la industria agroalimentaria, automoción, química, metalúrgica y cerámica debería impulsar la generación de empleo de calidad.

Por otra parte, contar con un sistema de transporte de mercancías (y de pasajeros) circular, moderno y eficiente reducirá a casi la mitad los tiempos de conexión entre las ciudades del litoral mediterráneo: los 524 km que separan Alicante de Barcelona podrán superarse en apenas tres horas frente a las cinco horas y media actuales. Lo cual, además de la mejora de la eficiencia del transporte, implica también unos beneficios medioambientales nada desdeñables: el transporte ferroviario de mercancías reduce la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero. Según Ferrmed, el Corredor Mediterráneo supondrá una reducción de las emisiones de CO2 en 900.000 toneladas al año.

Es evidente que la crisis económica y la necesidad de consolidación fiscal y presupuestaria han dificultado la inversión pública en infraestructuras. Pero también, es una realidad que el Corredor Mediterráneo, cuyo presupuesto se cifra en unos 56.000 millones de euros, nunca ha sido una prioridad fundamental de los distintos Gobiernos españoles. En gran parte por la concepción radial de una red ferroviaria fundamentada en la alta velocidad y el transporte de pasajeros, que responde más a criterios políticos y no tanto de rentabilidad y eficiencia en el gasto.

Por ello, la decisión del Gobierno de reactivar durante esta legislatura la inversión en infraestructuras y en particular en el proyecto del Corredor del Mediterráneo constituye una muy buena noticia siempre y cuando la inversión anunciada se llegue a ejecutar. Los reiterados retrasos, más de 10 años, en las obras planeadas generan escepticismo razonable sobre la credibilidad de ese anuncio.

Con todo, el Corredor Mediterráneo continúa constituyendo una oportunidad de transporte más rápida, más económica y más sostenible. La mejora de las conexiones de los puertos y aeropuertos del Mediterráneo español y sus zonas logísticas e industriales con sus respectivas áreas de influencia de la Unión Europea y con los países vecinos suponen un factor multiplicador del comercio exterior y la internacionalización de la economía española, claves en el proceso de generación de riqueza y empleo cualificado. El Mediterráneo será logístico o no será.

Joan Ripoll es director académico del Máster en Logística y Comercio Internacional de la UAO CEU e ILI. Director del Departamento de Empresa y Economía de la UAO CEU.

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