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¿Por qué es necesario un estatuto del becario?

Este reglamento, propuesto en el Congreso, regularizaría las prácticas

La situación de los becarios en España puede cambiar próximamente. La Comisión de Empleo del Congreso de los Diputados llevó a las Cortes, la semana pasada, una propuesta para revisar aquellas leyes que regulan las prácticas en las empresas y los contratos de las becas, con el objetivo de limitar el número de horas de trabajo y mejorar las retribuciones que reciben gran parte de los jóvenes en prácticas. La iniciativa, impulsada por el grupo parlamentario de Unidos Podemos y sus confluencias, y a la que se han sumado Ciudadanos y PSOE, incluye, además, la propuesta de elaborar un estatuto del becario que delimite, entre otros detalles, qué se considera como una práctica o cuáles son sus límites o sus remuneraciones.

“Debatimos eliminar y suprimir aquellas becas o prácticas susceptibles de destruir puestos de trabajo, así como dotar de unas mínimas condiciones a aquellas que son complementos formativos: es decir, que solo se pueda hacer un número limitado de ellas y que tengan unas condiciones mínimas salariales”, explica el diputado de Unidos Podemos Segundo González. “Hay que impulsar un tipo de regulación conjunta que delimite bien la situación fronteriza entre la persona en formación y el contrato de trabajo. La idea del estatuto sería regular todas las prácticas: las universitarias, las extracurriculares, las que se hacen en las empresas, las de la Administración, las de formación profesional... Proponemos una solución global”, prosigue el representante de Ciudadanos Sergio del Campo. Aunque reconoce que este es un paquete difícil de abrir.

España, a la cola en la remuneración

La situación de las becas en España tampoco destaca en la rama de las retribuciones. Según el citado informe de la OCDE, solo el 29% de los becarios han recibido una remuneración suficiente para vivir durante este periodo, el nivel más bajo del continente junto a Polonia (30%) y Holanda (32%). Lejos quedan el 75% de Irlanda o el 70% de República Checa o Finlandia.

“Por eso es necesario fijar unos medios económicos a las prácticas, proporcionales a las horas de trabajo”, afirma Segundo González, de Unidos Podemos. Y aunque es difícil fijar una remuneración común, porque hay aspectos como el régimen o el número de horas, “sería lógico que aquellas que ocupan una jornada laboral completa contasen al menos con el salario mínimo interprofesional”.

Desde el punto de vista del desarrollo profesional, estas situaciones no le hacen, además, ningún bien a los trabajadores, “ya que no sienten que su trabajo y su labor sean importantes y, por lo tanto, valoradas”, explica Custodia Cabanas, del IE Business School.

Los diputados insisten en que no se trata de acabar con este tipo de trabajos. “Las prácticas como concepto en sí son una buena forma de acceso a la empresa y una primera toma de contacto de los jóvenes con el mundo laboral”, recuerda Del Campo. El problema llega cuando estas técnicas destruyen puestos de trabajo, “y cuando un becario ya titulado, sin oportunidad de ser contratado, es reemplazado por otro”, recuerda González.

Y esto es una práctica común en España. El último informe de la OCDE sobre la situación de los becarios en Europa confirmaba que el 67% de los jóvenes españoles hace prácticas con su diploma bajo el brazo. De estos, el 56% es becario-titulado una vez, y el 11% restante repite la experiencia pese a haber terminado sus estudios. “Por eso promovemos que se fomente la contratación tras el periodo de prácticas, impidiendo la sustitución de un becario por otro nuevo en el mismo puesto”, apunta González. Además, estas prácticas no laborales, en opinión de Del Campo, quedan en la frontera del Derecho del trabajo, favoreciendo que en muchos casos el interés fraudulento de las compañías se sirva de los servicios laborales de personas que formalmente no aparecen como tal. “De este modo se priva a dichos trabajadores de sus derechos laborales, en algunos casos incluso sin remuneración, y de sus derechos a la seguridad social”.

Un posible estatuto del becario, por ello, sentaría las bases de un principio regulatorio, con el fin de dotar de garantías a este necesario proceso de formación, algo en lo que también insisten los expertos en desarrollo profesional y recursos humanos: “Desde el punto de vista de la gente joven, las prácticas son fantásticas, porque suponen un primer contacto con la empresa. Desde el punto de vista corporativo también lo es, porque a bajo riesgo y a bajo coste se puede confirmar si un perfil interesa o no”, comenta la directora del área de recursos humanos de IE Business School, Custodia Cabanas. Con ella coincide Yolanda Portolés, socia de Triat en Barcelona y profesora del máster en Recursos Humanos de la Barcelona School of Management, escuela asociada a la Universidad Pompeu Fabra: “Son una oportunidad básica para afrontar una carrera profesional, ya que con ellas empiezas a rellenar el apartado de la experiencia en el currículum. A efectos prácticos, desarrollas unas funciones, trabajas en equipo y se ponen a prueba las competencias”.

Precisamente por eso, debido a la importancia de este primer contacto, es importante asegurar unas condiciones aceptables y universales, ya que no todas las organizaciones cuidan bien a sus becarios o trabajadores en prácticas, algo que además de ser ilegal en muchos casos, no hace bien ni al profesional ni a la propia organización, en opinión de la responsable de atracción y selección de talento de Manpower Group, Marta Saavedra: “Con una situación así, esa persona no podrá implicarse con los valores de la compañía ni comprometerse con ella. Con estas prácticas, la empresa proyecta en él desánimo y frustración, falta de compromiso y falta de orgullo de pertenencia”, sentencia.

El 29% de los becarios en España recibe una remuneración durante sus prácticas insuficiente para poder vivir

  • Cómo transformar las becas

Las empresas que apuestan por el talento y las personas, prosigue Saavedra, “cuidan la propuesta de valor y ofrecen la conciliación con planes de desarrollo profesional y una carrera para crecer”, algo que se ve desde el primer momento durante los procesos de selección. “Generalmente, en las entrevistas, el candidato puede averiguar si la empresa es responsable o no”. Es decir, añade Portolés, “suele haber una correlación directa entre las empresas que tienen bien trabajados estos procesos y las que cuidan bien a sus profesionales”.

También es vital fomentar la enseñanza y mentorización durante las prácticas. El citado informe de la OCDE afirma que únicamente el 70% de los becarios dispone de una persona responsable a la que acudir. Es el nivel más bajo de toda la Unión Europea, frente al 96% de Portugal o el 94% de Bélgica o Suecia. “Esto es una pena, porque esta situación no genera compromiso ni implicación. Lo normal debería ser que se produjese un proceso de enamoramiento común entre becario y empresa, y que esta cumpliese con las expectativas de sus candidatos”, en palabras de Saavedra.

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