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Factura de la luz: ya ha llovido, ¿y ahora qué?

Tras una comparecencia en la que rechazó cualquier cambio, el ministro de Energía se ha encomendado al dios de la lluvia para que baje la electricidad. Así, hasta la próxima crisis

La comparecencia en el Congreso del ministro de Energía, Álvaro Nadal, el jueves para explicar la escalada de los precios de la electricidad, sumió a los presentes en una especie de estupefacción ante una exposición plagada de trampas. Horas antes ya se vio venir el argumentario del ministro, que colgó en su cuenta de twiter un ránking con los precios europeos para demostrar que los de España han sido menores que los de Francia, Bélgica, Italia u Holanda.

En ese caso, utilizó los precios medios de enero, cuando en plena ola de frío, la semana pasada, España solo fue superada por Francia y Bélgica. Para justificar lo ocurrido, mostró la evolución de las cotizaciones de las materias primas pero lo hizo a la medida de sus intereses: comparó las del crudo “con el mínimo” de 2016; las del carbón con las de mediados de año y las del gas, con septiembre. Resultado, toda se han disparado más del 100%.

En su comparativa entre países, Nadal ocultó lo más importante: que solo España traslada esos precios tan volátiles a la factura de los pequeños consumidores acogidos al PVPC (término que no citó hasta el turno de réplica). Solo así se explica el nulo interés de la prensa europea ante el repunte de los precios, frente a las alarmas que se han disparado en España. Bien es cierto que en Bélgica, Francia y Alemania ha habido preocupación, pero no por los precios, sino por el riesgo de apagones.

Otro ardid del titular de Energía fue recalcar que las puntas de precios “son un fenómeno que ocurren con cierta frecuencia”, obviando que la última se registró en 2013, antes de la implantación del PVPC (fue su consecuencia), en abril de 2014. Pese a todo, defendió -en este caso, con razón- este precio frente a los del mercado libre, por ser “el más ajustado”.

Con su comentario sobre “la solidaridad” que España ha demostrado con Francia (frente a otros vecinos, como Alemania), al mantener el 100% de la interconexión, demostró su “desconocimiento de cómo funciona esta”, indican voces críticas. Por un lado, no es solo de España, sino también de Portugal, pues ambos países integran el mercado ibérico (Míbel), y el Gobierno no puede limitar la interconexión, salvo situaciones graves de riesgo de suministro (no es el caso de España que tiene capacidad de sobra).

Y de haber sido, como dijo, un gesto solidario con Francia, la pregunta es: “¿a costa de la factura de la luz de los españoles?”, encarecida por dichas importaciones. La parada por revisión no programada de ocho nucleares en Francia, equivalente a todo el parque nuclear español, es ya motivo de debate:hay quien cree que este efecto pasará en unos meses, mientras que otros lo considera un aperitivo de lo que les espera a los países del centro y sur de Europa: la vejez del parque atómico francés (un 75% de su generación), obliga a una renovación (incluso prolongando su vida útil) y el tiempo apremia. Hay quien se pregunta si no llegará a ser Francia a la unión energética, lo que Grecia a la unión monetaria.

En más de una ocasión, el ministro pecó de desinformación. Por ejemplo, al asegurar que los peajes bajaron el año pasado “aprovechando el superávit de tarifa”, cuando ni hubo una bajada ni la ley las permite, en tanto el sistema mantenga una deuda (el superávit debe destinarse a amortizarla). O cuando lamentó que la proposición de ley sobre autoconsumo que han presentado todos los grupos políticos, menos el PP, reduzca las sanciones en cuestiones de seguridad:el texto no se refiere a las multas por seguridad (un reglamento al que no se alude), sino administrativas.

En resumen, Nadal se mantuvo inflexible en las tres cuestiones más relevantes:dijo no a cualquier reforma del mercado eléctricos; que no apoyará la propuesta legislativa para acabar con el llamado impuesto al sol y, por supuesto, rechazó la auditoría de costes solicitada por la oposición. En el caso del autoconsumo, dada la unanimidad política (hasta el PNV se ha apuntado), el Gobierno comienza a reconocer que seguirá adelante. La razón del empecinamiento de Nadal, “que puede generar déficit”, sigue sin convencer.

Sobre la reforma del pool, dijo tener las manos atadas pues se rige “por un algoritmo que compartimos con 23 países”. ¿Entenderían sus señorías lo del misterioso algoritmo? Tampoco él lo aclaró y se fue por un derrotero confuso sobre la fracasada opción italiana de “un mercado de pujas”. Y no admitió que, al contrario que España, otros países solo negocian una parte de la energía en los mercados marginalistas (en Francia, un 10%, excluida su nuclear).

Pero la reforma del mercado solicitada va más allá del marginalismo. Partidos como Podemos propusieron un recargo a la nuclear y el agua para compensarlo (Nadal respondió que ya se gravan) y medidas contra la fuerte concentración del mercado eléctrico, donde dos compañías (Endesa e Iberdrola) copan el 80%. Ese partido ha pedido la apertura de una comisión de investigación.

Ante la petición de una auditoría de costes la respuesta no fue menos peregrina: los funcionarios del IDAE -dijo- ya la hicieron cuando elaboraron el estudio sobre los nuevos parámetros de retribución de las renovables. Una osadía por su parte fue equiparar “sector” con renovables, y poner como ejemplo un estudio que -como todos saben- acabó como el rosario de la aurora, en falso, con un conflicto con las consultoras que participaron en él.

Como prolongación del discurso de su hermano, exsecretario de Energía, Nadal sigue acusando a la avalancha prematura de renovables del encarecimiento de la factura de la luz, sin reconocer el efecto beneficioso sobre los precios de las energías verdes en el mercado. No en vano, hasta el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cual chamán, se encomendó al dios de la lluvia para que bajen los precios. Y así, hasta la próxima crisis.

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