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Así describe un astronauta de la Artemis II el complicado regreso de la misión a la Tierra

El comandante de la misión ha comentado cómo fue el arriesgado vuelo de vuelta de la nave Orión que aguantó, pero que sufrió desperfectos en su escudo térmico.

USA8566. CABO CAÑAVERAL (ESTADOS UNIDOS), 18/02/2026.- Fotografía del 18 de enero de 2026 cedida por la NASA que muestra el cohete Artemis II SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) con la nave espacial Orion instalados e iluminados en el Complejo de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida (EE.UU.). El despegue de Artemis II tiene como posible fecha el próximo 6 de marzo, según ha informado la NASA, y dependerá del resultado de la nueva prueba general con combustible después de que se pospusieran las ventanas de lanzamiento previstas para febrero debido a inconvenientes en el primer ensayo en frío. EFE/ Brandon Hancock/ NASA/SOLO USO EDITORIAL/ NO VENTAS/ SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO) Brandon Hancock / NASA (EFE)

Hablar del regreso a la Tierra tras rodear la Luna suena épico visto desde fuera… pero dentro de la cápsula la experiencia es mucho más visceral”. Así comienza un relato de uno de los tripulantes de la nave que envió la NASA al espacio para ver el lado oscuro de la Luna. Su experiencia, es realmente interesante.

Cuando Orión apuntó su base hacia la Tierra y empezó a caer, comenzaron los minutos más exigentes de toda la misión debido a algo que no muchos tienen en cuenta: respeto a la física. Se volvía a una velocidad brutal, muy por encima de cualquier avión o cohete convencional, y todo dependía de un elemento clave integrado en la nave Orión, el escudo térmico.

Una vuelta llena de momentos de peligro

Durante casi diez días, Artemis II nos llevó más lejos de la Tierra de lo que jamás había viajado un ser humano. Rodeamos la cara oculta de la Luna y, al emprender el camino de vuelta, la cápsula aceleró hasta cifras difíciles de asimilar. En los sistemas de a bordo vimos números que se movían entre Mach 32 y valores aún mayores, una locura si se piensa que eso equivale a decenas de miles de kilómetros por hora. Ese era el precio de entrar de golpe en la atmósfera terrestre tras un viaje lunar completo”, ha indicado Reid Wiseman, comandante de la misión Artemis II.

Pero quizá lo más impactante de las declaraciones del astronauta llegan a continuación: “desde mi asiento, el descenso fue sorprendentemente suave en lo que respecta a la estabilidad de la nave. No hubo sobresaltos, ni vibraciones fuera de lo esperado. Pero sí hubo calor, mucho calor. El escudo térmico de Orión estaba absorbiendo temperaturas cercanas a los 5.000 grados Fahrenheit, unos 2.760 grados Celsius, mientras la fricción con el aire convertía el exterior de la cápsula en una burbuja de plasma incandescente. Durante unos minutos, el silencio en las comunicaciones fue total, una sensación extraña cuando sabes que todo ocurre según lo previsto, pero no puedes confirmarlo con nadie fuera”.

Una experiencia única… y peligrosa

Hay que recordar que, tras el amerizaje en el Pacífico y ya a bordo del buque de recuperación, se pudo comprobar el estado real de la nave de la misión. Ahí fue cuando vio que el escudo térmico había hecho su trabajo, aunque no salió completamente ileso. A simple vista se apreciaba una ligera pérdida de material carbonizado en una zona concreta, lo que en la NASA se denomina el hombro escudo -justo en el borde donde se une con el resto de la cápsula-. Nada alarmante, sí, pero sí lo bastante evidente para que los ingenieros lo estudien al detalle.

Lo cierto es que, según se ha conocido, no era la primera vez que esta parte de la nave atraía todas las miradas. En 2022, durante la misión no tripulada Artemis I, el escudo de Orión sufrió más daños de lo previstos. Aparecieron pequeñas grietas y áreas donde el material ablativo se desprendió de manera irregular, lo que dio lugar a una investigación técnica que se prolongó durante casi dos años. Para Artemis II, la NASA decidió no rediseñar el escudo ya instalado, pero sí modificar el ángulo y la trayectoria de entrada en la atmósfera, reduciendo el tiempo de exposición al calor extremo. Desde dentro, esa decisión se tradujo en un descenso rápido y directo.

Por otro lado, las imágenes posteriores del escudo mostraron también una marca blanquecina en uno de los bordes, algo que llamó la atención fuera del ámbito técnico. Desde el punto de vista operativo, ese detalle coincidía con lo observado en pruebas en tierra sometidas a altas temperaturas. No había fragmentos ausentes ni daños estructurales, solo señales de un material diseñado para sacrificarse y proteger lo que realmente importa: a la tripulación.

Astronautas de la Artemis II

Ahora, los equipos de la NASA analizan miles de datos de Artemis II, desde temperaturas hasta presiones y vibraciones. Pero algo ha quedado claro: la cápsula Orión ha demostrado que puede traer a casa a una tripulación tras un viaje espacial. Esa confianza es esencial pensando en futuras misiones… y con la vista puesta en pisar la superficie de la Luna -si todo va bien, a finales de esta década-.

Unas palabras finales de Wiseman que son llamativas: “si algo me llevé de este regreso ardiente es la certeza de que la exploración espacial sigue siendo un equilibrio entre atrevimiento y precisión. En Artemis II empujamos los límites, y el escudo térmico, con su superficie ennegrecida y algunas cicatrices visibles, fue el mejor testigo de ese viaje de vuelta a casa”.

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