La UE se olvida de las baterías reemplazables para relojes y pulseras inteligentes, y tiene sentido
El motivo no es otro que las reducidas dimensiones de estos componentes, que pueden hacer que el cambio sea complicado y poco eficiente.


La Unión Europea se ha ganado a pulso la reputación de ser el azote de las multinacionales tecnológicas, obligándolas a adoptar cambios que benefician directamente a los consumidores. Un ejemplo es que, gracias a sus normativas, el iPhone cuenta por fin con puerto USB tipo C y los fabricantes deben ofrecer piezas de repuesto y soporte técnico oficial durante bastantes años tras el lanzamiento de sus dispositivos.
Con estos antecedentes, era lógico pensar que los siguientes en incorporar por ley las baterías reemplazables serían las pulseras de actividad y los relojes inteligentes. Sin embargo, Bruselas ha decidido tomar el camino opuesto.

La última decisión de la Comisión Europea
Hace unos días la UE aprobó una norma que añade nuevas excepciones a su Reglamento de Baterías. Por regla general, esta legislación exige que las baterías de los productos vendidos en territorio comunitario puedan ser retiradas y sustituidas por el propio usuario. El objetivo de esto es alargar la vida útil de los equipos y, también, facilitar un reciclaje mucho más eficiente una vez que dejen de funcionar.
Hasta ahora, algunos productos de higiene -como los cepillos de dientes eléctricos y otros aparatos que funcionan en entornos húmedos- ya estaban exentos por motivos de seguridad. La novedad radica en que la Comisión Europea añade seis categorías adicionales a esta lista de excepciones, entre las que se encuentran los relojes inteligentes y las pulseras de actividad física. Un detalle importante: los juguetes eléctricos y los equipos diseñados para entornos con riesgo de explosión, como sensores de seguridad y bombas industriales, también se han beneficiado de esta medida.

Los motivos para esta excepción
Hay que recordar que la Comisión Europea abrió el proceso de solicitudes en el año 2025 y ha dedicado muchos meses a realizar consultas exhaustivas con asociaciones de consumidores, fabricantes tecnológicos y los distintos Estados miembros antes de decidir qué productos debían quedar exentos de la norma de sostenibilidad.
La seguridad ha sido un factor decisivo en todo este proceso. Así, el riesgo de una manipulación inadecuada de las pequeñas baterías de iones de litio que alimentan estos dispositivos ha provocado un incremento notable de los incendios en las plantas de tratamiento de residuos. Este riesgo ambiental y de seguridad se ha estudiado minuciosamente por las autoridades europeas antes de conceder cualquier tipo de exención a los fabricantes.
Es importante indicar que el reglamento debe seguir el cauce legislativo habitual antes de su aplicación definitiva. Ahora la normativa se traslada al Parlamento Europeo y al Consejo para su correspondiente revisión. Si no surge ninguna objeción por parte de los eurodiputados -o de los países miembros-, la norma entrará en vigor de forma oficial transcurridos veinte días desde su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea.

¿Qué consecuencias reales tiene esto?
Para quienes utilicen un reloj inteligente o una pulsera de actividad a diario, esta decisión se traduce en algo muy concreto: si la batería del dispositivo pierde capacidad -o deja de funcionar por completo-, no podrá abrir el chasis en casa para cambiarla por su cuenta. La posibilidad de contar con baterías reemplazables en esta clase de dispositivos queda totalmente descartada por el momento.
De esta forma, aunque la pulsera cuente con una pantalla táctil, el usuario tendrá que seguir acudiendo a un servicio técnico oficial o autorizado si quiere que el dispositivo vuelva a encender tras pulsar el botón de encendido. Por lo tanto, la estructura de estos dispositivos seguirá estando sellada para garantizar que sigan siendo resistentes al agua y al polvo, lo que impide que un consumidor medio pueda manipular su interior de forma segura.
Aunque la revolución del derecho a reparar que promueve Europa sigue adelante para la gran mayoría de los teléfonos móviles, los dispositivos wearables de los que hablamos acaban de quedar oficialmente excluidos de esta batalla legislativa tan concreta.