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Transición en el BCE tras el paso a un lado de Lagarde

Su balance es favorable porque deja un banco más sólido y preparado para futuras tensiones en la eurozona

Christine Lagarde, este jueves.Heiko Becker (REUTERS)

Christine Lagarde dejará el BCE en el mes de febrero, decisión que anunció este jueves, poniendo fin a meses de rumores y dando inicio al proceso sucesorio. No podía dilatar mucho más la decisión sin complicar el proceso de relevo o acortar el mandato de forma testimonial. Igualmente, la decisión culmina una serie de movimientos (no sabemos si coreografiados) que empezaron en febrero con la salida del gobernador del Banco de Francia y que permitirán a los líderes de la UE pactar una nueva cúpula de una institución económica vital para el proyecto europeo. Se renuevan los tres puestos más importantes de un comité ejecutivo de solo seis personas.

El relevo llega antes de un 2027 volcánico, con citas electorales en Francia, Grecia e Italia. Las elecciones españolas se han adelantado a 2026, mientras Alemania, sin elecciones, no está exenta de inestabilidad política. Ante este contexto, asegurar el anclaje financiero es vital: la lección de 2010 a 2012 indica lo mal que mezclan la política y las finanzas, incluso en aquellos tiempos libres de populismos y bulos. La negociación para relevar a Christine Lagarde, Isabel Schnabel y Philip Lane será difícil, pero que sean tres los puestos que cubrir puede facilitar el compromiso, por más que sea poco realista pensar que las capitales van a pensar solo en el bien común. El mejor candidato, y uno de los dos mejor colocados para ocupar la presidencia, es el exgobernador del Banco de España Pablo Hernández de Cos. Cuenta con el respaldo tanto del Gobierno actual como de un posible futuro Ejecutivo popular, pues las elecciones se solaparán con el proceso de renovación del banco.

El legado de Lagarde es, pese a sus borrones, positivo. En un periodo de perturbaciones históricas y amenazas directas a la estabilidad de Europa, el BCE es más fuerte de lo que era hace siete años. Su sucesor, o sucesora, tendrá que lidiar con niveles de incertidumbre no aptos para todo el mundo y situaciones con potencial explosivo. Sobre todo, la crisis francesa, capaz de exponer la zona euro a los riesgos de fragmentación que no ha vivido desde 2012. Razón de más para una transición ordenada. Tal y como se presenta 2027, el BCE tendrá que tomar decisiones complicadas y, quizás, ejercer un papel de garante europeo que le obligue a explorar los límites de sus mandatos. Ya lo hizo Mario Draghi, y el tiempo le ha dado la razón. Christine Lagarde no ha tenido que ir tan lejos, de momento, pero sí ha abonado el terreno para que el BCE sea el ancla que la moneda única precisa.

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